“Padre nuestro…”

Por Vidal Mario - Autor de los libros La espada asesina, sobre la Biblia, y El Jesús de la Historia

5 de enero 2026

“Padre nuestro, que estás en los cielos”.

Dios está en todas partes. Por lo tanto, esa proposición de que está en los cielos huele a herejía.

Fueron los antiguos hebreos los que imaginaron a Dios como un anciano rey sentado en un trono ubicado en los cielos.

Milenios después, esa figura de Dios en forma humana y con tendencias y reacciones propias de los seres humanos, fue adoptado por una nueva religión: el cristianismo.

Por eso los cristianos lo imaginan también como un Hombre que, sentado en un trono situado entre nubes, decide la suerte de los mortales con la autoridad y el poder de un monarca absoluto.

La gente teme Su Cólera y su Venganza, pero también le atribuye atributos como el perdón, la compasión, la bondad y el amor.

La cuestión es que desde aquellos remotos tiempos en que todo era primitivismo, ignorancia y superstición hasta el presente, se humaniza a Dios y se le asignan cualidades intelectuales y emocionales propias de los seres humanos.

Cuestión de tiempo

Sólo es cuestión de tiempo para que la gente vea la luz en este sentido y comprenda que Dios no es un Hombre sino algo que integra e impregna todo lo que existe en el Universo.

Algún día, la gente lo verá como lo que realmente es: una fuerza que está en nosotros y fuera de nosotros.

Una energía que anima tanto la más pequeña de las células como las estrellas más lejanas.

Algún día (siglos más, siglos menos) se entenderá que Dios es impersonal, que no tiene forma humana.

Se entenderá que el Dios-Hombre celoso, destructor, castigador y colérico de la Biblia jamás existió.

Ese Dios-Hombre (“el Señor”) al que los hebreos pusieron de nombre Jehová jamás existió.

Consecuentemente, todas las historias bíblicas que se le atribuyen jamás sucedieron, y la mayoría de los personajes de dichas historias tampoco existieron.

Te puede interesar