Esta semana siguió la misma lógica que viene experimentando el Gobierno hace meses. La macro no para de traer buenas noticias, la micro sigue sin repuntar, y la política no permite celebrar los logros macro y dar esperanzas micro.
Lo que sí cambió esta semana fue el inicio del mundial, pudiendo dinamizar algo más al consumo de junio y julio y haciendo que el ruido político pierda cierto peso.
Arranquemos por el principio. El cuadro financiero fue más que positivo. El Banco Mundial y el BID aprobaron garantías por USD 2.500 M, permitiendo que la negociación del préstamo sindicado con bancos privados avance a su tramo final (sería de entre USD 3.000 M y 4.000 M).. Además, el vencimiento de julio está cubierto con fondos propios (casi USD 4.500 M en Globales y Bonares). La estrategia del equipo económico es clara: blindar 2027 antes de que el calendario electoral y los vencimientos compliquen el acceso al mercado.
Siguiendo con la macro. Reservas: el BCRA acumula USD 10.700 M en compras, por un cambio en su política como también por una gran oferta de dólares comerciales y menores importaciones. Riesgo país: 429 puntos, mínimo desde 2018, a pesar de que la Fed de Warsh tensionó la curva. Fiscal: mayo sumó el quinto mes consecutivo de superávit fiscal, con un acumulado que supera las nuevas metas del FMI. La foto macro está bien encuadrada.
Lo que el cuadro financiero no resuelve es el consumo. Esta semana se conocieron los datos de consumo de abril: supermercados cayeron 3,7% i.a., mayoristas 5,0% y centros de compra 5,9%. El gasto inflexible sigue por encima del IPC y achica el margen disponible para el consumo discrecional. Al tiempo que las cuotas de consumos pasados ya son una presión real en la economía familiar. Es el mismo diagnóstico de semanas atrás, pero esta vez llega con un dato que podría cambiar la situación –al menos temporalmente-: el Mundial.
El mundial activa consumo de alimentos, bebidas, electrónica y delivery, aun en un contexto de bolsillos ajustados. No es macroeconómicamente transformador, pero en una economía que lleva varios meses sin señales claras de rebote del consumo masivo, el Mundial es el primer estímulo concreto de demanda desde el Hot Sale. La pregunta relevante no es si el Mundial sube el consumo de junio: la sube. La pregunta es qué pasará en julio, cuando el torneo termine.
Metiéndonos en lo político, el caso Adorni parece interminable y suma idas y vueltas en un relato que deja más dudas que certezas. Esto hace que el Gobierno no pueda capitalizar las bondades de la macro y anclar expectativas políticas para 2027.
Milei finalmente tomó nota. Corrió a Adorni como Vocero (dejándolo como Jefe de Gabinete) y nombró a Adrián Ravier: economista y diputado nacional por LLA (y criticado fuertemente en 2018 por el propio Milei). El objetivo es correr la discusión política y volver a poner a la economía en el centro de la discusión.
La confianza del consumidor creció en 6,4% en junio y parece que la espuma empieza a bajar. La tensión política podría disiparse, pero será vital que la economía vuelva a moverse, tanto por el frente social como por el fiscal.
SECCIÓN NACIONAL
Una carrera contrarreloj
Hay una frase del equipo técnico del FMI que ordena la semana: 2026 es una ventana limitada para recuperar el acceso al mercado internacional antes de que los vencimientos de 2027 y las elecciones condicionen todo.
El Gobierno responde con garantías del Banco Mundial por USD 2.000 M y del BID por USD 550 M, con la CAF pendiente. Son parte de una estrategia para adelantar credibilidad mientras el calendario juega a favor. El Ejecutivo sabe que el tiempo es el recurso más escaso.
El paquete multilateral tiene un impacto concreto, ordena 2026 e incluye pagos de enero de 2027. El Tesoro confirmó que el vencimiento de julio, de casi USD 4.500 M entre Globales y Bonares, se pagará con fondos propios. Tiene depósitos en dólares por USD 3.082 M y equivalentes en pesos por USD 8.786 M en el BCRA.
El préstamo con bancos privados, por USD 3.000 M a USD 4.000 M, no aparece como necesidad inmediata sino como un refuerzo del colchón financiero. Todo apunta a llegar con más autonomía a 2027.
Ahí está la prueba de fondo. Los avales ya fueron aprobados; falta saber a qué tasa cerrarán los bancos privados. Ese precio dirá cuánto valor real le asigna el mercado a la mejora de calificación de S&P y cuánto de la recuperación reciente puede transformarse en financiamiento efectivo.
En el interín, el contexto externo se volvió menos amigable. La señal más dura de la Reserva Federal fortaleció al dólar y encareció el financia miento para emergentes. Argentina sintió el golpe de manera acotada: los bonos cedieron en línea con otros países, el riesgo país subió a 429 puntos y el tipo de cambio 0,7%, menos que otras monedas regionales.
Desde ya, no somos ajenos a movimientos globales, pero esto muestra que la demanda generada por la mejora de calificación todavía sostiene los activos.
El frente doméstico fue menos ambiguo. El superávit primario de mayo fue de $1,92 billones, con una caída real interanual de 15%. Los ingresos bajaron 4,1% real y el gasto 2,2%.
La consolidación fiscal sigue en pie, pero ya no descansa en un ajuste extraordinario: necesita crecimiento para sostenerse. También la licitación del 10 de junio dejó una señal menos robusta que el titular de renovación del 120%. Parte de la demanda respondió a una operación previa del Tesoro, por lo que la renovación genuina estuvo más cerca del 100%. No cambia el cuadro fiscal, pero muestra que el apetito privado por deuda larga en pesos todavía tiene límites.
El viento de cola sigue siendo importante. En mayo, el superávit comercial alcanzó USD 3.504 M, un récord histórico, impulsado por la energía. Las reservas acumulan compras por USD 10.700 M en el año y la confianza del consumidor mejoró en junio.
La duda no está tanto en el rumbo, sino en el calendario: ¿alcanza el tiempo antes de que 2027 empiece a pesar sobre las expectativas?
El superávit cumple cinco meses, pero cambia de calidad
El Sector Público Nacional cerró mayo con un superávit primario de $1,92 B, un 15% menor que en mayo/25. Tras el pago de intereses por $1,44 billones, el resultado financiero fue positivo en $0,47 B, bajo el criterio de lo pagado. De esta manera, a mayo el superávit acumula $2,4 billones, equivalente al 3,8% de los ingresos percibidos.
En términos del Producto Bruto, el superávit primario es equivalente a 0,7% del PBI, la mitad de la nueva meta anual comprometida con el FMI (1,4%, previamente era del 2,2%).
De sostenerse estos números, implicaría un sobrecumplimiento con el Organismo, pero si bien el gasto baja, los ingresos bajan aún más. Los ingresos cayeron 4,2% en términos reales, y el Gobierno respondió con un recorte del gasto del 3,1% interanual para sostener el superávit fiscal.
Mirando hacia adelante, se puede descontar que aun si la recaudación continúa cayendo, el Gobierno esta dispuesto a pisar los gastos que sean necesarios para defender su principal logro de gestión: el orden fiscal.
Esta disciplina, así de efectiva, también es la principal barrera a la hora de proponer una política fiscal más activa, como impulsar partidas estratégi cas o emprender una baja estructural de los impuestos. Poder hacerlo requiere necesariamente de una reactivación sostenida de la recaudación y eso solo puede pasar como producto del crecimiento de la actividad económica.
Las retenciones caen por las reducciones y quitas de aranceles (-17% i.a.), el campo no liquida al ritmo esperado, y Ganancias subió 72% pero producto del cambio en la estacionalidad del régimen: no es recaudación nueva, es recaudación adelantada.
El ancla fiscal sigue en pie, pero ya no descansa en el ajuste del gasto -esa palanca está casi agotada- sino en el crecimiento. Y el crecimiento todavía no llegó con claridad a las cifras que importan para el fisco.
Los datos de consumo confirmaron el mal abril para las ventas
Los tres canales de consumo masivo tuvieron caídas en abril respecto al mismo mes de 2025. No es una sorpresa –todos los indicadores de actividad mostraron un mes rojo-, pero la magnitud y la consistencia del deterioro confirman que la recuperación del consumo todavía no llegó.
Supermercados cayeron 3,7% i.a. en términos reales. Es la cuarta caída interanual consecutiva en lo que va de 2026. La serie desestacionalizada muestra un leve rebote mensual (+0,8% vs marzo), lo que impide hablar de deterioro acelerado, pero tampoco hay señales de recuperación sostenida. A abril, las ventas acumulan una caída del 3,3%.
