Análisis: El peligroso discurso de Di María y la ceguera voluntaria ante un sistema bajo sospecha

14 de mayo 2026

El regreso de Ángel Di María a Rosario Central fue celebrado como el retorno del hijo pródigo, un gesto de amor romántico hacia los colores que lo vieron nacer. Sin embargo, tras el escándalo en el Gigante de Arroyito frente a Racing, el ídolo parece haber adoptado una postura que preocupa: la de desconocer una realidad que golpea la vista de cualquier espectador imparcial.

La defensa de lo indefendible

Al tildar de "caretas" a quienes critican el arbitraje de Darío Herrera, Di María incurre en una falacia de manual. Intentar reducir la bronca de Racing a un simple "prejuicio porteño" contra el interior es ignorar datos que son, como mínimo, alarmantes.

No se trata de un ataque mediático; se trata de un equipo que terminó con 9 jugadores en una instancia decisiva tras fallos que, casualmente, siempre favorecieron al mismo lado.

Que un jugador de su jerarquía internacional afirme que "ahora somos todos iguales" resulta, en el mejor de los casos, ingenuo. En el peor, es una falta de respeto a la inteligencia del hincha que ve cómo la balanza se inclina sistemáticamente.

El elefante en la habitación: La AFA

El enojo de "Fideo" omite el contexto institucional que hoy tiene a Central bajo la lupa. No se puede hablar de "mérito puro" ignorando los antecedentes recientes:

  • El título administrativo de 2025: Aquella decisión de la AFA de otorgarle una estrella por "escritorio" sentó un precedente de favoritismo que es imposible de borrar con un posteo de Instagram.
  • La disparidad estadística: Ignorar que Racing venía de sufrir un arbitraje de "18 faltas contra 1" frente a Estudiantes es desconocer que existe un patrón. Di María decide mirar hacia otro lado cuando el sistema, ese mismo que él defiende, castiga a quien no tiene "llegada" a las oficinas de la calle Viamonte.

El peso de la palabra de un campeón

Cuando Di María cuestiona "¿para qué volver?" si se va a dudar de la transparencia del fútbol argentino, utiliza su estatus de Campeón del Mundo como un escudo moral para evitar el debate de fondo. Es un chantaje emocional que no responde a la pregunta clave: ¿Hubo o no ayuda arbitral?

Al no admitir que Central se ha visto beneficiado por decisiones que van más allá de lo futbolístico, Di María no solo protege a su club, sino que termina validando un sistema que muchos consideran viciado.

Un ídolo de su talla debería ser el primero en exigir transparencia, en lugar de enojarse con quienes señalan las irregularidades de un torneo que, lejos de ser "igual para todos", parece tener los resultados escritos de antemano en los despachos del poder.

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