La experiencia de años electorales nos obliga a pensar que la ventana de oportunidad para generar una mejora sensible en la economía se comenzará a cerrar a fin de año. Esto no quiere decir que el año que viene vaya a ser otro año perdido, pero difícilmente podamos ver un cambio de ciclo positivo en medio de tanta incertidumbre.
La estabilidad cambiaria lograda desde fines del año pasado es un ingrediente fundamental para pensar la reactivación económica, ya que es lo que permitió que las tasas compriman considerablemente. El problema es que el primer trimestre fue fatídico para el ingreso disponible de las familias y el tiempo apremia.
Al contexto de pax cambiaria se sumaron buenos datos de la primera tanda de balances del primer trimestre de empresas cotizantes. Sin embargo, no hay linealidades.
En energía y servicios regulados, los números siguen reflejando la recomposición de precios relativos después de años de atraso. El dato más contundente estuvo en Edenor, con un EBITDA que creció 127% interanual, mientras YPF presentó una ganancia neta de USD 409 millones y quedó por encima de lo que esperaba el mercado.
Por otro lado, industria, bancos, consumo y construcción muestran empresas que empiezan a ordenar márgenes, costos y estructura financiera, pero todavía sin una recuperación generalizada de la actividad.
Loma Negra aparece como un caso particularmente relevante: en uno de los sectores más golpeados de los últimos dos años, presentó una utilidad neta 44% mayor a la del año pasado, aun con ingresos casi planchados.
Por eso, no alcanza para hablar de rebote pleno, pero sí para marcar que algunas compañías empiezan a encontrar un piso operativo aun antes de que la mejora macro se traduzca en más demanda real.
En este contexto, el Ejecutivo estaría avanzando en un régimen con incentivos fiscales más fuertes para atraer inversiones en sectores que hoy no existen, o existen en escala muy baja. No apuntaría tanto a extraer recursos naturales, sino a transformarlos: cobre refinado o laminado, baterías de litio, autos eléctricos, paneles solares, turbinas eólicas, fertilizantes, data centers, inteligencia artificial, infraestructura nuclear, defensa y cadenas vinculadas a minerales críticos.
Los incentivos concretos que se mencionaron para el “Súper RIGI” serían una alícuota de Ganancias reducida al 15%, amortización acelerada de las inversiones en tres años —60% el primer año, 20% el segundo y 20% el tercero—, eliminación de aranceles para importar bienes vinculados al proyecto, arancel cero para exportaciones, tope de Ingresos Brutos provincial en 0,5% y límites a tasas municipales sobre ventas.
Claro está, esto se trata de un proyecto a largo plazo y las necesidades son inmediatas. El último relevamiento de expectativas del BCRA marca esto con fuerza. Aún cuando se espera para finales de 2026 un tipo de cambio más bajo que en el relevamiento del último diciembre, la proyección de crecimiento pasó de 3,5% a 2,8% y la de la inflación del 20,1% al 30,5%.
Es imposible no cerrar con una mención a la política. El caso Adorni, más allá de cualquier valoración subjetiva, es, por lejos, el mayor error no forzado del Ejecutivo a la fecha. Si hay o no un acto de corrupción detrás dejó de importar hace mucho. Lo relevante acá es que es el principal bloqueo para que el gobierno pueda capitalizar cualquier logro a futuro. Y, lo que no es menor, le da sustento a una oposición que hasta hace poco estaba desintegrada.
Sección nacional
Un alumno que mejora
Durante mucho tiempo, Argentina operó en los mercados internacionales como un caso aparte. No importaba demasiado si los emergentes subían o bajaban. Los activos argentinos seguían atrapados en su propia lógica, dominada por controles, reestructuraciones, falta de reservas y crisis recurrentes. Sin embargo, esta semana apareció algo distinto. Todavía de manera incipiente, el mercado empezó a volver a mirar a Argentina como parte del universo emergente.
La señal más clara vino de la mano de Fitch Ratings, que subió la calificación soberana a B- desde CCC+. Más allá del impacto técnico, el upgrade funcionó como una validación de algo que el mercado ya empezaba a insinuar: la estabilización financiera empieza a percibirse como un proceso más durable. La reacción fue inmediata. Los Globales largos llegaron a subir hasta 2,8% en Nueva York, el riesgo país perforó la zona de 520 puntos básicos y el Merval avanzó casi 5% en dólares, con los bancos liderando las subas.
El contexto internacional también ayudó. En una semana donde emergentes y deuda high yield operaron mejor, varios países de frontera aprovecharon para volver al mercado. Ecuador colocó USD 1.000 M con una demanda enorme y Bolivia hizo lo propio por primera vez desde 2022. Argentina empezó a moverse en esa misma sintonía. La Ciudad de Bs. As. salió al mercado con un bono a 10 años y recibió ofertas por más de USD 3.000 M para una emisión de USD 500 M. La tasa terminó cerrando en 7,375%, un nivel que hace no tanto tiempo parecía difícil de imaginar para un emisor argentino.
