Hay artistas que miran hacia atrás, a la tradición y sus certezas. Alex Sorokin mira hacia adelante, hacia eso que apenas empezamos a nombrar. Nacido en Toliatti (Rusia) en 1974 y formado en Bielorrusia, este escultor llega a la Bienal con un proyecto que se anima a lo más esquivo: darle forma a lo que ni siquiera comprendemos del todo.
Su formación es rigurosa. Estudió en el Departamento de Escultura de la Facultad Glebov de Minsk y luego en la Academia Estatal de Arte de Bielorrusia, donde completó una década entera de oficio entre 1990 y 2000. Desde 2007 es profesor en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Técnica Nacional de Bielorrusia, y desde 2002 integra la Organización Estatal de Artistas. La piedra, para él, es un lenguaje que domina y a la vez interroga.
Su proyecto para el Chaco se titula Movimiento Cuántico II, y su punto de partida es una pregunta que nos atraviesa a todos. “La humanidad está entrando en una era de nuevos desarrollos”, escribe Sorokin, y advierte que algunos lo perciben con miedo y otros con curiosidad, pero que nadie permanece del todo indiferente. Lo que más nos inquieta, sostiene, es que la propia estructura del mundo —la materia, las leyes de la naturaleza— parece estar cambiando bajo nuestros pies.
En el centro de esa inquietud aparece la mecánica cuántica, uno de esos fenómenos que la humanidad apenas comienza a entender. Sorokin no se propone explicarla, sino algo más difícil: mostrar en la piedra los cambios misteriosos que ocurren con las partículas cuánticas cuando se mueven e intercambian información. Traducir a materia sólida aquello que se comporta como pura incertidumbre.
Su trayectoria confirma que no le teme a los grandes desafíos. Participó de simposios y concursos de escultura en China, Turquía, Israel, Grecia, Canadá, Polonia, Japón, Taiwán y Francia, entre muchos otros destinos. Realiza muestras individuales y colectivas por el mundo y tiene obras emplazadas en espacios públicos de su país. Su recorrido reciente incluye el 19º Simposio Internacional de Escultura de Miltitz, en Alemania (2025), el 4º de Kuşadasi, en Turquía (2023), y una intensa presencia en los grandes simposios de mármol de la región de Mármara.
En 2020, cuando el mundo se replegó, Sorokin no dejó de esculpir: participó del insólito Segundo Simposio Internacional de Escultura en Internet, dedicado precisamente al “distanciamiento social”. Antes, entre 2018 y 2019, había recorrido los desiertos de China y los talleres de Francia y Canadá. Y más atrás todavía, en sus primeros años, cosechó premios en Bielorrusia: un primer puesto en la Exposición Nacional de Jóvenes Artistas en 2008 y un reconocimiento por un monumento a las víctimas de la Primera Guerra Mundial en 2006.
Ahora ese oficio viajero llega a Resistencia. Sorokin traerá al Chaco su intento de esculpir lo invisible, de fijar en la piedra ese temblor que la física recién empieza a descifrar. Porque si algo sabe la escultura desde siempre es que lo eterno también puede estar hecho de movimiento.
Con propuestas como la suya, la Bienal Internacional de Escultura del Chaco se consolida como el destino número uno de estas vacaciones de invierno, y vuelve a cumplir su cometido más profundo: hacer del arte un bien de todos.

