Tengamos una elevada estima por la dignidad de cada persona

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V DOMINGO DE CUARESMA Ciclo C (06/04/19)

Is 43, 16-21; Sal 125,1-6; Fil 3, 8-14; Jn 8, 1-11

1-Jesús nos enseña a respetar la dignidad de cada uno

Una tendencia que vemos en diversas situaciones, es buscar “chivos expiatorios”, para endilgar a otros nuestros propios males o culpar a los demás de lo que nos pasa; en muchos casos, esto lleva a exponerlos públicamente y sobredimensionar lo que pudieron haber realizado, no asumiendo lo que nos corresponde. Más allá de lo que nos toca a cada uno y las responsabilidades que podamos tener, una actitud muy saludable es la humildad; nos lleva a un reconocimiento transparente y sensato de nosotros mismos, tanto en las virtudes como en los defectos, y ser muy respetuosos de cada persona.

Nada más claro para reflejar esas ideas, la escena de Jesús en el pasaje del Evangelio de hoy: “Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, dijeron a Jesús: ‘Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?’ Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo. Como insistían, se enderezó y les dijo: ‘Aquel de ustedes que no tenga pecado, que arroje la primera piedra.’”

Si bien los escribas y fariseos querían tender una trampa a Jesús y la samaritana fue usada para ese fin, el texto nos revela la bajeza con que se actúa en muchas ocasiones. Somos rápidos a la hora de juzgar a los demás, muchas veces los evaluamos sin tolerancia y compresión, sólo pensamos para nuestra conveniencia y actuamos con posturas rígidas e inflexibles. ¡Qué mirada tan sesgada la de estas personas del Evangelio, que ven el pecado en la mujer y no se cuestionan su proceder, ciertamente reprobable!

De manera contrapuesta con esta actitud, es lo que nos enseñaba monseñor Romero, ya santo, en una de sus homilías comentando este pasaje, decía: “No encuentro figura más hermosa de Jesús salvando la dignidad humana, que este Jesús que no tiene pecado, frente a frente con una mujer adúltera. Fortaleza, pero ternura: la dignidad humana, ante todo. A Jesús no le importaban los detalles legalistas. Él ama, ha venido precisamente para salvar a los pecadores (…), convertirla es mucho mejor que apedrearla, ayudarla y salvarla es mucho mejor que condenarla (…). Las fuentes del pecado social están en el corazón del hombre, nadie quiere echarse la culpa de lo que pasa (…); la salida hacia lo mejor comienza arrancando del pecado a cada hombre. No peques más.”

Más allá de la historia personal de cada uno, ¿somos respetuosos de la dignidad de los demás y los ayudamos a salir adelante en los momentos difíciles? ¿Somos humildes y reconocemos las capacidades de los demás, que nunca se pierden?

El profeta Isaías nos alienta a mirar con esperanza a todos sin distinción, nos dice con mucha convicción: “No se acuerden de las cosas pasadas, no piensen en las cosas antiguas; yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta? (…)” Esto es lo que Dios quiere forjar en este tiempo; ¡nada nos haga pensar negativamente en los demás y en nosotros!, ¡no nos dejemos llevar por la arrogancia que siempre nos pone como superiores y jueces de los otros!

II-Hacer autocrítica, un paso para renovarnos

Estamos acostumbrados a hacer análisis globales de los males que nos aquejan, esto limita la posibilidad de valorarlos en toda su dimensión y de asumir nuestras propias responsabilidades. Si escuchamos lo que pasa en nuestra Argentina, se explica que tiene que ver con la inflación, la globalización, el déficit fiscal; también, la grieta que se ha generado entre distintos sectores, lleva a atribuir la carga a otros, y en política, es muy común responsabilizar al adversario, o hablar por muchos años de la herencia recibida. Y así, siempre terminamos proyectando a otros lo que nos ocurre, sin cuestionarnos sobre nuestra implicancia en esa situación; hay como una tendencia a ubicar el mal fuera de nuestro ámbito personal. Jesús nos invita a hacernos cargo de lo que nos toca, no caer en observaciones generales, no poner excusas y esquivar el examen personal, porque siempre se hace necesaria una saludable autocritica para ver quiénes somos y cómo actuamos delante de Dios, los demás y nosotros mismos; ¡solamente esta actitud nos sitúa convenientemente en la realidad y nos hacer crecer como personas y en la experiencia cristiana!

Lo dicho, nos lleva a preguntarnos más profundamente, ¿dónde ubicamos el pecado? No debemos caer en la actitud de derivarlo fácilmente al exterior o hacia otras personas, como es el caso del Evangelio de hoy; siempre tiene que haber una pregunta para nosotros mismos: Yo, ¿qué responsabilidad tengo? Además de lo expresado, comúnmente aparece una tendencia a evitar lo más difícil, lo desagradable, lo que cuesta reconocer porque nos produce sentimientos negativos, y en muchos casos, difíciles de sobrellevar, porque se nos pide poner lo mejor de nosotros para encaminar la cuestión. Pero es importante afirmar, la propuesta siempre será seguir a Cristo total, tanto en lo más gratificante del camino, como en lo más difícil, sólo de este modo podremos madurar en ese proyecto de vida. De esta manera, sabremos vivir la experiencia que san Pablo relata en la segunda lectura de hoy: “Sólo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, (…)”. ¡Esto es lo importante!, lo nuevo que se va a generar en cada uno a partir de asumir la existencia en todos los aspectos, sin recortar nada.

¿Damos espacio a la autocrítica y al examen personal para asumir lo que nos corresponde, rectificar lo que sea necesario y actuar con mayor madurez y plenitud?

En este fin de semana, realizamos la asamblea parroquial, una reunión que nos invita a valorar y evaluar nuestro compromiso personal y el de los demás. La misma, fomenta la fraternidad de los que compartimos la experiencia de la comunidad, ayuda a reflexionar sobre nuestro rol y el aporte personal en el servicio que realizamos, promueve la elaboración de metas que guiarán nuestro trabajo y espiritualidad, nos convoca a caminar juntos, para responder a aquello que Dios nos pide. ¡Deseamos fervientemente que la renovación que produce este evento, nos lance con esperanza para edificar una comunidad misionera y solidaria!

Pidamos a Dios que después de habernos animado al examen personal, podamos vivir con intensidad la experiencia que nos relata el Salmo de hoy: “¡Grandes cosas, hizo el Señor por nosotros y estamos rebosantes de alegría!”

Pbro. Alberto Fogar                                                                                                        Párroco Iglesia Catedral                                                                                                          (Resistencia)