¿Con qué dólares?

La semana dejó una secuencia de presión insostenible sobre las reservas. Tras un arranque moderado el miércoles, con ventas de USD 50 M, el jueves y viernes el drenaje superó los USD 1.100 M (USD 400 M y USD 700 M).

23 de septiembre 2025

Con 24 ruedas por delante hasta las legislativas, el cálculo es directo: a un promedio de USD 500 M diarios, el uso de reservas rozaría USD 12.000 M, muy por encima de las reservas netas hoy disponibles (USD 1.800 M).

En paralelo, el mercado financiero encadenó su ajuste: el CCL escaló cerca de 10% hasta $1.560 y las paridades de los bonos en dólares cayeron más de 10% en la semana. La liquidación abarcó Globales, Bonares y también los tramos cortos (Bopreales); el BPY26 perdió USD 4 en una sola rueda. En pesos, los CER retrocedieron ~10% en moneda local (casi 20% medidos en dólares), con bajas similares en tasa fija y duales; hasta las Lecaps más inmediatas marcaron tres ruedas en rojo.

El jueves primaba la sensación de que “algo tenía que cambiar”. Sin embargo, la comunicación oficial solo reafirmó el régimen de bandas, con Caputo afirmando que “vamos a vender hasta el último dólar”.

En simultáneo, el BCRA emitió una comunicación que prohibió a accionistas y gerentes de bancos realizar arbitrajes entre el oficial y los financieros (comprar oficial y liquidar MEP/CCL), para cerrar una vía de drenaje de reservas desde adentro del sistema. El alcance fue parcial —el arbitraje excede al universo bancario— y el costo fue más brecha, con mayor demanda en el mercado oficial por cobertura, cancelación de deudas y adelanto de importaciones.

La foto de flujos luce muy estrecha: el Banco Central dispone de USD 1.800 M de reservas netas y enfrenta vencimientos con privados por USD 1.200 M hasta fin de año. Aun con calma, ese cronograma consume casi todo el stock disponible. Y 2026 asoma con vencimientos por USD 10.500 M (mayormente con privados y algo con el FMI), imposibles de rollear en las condiciones actuales.

Todo esto se da muy a pesar de que el sector público consolidó otro mes de superávit fiscal en agosto. En el acumulado del año, el resultado primario asciende a 1,3% del PBI y el financiero a 0,4% (incluyendo intereses).

El sábado, el propio Gobierno confirmó que Milei se reunirá con Donald Trump el martes. Y ya circula como secreto a voces que se negocia un préstamo bilateral contingente vía el Exchange Stabilization Fund (ESF) del Tesoro de EE.UU.

El ESF, que en el pasado respaldó programas para México (1995) y Brasil (1998), cuenta hoy con activos totales cercanos a USD 219.000 M y activos netos por USD 42.000 M, con amplia discrecionalidad del Tesoro para su uso. El formato contingente permitiría activar dólares frescos ante eventos que comprometan los pagos.

Un eventual préstamo de EE.UU. podría cubrir los vencimientos de 2026 y despejar esa fuente de incertidumbre, aunque hay que esperar detalles porque hasta ahora no son más que rumores mediáticos.

Pero la inestabilidad de hoy es más simple y menos estructural: el régimen cambiario murió y el BCRA lo sostiene quemando reservas. Con 24 ruedas por delante, el margen operativo luce exiguo sin medidas más profundas. ¿Más cepo o fin de las bandas? La definición, a esta altura, es netamente política.

En un marco de descrédito de las encuestas, nos parece prudente volver a las bases. La confianza de los consumidores (medida por Di Tella) se mantuvo estable en septiembre, pero cayó 3,7% en el Interior y casi 1% en GBA. Dato relevante de cara a octubre.

Dinámica preocupante en el plano financiero

El tipo de cambio oficial llegó al techo de la banda y obligó al BCRA a intensificar intervenciones. Las ventas fueron de USD 50 M el miércoles, USD 379 M el jueves y USD 678 M el viernes, superando los USD 1.100 M en dos jornadas. Aun con ese esfuerzo, el dólar mayorista cerró la semana con un avance de 3% y el CCL trepó casi 10% hasta $1.560.

