Resistencia y Buenos Aires amanecieron igual: grupos de adultos y niños con listas de números en mano, moviéndose como operadores de bolsa en medio de una plaza. No buscan divisas, buscan a Messi. A pocos meses del Mundial 2026, el mercado de figuritas en Argentina ha mutado en una economía paralela donde la lógica del "precio sugerido" por Panini es solo un recuerdo lejano.
En los kioscos de barrio, el cartel de "No hay sobres" es moneda corriente. Esa escasez es el combustible del mercado blue. "Si querés a Messi, tenés que poner la billetera", dice 'El Colo', un revendedor que opera en las inmediaciones del Parque Rivadavia. Para él, las figuritas no son un juego, son una inversión.
El precio de la gloria
Completar el álbum hoy requiere una inversión oficial de aproximadamente $350.000, pero eso es si uno tuviera la suerte estadística de no recibir repetidas. En la realidad, el "impuesto a la difícil" encarece el sueño.
La figurita de Lionel Messi es el termómetro de este mercado. En las redes, por una "base" de Lio se piden $50.000, lo que equivale a unos 25 sobres cerrados. Pero la verdadera locura está en las Extra Stickers. Una Messi "Legend Gold" se ofrece en Mercado Libre por $1.480.000, el valor de una moto usada o varios meses de alquiler.
La mística de la "00"
Este año, la gran sorpresa es la figurita "00". Nadie sabe bien cuántas hay, pero todos la quieren. Su escasez la ha colocado por encima de los escudos metalizados —que ya cotizan cerca de los $90.000—. "Es la que te traba el álbum", explica un coleccionista que ya lleva llenas el 80% de las páginas. "Podés comprar diez cajas de sobres y que no te venga. Por eso, pagar 100 lucas por ella termina siendo 'barato' si querés terminarlo de una vez".
Un fenómeno social
Mientras el Gobierno intenta controlar la inflación, la "inflación de figuritas" se autorregula en las plazas. El canje "pelo a pelo" (una por una) solo rige para las básicas. Si querés cambiar una brillante por comunes, la tasa de cambio es de 1 a 15. Si buscás a una estrella como Mbappé o Haaland, prepárate para entregar un fajo de "repetidas" o sacar la tarjeta.
La locura no distingue edades. Detrás de cada niño que quiere pegar a sus ídolos, hay un padre que negocia en grupos de WhatsApp como si estuviera cerrando un contrato internacional. Al final del día, el objetivo es el mismo desde hace décadas: esa satisfacción inigualable de pegar la última figurita y gritar, antes que nadie, "¡Lleno!".
