Cuando Diego Devincenzi llegó a la Escuela Primaria N°3 “República de Costa Rica” de CABA, en 2012, la institución atravesaba uno de sus momentos más difíciles: la matrícula caía, había cursos en riesgo de cierre y el futuro era incierto. Catorce años después, se fue de ese mismo edificio entre aplausos, abrazos y lágrimas de alumnos, docentes y familias que lo acompañaron en su último recorrido con el guardapolvo blanco puesto.
La escena no fue solo una despedida emotiva. También fue una forma de reconocer el trabajo de un director que logró revertir la crisis, fortalecer el sentido de comunidad y convertir a la escuela en un espacio profundamente valorado por quienes forman parte de ella.
En una entrevista con TN, Diego recordó cómo inició su conducción en la escuela y cuáles fueron los motivos que lo llevaron a dedicarse a la docencia.
La transformación de la escuela
Diego llegó como director a la escuela en 2012: “El primer encuentro que tuve con los docentes fue para decirles que venía con la intención de quedarme, y a partir de ahí empezamos a pensar en la escuela para que todos podamos crecer, desde los estudiantes hasta los maestros”, relató. Para él, la constancia y el trabajo en equipo eran claves.
Sin embargo, el comienzo de su gestión no fue fácil, porque, apenas asumió, la escuela estaba atravesando una crisis de matrícula: “Había dos cursos que estaban por cerrar por los pocos inscriptos que tenían”, recordó.
Diego en la puerta de su oficina como director. (Foto: gentileza Diego Devincenzi)
Para solucionarlo, en marzo de ese mismo año hicieron una acción simbólica para combatir el problema: un abrazo al edificio. “Fue una declaración de amor por la escuela. Desde ese momento, la matrícula creció en más de 100 estudiantes y la comunidad se fortaleció“, explicó Diego.
A pesar de tener un puesto jerárquico, Diego destacó el trabajo colectivo: “Mi puesto era el de director y, más allá de que nos diferenciaban los roles, todos teníamos la intención de hacer bien el trabajo por la escuela y los estudiantes”, destacó.
Una vocación marcada por la educación pública
Diego hizo todos sus estudios en instituciones públicas: “Hice desde el jardín, la escuela primaria, la secundaria y después la Universidad de Buenos Aires”, explicó.
Antes de querer dedicarse a la docencia, primero quiso ser científico. Hasta que, en el segundo año de la carrera de Biología, se le ocurrió enseñar: “Con un compañero nos planteamos tener un espacio de trabajo cotidiano en lo social, por eso pensamos en ser maestros”, recordó Diego. Desde ese momento, hizo ambas carreras al mismo tiempo.
Recuerdo de una de las actividades impulsadas por la institución. (Foto: gentileza Diego Devincenzi)
Además, el historial profesional en su familia lo ayudó a tomar la decisión: “Tuve una abuela docente que fue muy importante para mí por la pasión con la que hablaba sobre su trabajo”, afirmó Diego.
Lo que terminó de definir su profesión fueron las condiciones del país cuando le tocó ejercer: “La inserción como maestro era mucho más directa y sencilla; como científico estaba más condicionado por la falta de inversión en el área a nivel nacional. Sin querer, descubrí que la docencia era mi camino”, destacó Diego.
Desde ese momento decidió empezar a trabajar en educación con una idea que sostuvo hasta su último día: “Desde la educación hay que contribuir a transformar la realidad para llevar a la sociedad a un lugar de mayor justicia”.
El recorrido aún no termina
Diego definió su trabajo de 14 años en la institución como “una experiencia concreta de que es posible construir un territorio democrático, con participación, debate y formación en las escuelas”.
Diego en la escuela donde fue director más de 10 años. (Foto: gentileza Diego Devincenzi)
Además, destacó como uno de sus mayores logros la consolidación de una comunidad educativa comprometida: “Las familias organizaron una cooperadora que hoy funciona de maravilla. Siempre con el foco puesto en el bienestar de los chicos y chicas”.
Lejos de abandonar la profesión tras jubilarse, sigue yendo varias veces por semana a la escuela para acompañar a la nueva directora, que fue maestra allí durante 10 años. “Las transiciones en las instituciones públicas muchas veces no están cuidadas como deberían; mientras sienta que puedo ayudar, voy a estar”, explicó.
Sobre el final, Diego dejó un mensaje claro sobre el valor de la educación pública: “Cualquier acción que no sostenga a la educación pública va en contra de la igualdad de oportunidades. Nuestra escuela fue una experiencia concreta de educación pública de calidad y para mí es un orgullo haber trabajado ahí”.