La presión cambiaria se trasladó a los bonos en dólares. Las paridades de Globales y Bonares retrocedieron más de 10% en la semana, y los títulos cortos también sufrieron. Los Bopreales y el BPY26 (vencimiento mayo 2026) estuvieron entre los más castigados: este último cayó USD 4 solo en la rueda del jueves. El ajuste mostró que el incremento de riesgo alcanzó tanto la deuda de más largo plazo como la de vencimientos inmediatos.

La deuda en pesos replicó la dinámica negativa. Los bonos CER cedieron en torno al 10% en moneda local (casi 20% en dólares), y los instrumentos a tasa fija y duales tuvieron caídas similares. Incluso las Lecaps más cortas se vieron afectadas: la que vence en 11 días acumuló tres ruedas en baja y la de un mes perdió 2,5%.

En paralelo, el BCRA publicó medidas regulatorias para limitar arbitrajes entre el tipo de cambio oficial y los financieros, apuntadas a directivos de bancos. Aunque de alcance acotado, buscaron contener la salida de divisas hacia el MEP y el CCL. La dinámica del viernes, sin embargo, mostró que la presión de demanda en el mercado oficial continuó.

El siguiente gráfico muestra con claridad esta correlación: el salto del CCL hacia $1.560 coincidió con la caída de la paridad del GD30 a la zona de 60 dólares, reflejando que la presión cambiaria y la liquidación de bonos estuvieron completamente sincronizadas.

El balance semanal combinó ventas netas récord del BCRA, suba del CCL y caída de las paridades soberanas, con un mercado de deuda en pesos que dejó de mostrar resiliencia frente a la corrección global y terminó alineándose a la baja.

Por mejores términos de intercambio, se sostiene el superávit

En agosto, la balanza comercial volvió a mostrar superávit: fueron USD 1.402 millones, aunque menor al del mismo mes de 2024. El resultado se dio en un marco de fuerte dinamismo tanto de exportaciones como de importaciones: las ventas al exterior sumaron USD 7.865 millones (+16,4% interanual), mientras que las importaciones llegaron a USD 6.463 millones (+32,4%).

En términos desestacionalizados, las exportaciones crecieron 2,4% contra julio y la tendencia-ciclo avanzó 0,9%. Las importaciones, en cambio, subieron 0,9% desestacionalizado, pero con tendencia-ciclo a la baja (-0,3%)

El detalle muestra que las ventas al exterior se expandieron casi por completo por mayores cantidades (+15,3%), ya que los precios solo subieron 0,9%. Las importaciones también tuvieron un fuerte crecimiento medido en volúmenes, pero la caída del 7,3% de los precios internacionales favorecieron a sellar el superávit comercial.

Este movimiento se reflejó en los términos de intercambio, que mejoraron 8,9% respecto a un año atrás, generando una ganancia de unos USD 692 millones. Es decir, Argentina compró más en volumen, pero con precios externos que jugaron a favor.

Esta noticia es importante ya que son estos los dólares que deben soportar la dolarización de activos en esta época pre-electoral.

El PBI pegó la vuelta: el segundo semestre en vilo

El Indec publicó esta semana la estimación del Producto Bruto Interno (PBI) del segundo trimestre. En la comparación interanual, la economía creció 6,3%, dato condicionado por la baja base de comparación: el piso de la recesión 2024.

Lo más relevante es la dinámica trimestral: en términos desestacionalizados, el PBI interrumpió tres trimestres de recuperación y cayó 0,1% frente a los primeros tres meses del año.

Aun así, la economía se mantiene en niveles elevados. El PBI está apenas 0,6% por debajo de su máximo histórico del 2T22. En un año, la actividad tocó el piso de la última década (-6,9% vs. máximos) y rebotó hasta valores cercanos a su récord, oscilando otra vez dentro de la banda de estancamiento que persiste hace más de diez años, con una población que creció 15% en el mismo período.

El freno del 2T ya se anticipaba en el EMAE, que adelanta la dinámica por el lado de la oferta. La publicación del PBI permite ahora observar la demanda agregada, desglosada en sus principales componentes:

  1. Consumo Privado: retrocedió 1,1% trimestral tras un máximo histórico en el trimestre previo. Representa el 76% del PBI y mostró en el último año una dinámica heterogénea: consumo masivo relegado y un boom de bienes durables que no se veía en años. Este último podría verse afectado por la volatilidad financiera del 3T.
  2. