Felicito a la referente cultural de Puerto Bermejo, Irma Yolanda Olmedo: su obra literaria “Lo que el río nos enseñó. Un ejemplo de resiliencia” ha sido galardonada con el “Premio Dorado”, otorgado por la Fundación Sapucay de Resistencia.
El premio le será entregado el sábado 1º de agosto, en el marco de la XX edición de “La gran fiesta chaqueña de la comunicación social”, a realizarse en la Casa de las Culturas.
Es una espléndida producción literaria que reflota fieles testimonios de los días finales de una otrora floreciente población que terminó siendo devorada por las aguas del río Paraguay.
El escrito ya ha recibido otra distinción, por cuanto fue declarado de Interés Municipal por el municipio de la localidad de Puerto Bermejo, donde reside la autora.
Los recuerdos de las vicisitudes de ese pueblo legendario reflejados en la obra de la que hablo son impactantes.
Es que generaciones enteras de bermejeños quedaron marcadas por aquella épica nota común que fue la lucha cuerpo a cuerpo de los habitantes de un pueblo contra un río milenario.
Es correcto lo que dijo en 1969 el historiador Manuel Meza: “No existe ningún pueblo del Chaco que haya luchado tanto para subsistir desde su fundación hasta el presente, como Puerto Bermejo”.
La historia de esa lucha mencionada por el historiador contiene tantos relatos como personas que vivieron en esa población ribereña en aquellos tiempos tan cruciales.
Desde el fondo de las aguas, el antiguo pueblo clama para que su historia no se pierda en el laberinto de la memoria.
Por eso (y para eso), necesita del auxilio de rescatadores de la historia como la citada autora, quien tal vez no tenga cabal consciencia de la invalorable contribución que a través de su publicación ha hecho a la querida memoria de su pueblo.
El pedazo de Argentina que se fue
El río Paraguay tiene millones de años, durante los cuales días tras día, hora tras hora y minuto tras minuto estuvo trabajando incesantemente en la erosión de las costas.
De esa eterna historia apenas conocemos lo ocurrido en los pasados ciento cincuenta años.
A principios del siglo XX, se empezó a notar cambios muy marcados en el comportamiento del río y en sus procesos de erosión. Sin prisa, y a la vez sin pausa, las aguas iban socavando lentamente las orillas del hoy desaparecido asentamiento.
A partir de 1925, los bermejeños comenzaron a hacer oír su voz ante los poderes públicos territoriales y nacionales, en demanda de concretas medidas técnicas de protección.
“Es un pedazo de Argentina el que se va”, se alertaba, con gran dramatismo, en uno de esos gritos de auxilio.
En 1933, el primer Congreso de Municipalidades del Territorio Nacional del Chaco realizado en Resistencia emitió esta declaración: “Puerto Bermejo debe ser defendido del estrago de las aguas. Corresponde la intervención de las autoridades nacionales para evitar que esta histórica localidad chaqueña desaparezca”.
Desde las alfombras del poder, se acuñaron pomposos proyectos, entre ellos uno denominado “Campaña pro-recuperación del pueblo”.
Pero la verdad era que ese rico pedazo de suelo argentino había sido abandonado a su suerte.
Nueva tierra, nuevo pueblo
Aquellos gritos de alerta y de auxilio no eran escuchados, y el río siguió tragándose las barrancas. Hasta que en mayo de 1983 sobrevino el infierno tan temido. Sin piedad, las aguas de su vieja amiga y a la vez enemiga, la cubrieron totalmente.
La incontenible invasión de las aguas significó la desaparición de más de un centenar de manzanas y el entierro de centenares de viviendas, edificios públicos, escuelas, la iglesia, la Aduana, hoteles, casas comerciales, el teatro, y varias instituciones deportivas.
Así de lamentable, trágica y dolorosa fue la caída de una ciudad que por su belleza y esplendor económico era considerada una princesa entre las ciudades del Chaco.
Reitero mis congratulaciones para la autora del citado trabajo, porque se adentra con verdad, seriedad y responsabilidad en la historia de lo ocurrido en aquellos amargos días de la catástrofe final.
Puerto Bermejo también debe ser felicitada por ser un ejemplo tan claro de resiliencia.
Resiliencia es la capacidad para adaptarse a las situaciones adversas; es la capacidad de sacar fuerza de flaquezas para terminar arribando a resultados positivos.
El nuevo Puerto Bermejo, que lentamente está recuperar el esplendor perdido, da fe de ello.
