A nivel mundial, los ránkings oficiales de la FIFA suelen ser implacables: los dueños de casa (Estados Unidos, México y Canadá) junto a las potencias económicas europeas dominan las planillas de venta de tickets. Sin embargo, cuando las luces de los estadios se encienden y empieza a rodar la pelota, la burocracia de los números se pulveriza ante una realidad que nadie puede desmentir: nadie alienta, contagia ni domina el clima de una Copa del Mundo como la hinchada argentina.
A pesar de las distancias y un contexto cambiario hostil, el desembarco albiceleste en Norteamérica volvió a transformarse en un fenómeno social y cultural que asombra a los organizadores locales, quienes miran con fascinación cómo un país que no está en el Top 5 de compras absolutas se las ingenia para ser local en cualquier estado.
El secreto detrás de las planillas de la FIFA
Si bien los informes de boletería ubican a la Argentina en el noveno lugar global de adquisición de tickets directos, el cálculo queda totalmente obsoleto en las calles. La explicación detrás de este fenómeno radica en un "ejército silencioso": la descomunal masa de argentinos residentes en los Estados Unidos y la marea de fanáticos internacionales (provenientes de Asia y Latinoamérica) que adoptan el color y el calor de la tribuna argentina por pura devoción a la Scaloneta.
"Es increíble, compran una entrada en la última fila pero cantan los 90 minutos como si estuvieran en el corazón de la popular" Comentan operarios de seguridad de los estadios, sorprendidos por una cultura de tribuna que en Norteamérica simplemente no existe.
De "Muchachos" a "La cuarta estrella": el ingenio que no se compra
Mientras los estadios norteamericanos se musicalizan con el álbum oficial de la FIFA, en las tribunas argentinas la música la impone la gente. El recambio de repertorio ya está en marcha: la masa popular adoptó masivamente "La cuarta estrella", el nuevo hit al ritmo de Gilda que ya se viralizó en redes y que promete ensordecer los estadios en cada presentación del equipo de Lionel Scaloni.
La diferencia es abismal. Mientras otras aficiones basan su aliento en gritos de aliento intermitentes o aplausos de ocasión, el público argentino sostiene una coreografía constante de brazos al viento, banderas de dimensiones colosales y una percusión coordinada que altera por completo el ecosistema del partido.
El veredicto de la calle
La consagración de este fenómeno no es una percepción local. Un reciente estudio de opinión pública realizado por la consultora internacional The Line en territorio estadounidense eligió a la parcialidad argentina como la hinchada más atractiva, pasional y pintoresca del torneo, superando incluso a Brasil.
Argentina demostró, una vez más, que la pasión no entiende de cupos, ránkings ni billeteras. No serán los más numerosos en los papeles, pero a la hora de ponerle el pecho y la voz a la ilusión, el campeón del mundo sigue jugando con doce en la cancha.
