Panorama económico: Si hay elecciones, que se note

La habilidad del Ejecutivo para vetar Leyes que afecten el equilibrio fiscal y la acumulación de voluntades necesarias en el Congreso para evitar la insistencia fue una característica saliente del 2024. Esta semana esa lógica fue desafiada por la ratificación de la emergencia de Bahía Blanca y el paquete de leyes de aumento jubilatorio, moratoria y emergencia en discapacidad. Si bien el Gobierno confía en su capacidad de veto, la disputa en este terreno lo deja debilitado políticamente.

14 de julio 2025

A lo largo de 2024, la oposición logró en dos oportunidades aprobar en el Congreso leyes que iban en contra de la doctrina del superávit fiscal. Hablamos de la reforma a la fórmula jubilatoria (sep-24) y la Ley de financiamiento universitario (oct-24). En ambas oportunidades, el Ejecutivo vetó inmediatamente y, con “negociaciones” mediante, ´torció a los que tenía que torcer para que no desestimen el veto presidencial.

Esta semana, esa lógica se quebró. Por primera vez, el Congreso no convalidó un veto de Milei. Se trató de la Ley que declara la emergencia en Bahía Blanca, tras el temporal que dejó diez muertos. El Senado insistió, y con voto unánime la convirtió en Ley. Que el oficialismo no haya podido contener ni a sus aliados más cercanos no es una noticia tan rara si tenemos en consideración la sensibilidad del tema.

Pero este antecedente se da justo cuando, en paralelo, el Congreso apretó el acelerador con proyectos que tienen trascendencia fiscal. Se sancionaron definitivamente:

El aumento a jubilados del 7,2% y el incremento de la suma fija de los haberes mínimos de $70.000 a $110.000.

Una nueva moratoria previsional, que habilitaría a aproximadamente 220.000 personas sin aportes suficientes para que se jubilen este año.

La emergencia en discapacidad con vigencia hasta diciembre de 2027, con mecanismos de financiamiento y subsidios incluidos.

Por si fuera poco, el Senado le dio media sanción a otros dos proyectos:

Reforma del régimen de ATN (aportes del tesoro nacional a las provincias que se distribuyen de manera discrecional –o casi no distribuyen, como en la era Milei) con criterios automáticos de distribución a las provincias.

Redistribución del impuesto a los combustibles, para elevar del 10,4% al 57% la participación de las provincias en su recaudación.

Un paréntesis: la Ley de aumento a jubilados prevé como fuente parcial de financiamiento la eliminación de una exención de Ganancias que recaía sobre quienes invertían en Sociedades de Garantía Recíproca.

Cualquier lector PyME conoce a la perfección la importancia de las SGRs para el acceso al financiamiento. Sin fondeo, tendremos que ver cómo se acomodará la cadena de pagos en lo que sigue. Un punto a monitorear muy de cerca.

Volviendo… ¿En qué se traduce todo esto? En que el Ejecutivo tiene con sanción tres Leyes que le sumarían entre 0,6% y 0,8% del PBI al gasto nacional y, con media sanción, otro 0,2%. Es la diferencia entre cerrar con superávit o no el año fiscal.

Lo que pasó con la emergencia en Bahía Blanca siembre dudas sobre el margen de maniobra que tenga esta vez el Gobierno para evitar que la oposición reúna los dos tercios necesarios para voltear el veto presidencial.

Más allá de lo que resulte efectivamente de esta pulseada, la anterior experiencia de veto presidencial a un aumento jubilatorio no fue gratuita. Como puede verse en el gráfico de la semana, la confianza en el Gobierno de Milei tuvo una sola caída brusca: sep-24 (-15%), mes del veto.

Si bien hay argumentos para pensar que en estas elecciones el “voto económico” (confianza de los consumidores) primará por sobre el “voto institucional” (confianza en el Gobierno), lo cierto es que el status de este indicador fue siempre un buen predictor del desempeño electoral de los oficialismos.

A igual altura del partido, Milei tiene una confianza mayor a la de Macri y muchísimo mayor a la de Fernández. De aquí en adelante, podrían abrirse dos rumbos y, justamente, las dos gestiones anteriores marcan ese rango de posibilidades: el triunfo de Juntos por el Cambio en 2017 o la derrota del Frente de Todos en 2021.

Semana corta, pero bien cargada

El clima político se tensó después de que el Senado aprobara el paquete de leyes que aumenta jubilaciones, restituye la moratoria previsional y declara la emergencia en discapacidad. El foco estuvo tanto en quienes levantaron la mano como en que el oficialismo no logró contener.

Los mercados no se tomaron bien el combo. El riesgo país volvió a rozar los 700 puntos y el Merval cayó más de 3% en dólares en la semana.

Como si fuera poco, se sumó un escándalo paralelo: la filtración de imágenes de un vuelo privado vinculado a un empresario cercano al oficialismo que entró al país sin control de equipaje. Todo esto, justo cuando el Gobierno se prepara para vetar una Ley con fuerte consenso social.

En paralelo, el calendario político se empezó a mover. En Buenos Aires, se confirmó la alianza entre el PRO y La Libertad Avanza, mientras el peronismo cerró una lista de unidad. Todavía falta definir candidaturas el 19 de julio, pero el cierre de acuerdos provinciales ya deja una señal de orden político, que en el margen suma para el oficialismo.

En el frente cambiario, la semana arrancó con presión. El contado con liquidación subió 3,3% el lunes y el peso ya acumula una devaluación del 10,3% desde mediados de junio. Sin embargo, el mercado se estabilizó rápidamente, incluso con el real brasileño depreciándose.

