El cierre de la novela en torno al futuro de Paulo Dybala expuso algo más que el previsible desenlace de una figura de élite que elige quedarse en Europa: dejó al desnudo, una vez más, la alarmante falta de profesionalismo, la liviandad y la carencia absoluta de chequeo de fuentes que impera en ciertos sectores del periodismo de espectáculos y de paneles televisivos.
Durante semanas, programas dedicados a la farándula instalaron con bombos y platillos la "información confirmada" de que la "Joya" vestiría la camiseta de Boca Juniors. ¿El sustento de semejante bomba deportiva? Una libre interpretación de declaraciones casuales y descontextualizadas de su esposa, Oriana Sabatini.
Los nombres de la falsa primicia
No se trató de rumores al pasar. Panelistas y conductores de espacios con alta audiencia televisiva y digital le pusieron firma a la falsa transferencia.
Figuras como Ángel de Brito en LAM (América TV), el equipo de panelistas de Socios del Espectáculo (El Trece) liderado por Adrián Pallares y Rodrigo Lussich, y diversas cuentas de "influencers de la farándula" en redes sociales, estiraron durante días el aire asegurando que el pase "estaba cerrado en un 90%".
El método fue siempre el mismo: tomar una vieja entrevista de Sabatini donde ella meramente expresaba los deseos familiares a futuro o comentaba lo cerca que quedaba el predio de Ezeiza, para transformarla mágicamente en un acuerdo contractual inminente. Declinaron el verbo "asegurar" basándose en el color de una camiseta que le quedaría bien a la pareja, ignorando por completo la realidad financiera del fútbol argentino, la cotización del jugador y el abismo existente entre los contratos europeos y los locales.
El peligro de desinformar por un "click"
El periodismo, sin importar la sección en la que se ejerza, se rige por principios básicos: confrontar datos, consultar a las partes y evaluar la viabilidad de lo que se informa.
Cuando un periodista de espectáculos salta de la crónica social al mercado de pases deportivo sin más herramientas que la intuición o la búsqueda de un Zapping rendidor, el resultado es el bochorno.
Alimentar la ilusión de millones de hinchas utilizando el nombre de una mujer —en este caso, Oriana Sabatini— como si ella fuera la apoderada legal o el portavoz oficial de la carrera del futbolista, roza la irresponsabilidad profesional.
La realidad terminó dándole un baño de sensatez a la pantalla chica. Paulo Dybala renovará con la Roma y seguirá compitiendo al máximo nivel europeo. Mientras tanto, en los paneles locales ya se preparan para inventar la próxima "bomba", demostrando que para algunos comunicadores, la seriedad y el respeto por el público cotizan bastante menos que un punto de rating o un click fácil.
