A lo largo de los años, Guido Süller se consolidó como una de las figuras más excéntricas y polémicas del espectáculo argentino, siempre dispuesto a romper moldes y a hablar sin filtros sobre su vida personal.
Más allá de sus ocurrencias y conflictos mediáticos, el mediático también se convirtió en noticia por su historial de cirugías estéticas y transformaciones de imagen, que nunca pasaron inadvertidas para el público ni para la prensa. Ahora, Süller decidió sincerarse sobre uno de los retoques más emblemáticos de su carrera: la operación de nariz, una decisión que, según confesó, estuvo motivada por las palabras y la influencia de Ricardo Fort.
Todo salió a la luz en una reciente emisión de Mano a Mano (Resumido), donde Guido se animó a contar los detalles detrás de su transformación. “La nariz me la hizo hacer Ricardo Fort, que decía que tenía nariz de culo de pollo y yo como un boludo, tenía una re linda. Chicos, si ven las fotos que estoy con él, esa es mi nariz verdadera”, reveló, sin rodeos, ante la sorpresa del entrevistador.
El conductor indagó sobre el vínculo entre ambos y Süller no dudó en confirmar la relación: “Fuimos pareja un año y medio. Todo el 88 y el 89 estuve con Ricardo. Nos amamos profundamente, pero era muy narcisista él y siempre me criticaba: ‘Que el pelo, que los ojos, que lo... Pero la nariz es lo peor que tenés’”.
Guido rememoró cómo las críticas constantes de Fort minaron su seguridad y lo llevaron a tomar la decisión de operarse: “Tenía una rayita acá, por eso él le decía ‘culo de pollo’. Y fui inseguro de mí y me la operé”. Lo que parecía una simple corrección estética terminó convirtiéndose en una experiencia traumática. “Me desperté en la operación y quedé todo torcido. Y yo era modelo, trabajaba con mi cara. Me tuve que volver a hacer una segunda nariz”, relató.
Las complicaciones no terminaron ahí. Después de la segunda cirugía, el resultado tampoco fue el esperado. “Quedé como un perro pekinés, porque me quedó chiquita. Y yo me miraba y tenía la boca grande, todo grande y una nariz chiquitita así. Digo:
‘Ay, no, yo no puedo con esta nariz’. Y tuve que trabajar para pagarme la cuota de la facultad y como modelo", recordó, completamente angustiado." ¿Qué hago? Fueron tres cirugías. Me tuvieron que sacar cartílago de la oreja y reconstruirme para que mi nariz tenga proyección, un poco más larga”, aseguró.
El entrevistador quiso saber si, después de tantas intervenciones, Guido estaba conforme con el resultado. Süller fue sincero: “Sí, pero mi nariz original era superior a esta toda la vida. Lloré un año seguido. Yo soñaba que era un sueño mi cirugía y me levantaba a ir al baño a lavarme la cara, los dientes, y me miraba... y no era yo. Como cuando decís: ‘No, no soy yo, por favor, quiero mi nariz’”. De esta manera, el mediático no solo expuso las presiones y exigencias del ambiente artístico, sino también la vulnerabilidad que puede esconderse detrás de una búsqueda de aceptación y pertenencia.
Cabe recordar que la relación entre y Ricardo Fort se desarrolló cuando el empresario tenía apenas 19 años, a fines de la década de 1980. Aunque el vínculo fue intenso, ambos terminaron tomando caminos separados, abriéndose paso en el mundo del espectáculo por sendas muy diferentes.
Fort, con su estilo inconfundible, se convirtió en un personaje de culto; Süller, por su parte, apostó por la autenticidad y la exposición constante, incluso cuando implicaba hablar de sus inseguridades y decisiones más personales.
El testimonio de Süller se suma a la larga lista de historias sobre las exigencias de la imagen en el ambiente artístico y el impacto emocional de las decisiones tomadas bajo presión.
Su relato funciona como una advertencia y como una invitación a pensar en la importancia de aceptarse a uno mismo, más allá de los mandatos y las miradas ajenas. Y, sobre todo, deja en claro que, detrás de cada transformación, hay una historia de búsqueda, aprendizaje y, a veces, de reconciliación con el propio reflejo.


