Máximas que vienen del fondo del tiempo... En un libro de hace más de 1.600 años

Por Vidal Mario

15 de junio 2026

Con motivo del Día del Libro (en la Argentina), quiero rendir homenaje a un libro extraordinario escrito hace más de 1600 años en Egipto, y cuyo título era “En Vos confío”.

Su autoría se atribuye a Amenofis IV (más conocido como Akhenatón), faraón entre los años 1360 a 1350 antes de Cristo.

Se enseña que el inventor del monoteísmo fue Moisés, quien, según la leyenda bíblica, era nativo de la tierra de las pirámides.

En realidad, fue Akhenatón. En un país tradicionalmente politeísta, proclamó la creencia en un solo Dios (Atón) y fundó una nueva, mística y monoteísta religión.

Máximas inmortales

De aquellos tiempos viene ese libro, lleno de máximas inspiradoras como estas que he elegido:

“¿Quién tortura a quienes odia, sino el cobarde? ¿Quiénes asesinan a aquellos a quienes roban, sino las criaturas más viles?”.

“El demagogo engulle con avidez su propia alabanza, y los aduladores al final se lo comen a él”.

“Cada estado futuro es lo que tú estás creando en el presente”.

“Trata de ser el primero en tu vocación, sea el que fuere”.

“Todas las cosas proceden de Dios, cuyo poder no tiene límites”.

“Del mucho hablar viene el arrepentimiento, pero en el silencio está la seguridad”.

“La gran sabiduría está en sentirse satisfecho con poca cosa”.

“No gastes todo lo más que puedas. La previsión durante la juventud es la consolación de la vejez”.

“A veces, Dios, por misericordia, niega tus súplicas”.

“Los terrores de la muerte no son terrores para el bueno; quien no comete el mal, nada tiene que temer”.

“Si crees que una cosa es imposible, tu pesimismo la hará imposible; pero aquel que persevera domina todas las dificultades”.

“No cierres tu oído al llanto del pobre, ni endurezcas tu corazón ante las calamidades del inocente”.

“Extiende tu mano a quienes no tienen quien los ayude”.

“¿No es tu mano un milagro? ¿Para qué te la dieron, si no para que la alargues en ayuda de tu hermano?

“Nunca es más feliz el hombre que cuando da la felicidad a otro”.

“Que aquel que hace el bien tenga cuidado como se alaba él; porque rara vez lo hace de su propia voluntad”.

“De tu elección presente depende tu felicidad futura”.

“¿Te dotó Dios con sabiduría? ¿Te iluminó la mente con el conocimiento de alguna verdad? Compártelas con los ignorantes”.

“El ignorante conoce todas las cosas, menos su propia ignorancia”.

“El hombre a quien Dios concedió riquezas y una mente para que los emplee correctamente, es un ser especialmente favorecido y altamente distinguido. Mira su riqueza con placer porque le permite hacer el bien. Lleva a cabo obras y con él el trabajador halla empleo. ¡Ay de aquel que amontona riquezas y sólo se regocija en la posesión de ella!”.

“La paz de la sociedad depende de la justicia”.

“Que la prudencia te aconseje, y que la justicia guíe tu mano”.

“En tu trato con los hombres, sé imparcial y justo, y no les hagas lo que no quisieras que te hicieran a ti”.

“La opinión de la masa no es prueba de la verdad, porque la mayor parte de los que componen la masa es ignorante”.

“No es la abundancia lo que nos hace ricos, sino la buena administración de la abundancia”.

“Infórmate primero de tu propia ignorancia”.

“¿No son mejores los enemigos hechos por la verdad, que los amigos obtenidos por la adulación?”.

“No hay más que una manera de crear al hombre; hay mil para destruirlo”.

“Solamente el ignorante y el que cierra las puertas a todo análisis, pensamiento y reflexión es quien mantiene una opinión de la manera más obstinada y fanatizada”.

“No digas que la verdad queda fundada por los años, o que en una multitud de creyentes hay certidumbre”.

En el pasado fueron rechazadas muchas cosas que hoy son verdades. ¿Cuántas cosas que hoy se aceptan como verdades mañana a su vez serán desplazadas? ¿De qué entonces podemos estar seguros?

“No supongas que la muerte puede escudarte de la compensación; no pienses que la corrupción del cuerpo puede ocultarte para que no pagues por los perjuicios que has ocasionado”.

“El inconstante no tiene paz en el Alma; tampoco podrá sentirse confiado aquel con quien él trata. Su vida es desigual, sus movimientos irregulares, su razón cambia como cambia el día. Hoy te amará él, mañana te detestará. ¿Por qué? Él mismo no lo sabe por qué amaba ni por qué odia ahora”.

“Cuando ordenas torturar a aquel de quien sólo se sospecha, ¿te atreves a pensar, aunque sea un instante, que podrías estar atormentando a un inocente? El dolor lo obligará a decir lo que no es. El dolor y la angustia obligan al hombre a acusarse. Para no matarlo sin causa, haces algo que es peor que matarlo. Para probar que es culpable, destruyes en vida a un inocente.

Debes saber que cuando Dios te pida cuentas de esto, preferirás que diez mil culpables hayan escapado, antes de que un inocente aparezca allí contra ti”.

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