Un dato llamativo fue la reaparición del Tesoro en el mercado de cambios, con una compra directa de USD 200 M en T+0 a un tipo de cambio de $1.225. Ya suman USD 400 M en dos semanas. Todo apunta a operaciones coordinadas con el FMI, justo antes de la primera revisión del acuerdo.

En el plano financiero, el Tesoro tuvo una licitación sólida el lunes: colocó $8,5 billones frente a vencimientos por $2,9 billones (rollover del 294%).

La demanda se concentró en LECAPs a tasas entre 2,56% y 2,65% TEM, con premios de 9 a 20 puntos básicos sobre el secundario. También se colocaron más de $1 billón en dólar linked con vencimientos en octubre y enero. Se vio una rotación desde LEFIs, que bajaron de $15,8 a $10 billones, en la antesala de su extinción definitiva.

Con su desaparición, se consolida un cambio clave: el esquema monetario avanza hacia una arquitectura sin pasivos remunerados ni tasa de política explícita. La liquidez excedente del sistema bancario deberá reubicarse: o en encajes a tasa cero o en instrumentos como la nueva rueda REPO A3. Este nuevo escenario plantea desafíos para la formación de tasas de corto plazo, aunque, por ahora, el desarme viene siendo ordenado.

Adelanto de la actividad económica de junio

Hace algunas semanas, el EMAE-INDEC confirmó el rebote de la actividad económica en abril (+1,9% mensual), recuperando la caída sufrida en marzo.

Esto fue bien anticipado por nuestro Índice de Difusión de la Actividad Económica (IDAE), que había escalado a 68 puntos en abril. Faltando dos semanas para conocer el dato oficial de mayo y seis para el de junio, traemos para repasar los resultados del IDAE para el bimestre de may-jun.

Calculado como la proporción de indicadores con variación mensual positiva sobre un total de 22 indicadores, el IDAE marcó 47 en mayo, mientras que la información preliminar lo ubica exactamente en 50 para junio. Un primer vistazo que, cuanto menos, luce difuso: la actividad económica logró superar el bache de marzo, pero aún no parece encontrar fundamentos sólidos para retomar una dinámica de crecimiento firme.

Bajando al detalle, la recaudación nacional mostro dos resultados diametralmente opuestos: la recaudación ligada a la actividad (IVA DGI) aumentó 10,1% mensual, mientras que la de seguridad social (proxy de la masa salarial) retrocedió (-1,8%) por 5to mes consecutivo.

Los créditos al sector privado también muestran un avance agregado (+1,8%), aunque siendo la menor suba desde abr-24, cuando inició la recuperación crediticia. Si bien la desaceleración es algo esperable después de tantos meses, llama la atención la temprana estabilización de algunos segmentos, considerando la distancia significativa respecto a sus máximos históricos: -23,5% frente a 2018 y -19,1% vs. 2013-14.

En este sentido, el enfriamiento es claro en los créditos al consumo (tarjetas: +0,8%; personales: +2,6%) y, sobre todo, en los descuentos de documentos (segmento empresas), cuyo stock permanece constante desde diciembre, siendo un 24% del total en moneda local (el de mayor peso). El crédito hipotecario es el único que mantiene un ritmo sólido y sostenido (+11,3% i.m. promedio).

En materia sectorial, la producción industrial volvió a crecer en mayo (IPI Manufacturero: +2,2%) y recupera el terreno que había perdido desde diciembre. Para junio el balance se anticipa negativo: la demanda de energía en establecimientos industriales cayó 2,0% y la producción automotriz un 6,6%.

En sentido opuesto, la construcción confirmo su baja en mayo (ISAC: -2,2%), y en junio los despachos de cemento avanzaron 1,6% y el índice construya +15,5% (insumos al sector privado).

En cuanto al consumo, las ventas minoristas CAME retrocedió 6,7% en junio, mientras que el Índice de confianza de los consumidores mostró un avance en las condiciones presentes (+4,7%) después de 4 meses de caída.

Por último, los patentamientos de vehículos 0km volvieron a retroceder en junio: automóviles -7,6% y motos -2,8%.

Vuelve la guerra comercial pero el mercado sigue firme

Esta semana tuvimos un déjà vu bastante incómodo: la guerra comercial volvió al primer plano, con Donald Trump como protagonista, fiel a su estilo. El expresidente sacudió el tablero global con una nueva batería de amenazas arancelarias. Esta vez no se quedó solo con China: apuntó a varios países —entre ellos los BRICS— y subió el tono.

Propuso un arancel base del 10%, sí, pero también habló de cosas mucho más pesadas: un 50% sobre el cobre (un golpe directo a exportadores como Chile, México o Canadá) y hasta un 200% para ciertos productos farmacéuticos. Este último todavía con fecha de implementación difusa —un par de años, tal vez— pero el mensaje está: esto va en serio.

Ahora bien, lo que sorprendió fue la reacción (o la falta de) de Wall Street: ni se “despeinó”. El S&P 500 subió 0,6% el miércoles, el Nasdaq trepó 0,9% y Nvidia rompió los 4 billones en capitalización bursátil. Finalmente, los índices cerraron la semana en rojo, pero nada grave: entre -0,4% y -0,6%. Todo eso con estas amenazas flotando en el aire. La lectura del mercado parece clara: lo de Trump es ruido de campaña, más teatro que realidad. Al menos por ahora.

Pero no todo el mundo se lo tomó tan tranquilo. En el mercado cambiario, las monedas emergentes sí sufrieron. El real brasileño cayó más de 2% tras el anuncio de aranceles del 50%, con una crítica explícita al gobierno de Lula como “justificación” política. El rand sudafricano y la rupia india también retrocedieron. En paralelo, el cobre se disparó más de 10% en pocos días: el mercado no necesitó mucha más señal para empezar a cubrirse.

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