El "francotirador" equivocado: Chilavert y la soberbia que el fútbol dejó en offside

30 de junio 2026

La histórica clasificación de la Selección de Paraguay a los octavos de final del Mundial 2026, tras eliminar a la poderosa Alemania en una definición por penales épica, quedará guardada como una de las páginas más gloriosas del fútbol guaraní. Sin embargo, el partido dejó otra postal, una mucho menos digna: la del ídolo atrapado en su propio laberinto de soberbia.

José Luis Chilavert volvió a demostrar que su gigantesca figura dentro de la cancha no siempre encuentra un correlato de grandeza fuera de ella.

Días antes del choque en Boston, Chilavert decidió apuntar sus cañones contra el eslabón más vulnerable y, a la vez, más crucial del equipo de Gustavo Alfaro: el arquero Orlando Gill. En lugar de apoyar, cobijar o aconsejar desde su indiscutible experiencia, el histórico exnúmero 1 prefirió la descalificación pública. "Gill no habla, juega mudo. El arquero no puede jugar mudo. Tiene que acomodar a su defensa", lanzó sin anestesia.

La respuesta de Alfaro previa al partido fue tan elegante como punzante, invitando a la reflexión: "Me hubiese gustado que Chilavert, en lugar de ser un francotirador, me llame y me diga: 'quiero hablar con Orlando'". Pero el "Chila" redobló la apuesta, fiel a su estilo confrontativo, mandando al DT argentino a "dejar de mentir" y llamándolo de forma irónica "el filósofo de turno".

La realidad se hamaca en la red

El fútbol americano, el destino o simplemente el trabajo silencioso tienen formas maravillosas de poner las cosas en su lugar. En los 16avos de final, frente a los tanques alemanes, el "mudo" Gill habló donde realmente importa: bajo los tres palos.

Sostuvo al equipo durante los 120 minutos de resistencia táctica y, en la tanda de penales, se agigantó hasta la estratosfera tapando los remates de Kai Havertz y Nick Woltemade. El arquero de San Lorenzo, que hace unos años vendía sus pertenencias más preciadas para costear el tratamiento médico de su hijo, se transformó en el MVP de un hito histórico. Superó en los doce pasos al mismísimo Manuel Neuer, a quien luego elogió con una humildad que a otros les escasea.

El triste papel del "yo-yo"

Lo verdaderamente crítico no fue el error de diagnóstico inicial de Chilavert; equivocarse en el fútbol es moneda corriente. Lo lamentable vino después. Tras consumarse el milagro paraguayo, el exarquero no tuvo la grandeza de celebrar al pueblo, felicitar al colega o llamarse a un respetuoso silencio.

Al contrario, utilizó sus redes para validar mensajes que aseguraban que su "munición pesada" había sido el motor que "despertó al gigante". Una pirueta egocéntrica insólita para adjudicarse un mérito ajeno.

Para sumar más barro a la interna, el entorno del arquero destapó una trama aún más gris. Melissa Ávalos, pareja de Gill, salió al cruce con dureza: «¿Hoy él es todo eso porque no quiso firmar contigo? ¿Por qué no te eligió? Porque hasta hace unos meses atrás él era el mejor en tus conversaciones», disparó, sugiriendo un despecho comercial detrás de las feroces críticas del ídolo.

A Chilavert se le recordará siempre por los tiros libres, por el carácter indomable y por haber llevado la bandera de Paraguay a lo más alto. Pero esta versión de analista destructivo, que prefiere tener la razón antes que ver festejar a su propia patria, lo achica.

Gill contestó con guantes, con tapadas y con octavos de final. Chilavert, lamentablemente, se quedó tirando piedras desde la tribuna del ego.

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