Y probablemente ahí esté una de las claves de lo que pasó esta semana. El mercado ya venía dejando de discutir si el programa económico logra evitar una crisis y empezando a preguntarse cuánto podría comprimirse Argentina si vuelve a normalizar su acceso al financiamiento. Y lo que pasó estos días es una confirmación. No es casual que el rally haya sido más fuerte en los bonos largos ni que provincias, bancos y corporativos estén aprovechando para emitir deuda afuera. El Banco Nación volvió al mercado después de más de 30 años y empresas como CGC se sumaron a una ventana internacional que, al menos por ahora, sigue abierta.
Mientras tanto, la dinámica local acompañó. El BCRA ya compró más de USD 7.000 millones en el año y aun así el tipo de cambio oficial tuvo otra semana extremadamente tranquila. El dólar mayorista subió apenas 0,4%, el CCL cayó cerca de 1% y la brecha volvió a comprimirse.
Al mismo tiempo, las tasas overnight siguieron bajando y los bonos en pesos operaron firmes, en un contexto de abundante liquidez y fuerte demanda por instrumentos financieros. El nuevo dual TAMAR/CER terminó siendo quizás el mejor ejemplo de eso: nació con dudas, pero rápidamente encontró compradores dispuestos a pagar bastante más caro por cobertura y carry en pesos.
Claro está, nada de esto significa que Argentina haya dejado atrás sus problemas. La recaudación sigue floja, la mora bancaria continúa subiendo y la recuperación económica todavía luce desigual. La semana que viene será muy importante ver qué pasa con el dato de inflación, donde hay mucha dispersión de estimaciones (van de 2,3% a 3,4%) para confirmar cuánto impactó el shock de energía en el país. También habrá licitación, por lo que será interesante ver cómo reaccionan las curvas de pesos a todo este combo.
Industria y construcción rebotaron en marzo, pero duró poco
Esta semana, el INDEC dio a conocer los datos de la Industria (IPI) y la Construcción (ISAC) de marzo. Ambos gigantes lograron un notable rebote vs febrero y oxigenan Gobierno, Sin embargo, estamos hablando de “seguir transitando un piso”.
Estos guarismos eran esperables, luego de un pésimo febrero y con indicadores adelantados de actividad que así lo sugerían.
En números, la industria creció 5% i.a. y 3,2% mensual desestacionalizado en marzo. El dato más importante es que el sector cortó una racha de 8 meses consecutivos de caídas mensuales (desde julio/25 hasta febrero/26). Aún así, el Q1 cerró con una caída acumulada del 2,3% i.a.
A nivel sectorial, Químicos (+16% i.a.) y Alimentos (+8%) traccionan la suba: los primeros beneficiados por una baja base de comparación (inundaciones de Bahía Blanca en marzo/25, polo petroquímico) y los segundos se explican por una mayor producción de copetín, aderezos y merluza.
La Energía es uno de los pocos que viene firme en terreno positivo, creciendo 13,5% la refinación de petróleo. Vehículos y autopartes creció 7,6% i.a., pero con un claro sesgo exportador. Mientras los envíos a al exterior aumentaron cerca de un 10% (Brasil principalmente), las ventas a concesionarios locales se desplomaron: -38%. El fondo de la tabla no trajo novedades. La industria textil cayó un 23% i.a. y la fabricación de maquinaria un 11,3%.
Por el lado de la construcción, la actividad mostró una expansión del 12,7% i.a. y una mejora mensual desestacionalizada del 4,7%. Así, el Q1 cerró +4% vs Q1 2025. Lo positivo del dato fue la amplitud a nivel insumos demandados: 12 de 13 al alza. La combinación muestra que el rebote se vio tanto en obras grandes (hierro y aceros +16,%, hormigón +13% y cemento +12%) como en residenciales (ladrillos huecos +15%, pinturas +18% y sanitarios +24%.
Sin embargo, el sector sigue golpeado. En abril los despachos de cemento cayeron 10% mensual, borrando todo repunte posible. Aún más, la encuesta del INDEC mostró que, para el Q2, solo el 11% de las empresas dedicadas a la obra pública prevé una mejora en la actividad y solo un 17% de aquellas dedicadas a obra privada.
Nuestro Índice de Difusión de la Actividad Económica confirmaría un abril nuevamente rojo. La recaudación ligada a la actividad cayó, así como la demanda industrial de energía, la producción automotriz y la confianza de los consumidores.
Esto se refleja con total claridad en el mundo PyME (y no tan PyME) vinculado al mercado doméstico. Los equipos Comerciales ven que las ventas caen y piden más descuentos y plazo. Finanzas prioriza compras y ajusta stocks con Operaciones, al tiempo que apura cobranzas y patea pagos. Luego de un verano bajo, el inicio de clases y el movimiento de marzo volvió a generar expectativas, pero abril borró toda ilusión.
Mayo está en juego, pero es clave trabajar el metro cuadrado de cada empresa con acciones segmentadas, con foco en los negocios más rentables y escapando de la discusión de precios
El ancla cambiaria alcanza cada vez menos
Vaca Muerta sigue en récords y se dinamizan inversiones
El Oil & Gas sigue acelerando y sumó tres noticias que lo refuerzan: el buen número de fractura de abril, los buenos resultados de la gira en Houston y los avances en materia de exportación de GNL.