Por el lado de las ventas mayoristas, los autoservicios mostraron una caída del 5,0% i.a., la mayor del año. En la comparativa mensual, las ventas bajaron 1,1%, extendiendo la tendencia negativa del año. Este canal es un proxy del consumo familiar y del canal HORECA (hoteles, restaurantes, catering). Su debilidad indica que el consumo fuera del hogar tampoco repunta.
Yendo al tercer canal, los centros de compra también mostraron una caída del 5,9% i.a. y del 0,8% vs marzo (desestacionalizado). Es el canal que más viene cayendo vs 2025, pero responde a una lógica propia. Desde mediados de 2024 hasta el tercer trimestre de 2025, el crédito impulsó las ventas de bienes durables. Este año las familias tienen que pagar las cuotas y el crédito no termina de abaratarse.
El termómetro en las empresas es que mayo cerró mejor que abril, pero debajo de marzo y junio cerraría algo mejor. ¿Habrá efecto mundialista en el consumo? ¿Y después?
SECCIÓN MUNDO
El costo de una FED menos previsible
La primera reunión del Comité de la FED bajo Kevin Warsh no quedará marcada por la decisión de tasas, sino por la forma de comunicar. Warsh eliminó la guía anticipada que ayudaba a los inversores a leer los próximos pasos de la política monetaria.
El comunicado quedó sin sesgo expansivo, sin énfasis en el mercado laboral y sin proyecciones propias del nuevo presidente. La frase dominante fue “el Comité garantizará la estabilidad de precios”. No hizo falta subir la tasa: alcanzó con retirar las pistas que la FED solía dar.
La reacción fue inmediata. El rendimiento del bono del Tesoro a dos años subió hasta 17 puntos básicos, la volatilidad accionaria avanzó 12%, la volatilidad de bonos trepó 5% y el dólar tocó máximos de 13 meses. Además, el mapa de proyecciones elevó la tasa esperada para 2026 de 3,4% a 3,8%. Nueve participantes proyectaron al menos una suba y seis esperaron 50 puntos básicos o más de ajuste. Cuando le preguntaron por qué no aumentaron ahora, Warsh respondió que volverán a tratar el tema en seis semanas. Julio quedó abierto.
El efecto de fondo pesa más que el movimiento de precios. Durante más de quince años, la FED funcionó como referencia para el sistema financiero global. No garantizaba certezas, pero ofrecía una lógica relativamente previsible. Sin esa referencia, los inversores exigirán más prima de riesgo en la parte corta de la curva.
El resultado tiende a fortalecer al dólar y a encarecer el financiamiento para los emergentes. La curva de bonos se aplanó, dado que las tasas a 30 años casi no se movieron: el mercado no leyó un error de política, sino una convicción más dura frente a la inflación.
Warsh recibió un alivio externo que puede durar poco. El memorándum entre EE.UU. e Irán empujó al Brent por debajo de USD 80 y abrió una lectura de menor presión energética. Bloomberg ya proyecta para junio un IPC de -0,1% mensual, luego del +0,5% de mayo. Si se confirma, la FED podría sostener la pausa en julio sin parecer blanda.
El problema es la fragilidad del acuerdo: la cláusula de 60 días le da margen de presión a Irán, las negociaciones en Suiza fueron suspendidas y el texto completo no fue publicado. Si el petróleo vuelve a USD 90, el alivio desaparece.
El otro foco está en Japón. El Banco de Japón subió la tasa al 1%, máximo en 31 años, pero frenó la reducción de compras de bonos. Con el yen cerca de niveles de intervención oficial, aumenta el riesgo de una salida brusca de posiciones financiadas con yen barato.
La economía estadounidense tampoco muestra una sola cara. Las ventas minoristas de mayo subieron 0,9% mensual y confirmaron la fortaleza del consumo. Ahora bien, la producción manufacturera no creció, los salarios reales cayeron 0,7% interanual y el mercado inmobiliario sigue débil. Warsh leyó ese cuadro con una prioridad clara: estabilidad de precios.
La FED que emerge no parece dispuesta a proteger el empleo a costa de tolerar más inflación. El mensaje central es que se terminó una parte importante de la previsibilidad que sostenía las apuestas globales.
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