El fuego sagrado del fuego

Por Vidal Mario - Periodista, escritor, historiador

11 de mayo 2026

El fuego siempre ha sido considerado como de los grandes misterios de la vida y del universo.

Desde tiempos inmemoriales, fue objeto de adoración de muchas mentes primitivas. Lo podemos confirmar por el énfasis que en todas las antiguas mitologías se le daba

Numerosos pasajes bíblicos hacen referencia al fuego, y muchos supuestos milagros, visiones o experiencias trascendentales relatados en la Biblia están asociados al fuego.

En el Viejo Testamento, leemos que el fuego fue empleado en todos los altares y eran encendidos con gran ceremonia: “Los hijos de Aarón pondrán fuego sobre el altar, y compondrán la leña sobre el fuego”, dice, por ejemplo, Levítico 1:7.

En el ancestral simbolismo judaico, el fuego siempre encendido era como un sacrificio de adoración a Jehová. Por su poder penetrante y acción consumidora, ese elemento simbolizaba para los hebreos la santidad de Dios consumiendo sus pecados.

Para los romanos, Vesta era la diosa del hogar, de la familia, y del fuego sagrado. El culto romano a la misma se centraba en el fuego, y en el templo del Foro de Roma siempre estaban las vírgenes vestales cuidando que la llama sagrada no se apagara nunca.

Esta deidad femenina romana era la equivalencia de la diosa griega Hestia, en cuyo honor en las casas siempre tenía que estar encendido un fuego para proteger el hogar.

El “fuego consumidor”

El Nuevo Testamento también menciona un “fuego consumidor”. Hebreos 10:27 dice: “Sólo resta esperar con terror el juicio y el fuego ardiente que consumirá a los rebeldes”.

Más adelante, el capítulo 12: 29 define a Dios como “un fuego devorador”, en tanto que Apocalipsis 1:14 afirma que los ojos del Señor resucitado son como “llamas de fuego”.

Mucho tiempo después, el fuego fue usado por los cristianos como símbolo para purificar el alma y el cuerpo del hombre, es decir, para purificar la naturaleza humana.

No fue algo casual que en la Edad Media los tribunales católicos de la Inquisición utilizaran el fuego de las hogueras para “salvar las almas” de los herejes, y tampoco es casualidad que la referencia al fuego hasta hoy esté presente en las lecturas bíblicas o sermones de pastores y sacerdotes.

Para muchos cristianos de antaño, el infierno y el purgatorio eran elementos necesarios creados por Dios para purificar la naturaleza humana.

Sin embargo, estas alegorías de la virtud purificadora del fuego (infierno y purgatorio) en su momento eran solamente eso: alegorías, símbolos del fuego como agente purificador.

El problema vino cuando los que tradujeron las antiguas escrituras al latín no interpretaron bien dichas alegorías y difundieron la idea de que eran sitios literales de fuego.

Hasta hoy, a pesar de todo el tiempo transcurrido, mucha gente sigue creyendo que el infierno y el purgatorio son lugares físicos ubicados en el fondo de la Tierra.

Lo que realmente son

No profeso el catolicismo, pero estoy de acuerdo con lo afirmado en su momento por dos papas en el sentido de que el infierno no tiene una existencia real sino que está aquí, en la tierra, en nosotros y entre nosotros.

“El infierno es la situación en que se encuentra quien se aparta de Dios”, afirmó Juan Pablo II.

“El infierno no existe”, le dijo el papa Francisco al periodista Eugenio Scalfari, del diario “La República”.

Esos pontífices sabían que ni el infierno ni el purgatorio son lugares físicos con sus respectivos fuegos, sino estados mentales en los que un fuego simbólico de naturaleza espiritual es lo que realmente purifica el cuerpo y la mente del hombre.

Por último, sorprendentemente aún hay pastores predicando que el próximo fin del mundo será con fuego, no con agua.

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