Ciudad de México — Lo que para algunos es "folclor", para el resto del mundo sigue siendo una flagrante falta de juego limpio y civismo. En la madrugada de este domingo, las calles aledañas al hotel JW Marriott de Santa Fe se convirtieron en un escenario de caos acústico. ¿El objetivo? Evitar a toda costa que el plantel de la Selección de Inglaterra lograra conciliar el sueño antes de su crucial duelo de octavos de final en el Mundial 2026.
La historia se repite casi de forma idéntica a lo sucedido hace apenas unos días con la delegación de Ecuador en la fase de grupos. Ni el blindaje policial de la Secretaría de Seguridad ni los perímetros reforzados por la Guardia Nacional fueron suficientes para contener a decenas de fanáticos que, convocados a través de redes sociales, vulneraron los cercos de seguridad en plena madrugada.
Crónica de un boicot anunciado
A pesar de los intentos de la Asociación Inglesa de Futbol (FA) por mantener en estricto secreto la logística de su hospedaje, la presión de la autodenominada "marea verde" se impuso. Cerca de las dos de la mañana, el silencio de la zona financiera de Santa Fe fue interrumpido por:
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Pirotecnia de alto impacto: Estruendos constantes dirigidos hacia las ventanas de las habitaciones.
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Cánticos y batucadas: Bombos y platillos sonando de manera ininterrumpida.
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Mariachis de madrugada: El uso de música tradicional como herramienta de desestabilización psicológica.
La intervención de las fuerzas del orden llegó tarde. Aunque finalmente lograron replegar a los asistentes y retirar los explosivos caseros tras varios empujones y momentos de tensión, el daño ya estaba hecho. Harry Kane y los dirigidos por Thomas Tuchel sufrieron una interrupción directa en su ciclo de descanso en las horas más críticas previas a la eliminación directa.
La delgada línea entre la pasión y la hostilidad
Esta cuestionable estrategia, lejos de ser un hecho aislado, parece haberse convertido en la tarjeta de presentación de un sector de la afición local durante este torneo. El antecedente inmediato con Ecuador dejó claro que las multas o las críticas internacionales importan poco cuando se busca obtener una ventaja antideportiva fuera de la cancha.
"Ganar en el hotel para no tener que sufrir en la cancha". Esa parece ser la premisa de una práctica que desgasta la imagen organizativa del país de cara al exterior.
Mientras la FIFA endurece sus discursos sobre el Fair Play y el respeto a las delegaciones visitantes, la realidad en las calles de la Ciudad de México demuestra que el verdadero partido comenzó mucho antes del silbatazo inicial, dejando una sensación amarga sobre los límites éticos de la localía. Hoy el balón rodará en el Estadio Ciudad de México, pero el debate sobre la conducta de la tribuna ya dejó un saldo negativo.