El nivel de actividad no convencional sigue en niveles históricos. En abril se registraron 2.335 etapas de fracturas (termómetro del capex), marcando un nuevo piso tras 4 meses por encima de las 2.300 etapas y luego de marcar un récord absoluto en febrero (2.616). YPF concentró el 48% de las etapas de abril, mientras que Shell, Tecpetrol, Pluspetrol y PAE superaron las 250 en el mes.
Por otro lado, en la OTC de Houston, Rolando Figueroa apretó el acelerador. Espera la llegada de “al menos 8 nuevas empresas de servicios”. Continental Resources es el caso más resonante: Harlod Hamm (fundador, “rey del fracking”) proyecta que VM pase a ser su 5to activo a nivel global de acá a 10 años. Además, Neuquén licitará 15 nuevas áreas con apertura de sobres en agosto.
En cuanto al GNL, se conocieron detalles sobre el contrato entre Southern Energy y SEFE (alemana): 2 MTA por 8 años desde 2027 por USD 7.000 M. Alemania pasó de comprarle a Rusia a depender en un 95% de EE.UU., y necesita diversificar.
Con todo, las perspectivas son más que positivas y las buenas nuevas siguen llegando. El foco estará en seguir el ritmo de ejecución de las obras de infraestructura necesarias para volcar nuestro excedente en los mercados.
Sección mundo
Entre la tregua geopolítica y la presión de las tasas
Después de varios días dominados por Medio Oriente, el mercado recuperó ánimo con una rapidez que sorprendió. El S&P 500 subió 2%, el Nasdaq ganó 3,5%, los emergentes avanzaron casi 4% y el VIX volvió a niveles propios de un mercado dispuesto a tomar riesgo.
La combinación de una tregua entre EE.UU. e Irán y la expectativa de un encuentro entre Trump y Xi alcanzó para reactivar la hipótesis que venimos marcando hace varias semanas: el escenario base, tanto global como en EE.UU., sigue siendo de desaceleración, no de recesión.
Pero hay un mercado que nunca terminó de comprar esa tranquilidad: el de bonos. El Treasury a 10 años cerró en 4,36%, mucho más cerca de los máximos del año que de los mínimos, mientras el bono a 30 años volvió a superar el 5%. Mientras las acciones celebran la descompresión geopolítica y vuelven a apostar por crecimiento, la renta fija sigue mostrando una macro menos cómoda: inflación persistente, déficits que no ceden y bancos centrales con menos margen para relajar.
El rally accionario tampoco luce tan amplio cuando se lo mira de cerca. Casi el 80% de la mejora en las ganancias esperadas del S&P 500 para 2026 viene de tres grupos: semiconductores, energía y hardware. No es una mejora generalizada. La semana volvió a girar alrededor de los mismos nombres: Alphabet emitiendo deuda récord para financiar centros de datos, Nvidia sosteniendo la narrativa de IA, el petróleo cerca de los US$95 y TSMC creciendo 17,5% interanual en abril, todavía muy fuerte, aunque por debajo del ritmo de meses previos.
A la vez, volvió una discusión que a principios de año estaba casi cerrada: las tasas globales. Noruega sorprendió con una suba de 25 puntos básicos, Australia volvió a endurecer y en Europa varios miembros del BCE adoptaron un tono más hawkish, advirtiendo que el shock energético puede complicar la desinflación.
En EE.UU. también aparecieron indicios en esa dirección: los swaps llegaron a asignar más de 50% de probabilidad a que la primera decisión de Kevin Warsh al frente de la Fed sea una suba. El dato de empleo de abril (+115.000 puestos de trabajo) superó las expectativas de mercado con creces, lo que alimenta las versiones de una política monetaria restrictiva.
Brasil fue una de las pocas excepciones dentro del mejor clima para emergentes. Mientras el índice agregado de mercados emergentes subió cerca de 4%, los activos brasileños quedaron rezagados y el real mostró volatilidad pese al debilitamiento global del dólar. La explicación pasó, en buena medida, por la política doméstica. Las últimas encuestas volvieron a mostrar una disputa muy ajustada entre Lula y Bolsonaro, reabriendo dudas sobre la dinámica fiscal y la capacidad de sostener la consolidación.
Por eso cuesta asumir que el regreso del apetito por riesgo sea completamente sólido. No porque el escenario sea necesariamente malo, sino porque el rally descansa sobre una base angosta: pocas compañías, pocos sectores y una macro donde los bancos centrales todavía no pueden declarar victoria.
Detrás de la mejora de las bolsas sigue abierta una pregunta central: qué pasa si la economía global logra evitar la recesión, pero al costo de convivir con tasas más altas durante más tiempo del que el mercado esperaba.
Dinámica | Economía y Estrategia: Consultora dedicada al análisis económico y asesoramiento en gestión de PyMEs.
Comentanos tu caso: info@dinamicaeye.com




