A los 53 años murió el doctor Miguel Duré, quien era el jefe de Terapia Intensiva del Hospital "Julio C. Perrando".

El profesional se había contagiado de coronavirus y padecía hipertensión arterial, razón por la cual integraba el grupo de pacientes de alto riesgo. De este modo, Duré es la víctima fatal N° 81 debido a complicaciones del virus SARS-COV2.

Su colega, el doctor Julio Picón, que trabaja en el Hospital Perrando, a través de las redes sociales, lamentó su muerte y también cuestionó el sistema sanitario en que se vive en el Perrando.

Justo me tocó guardia hoy, y sabía que estabas mal. Que habías hecho un neumotorax bilateral y veíamos la placa en la computadora, y sabíamos el pronóstico. Tratamos de no pensar en eso, y seguimos atendiendo pacientes, heridos, etc. En un número que se incrementa día a día.

Y te das cuenta que algo está fallando. Y después viene la noticia. Falleció Duré. Y pasa a engrosar una estadística fría, que no refleja el dolor que queda. Atrás de esto, tenés un montón de situaciones que bordean lo ridículo para un problema muy serio.

Los N95 que no están pero después sí, los gorgojos, la queja de los residentes y el apriete, el regreso a la fase 1, la pelea entre el director de emergencias y el director de Sáenz Peña, y así, una larga cadena de eventos desafortunados que van dejando una estela de muertos.

Y también están los otros muertos, invisibilizados, la economía que no sólo no arranca sino que se despedaza, las obras que generan suspicacias. El control estricto acá y el viva la pepa diez cuadras más allá. Y esa angustiante sensación de vulnerabilidad e incertidumbre.

Porque no sabés quien va a ser el próximo. Y si los recaudos que tomás son suficientes. Y el reconocimiento vacío que se agota en aplausos y en frases de Facebook, en bonos prometidos que no se concretan. Y la duda te invade: vale la pena este sacrificio?

Porque hoy lloramos la muerte de un colega, y muchos se rasgarán las vestiduras. Pero dentro de una semana, o tal vez un mes, otras noticias estarán en los titulares de los diarios, y al cabo de un año ya no se recordará ni la fecha de su muerte.

Y al final te das cuenta, que como médico y personal del hospital sos reemplazado por otro, y que los únicos que van a recordarte siempre, eternamente, va a ser ese núcleo reducido, casi anónimo de tu familia. Que en paz descanses Dr. Miguel Ángel Duré.

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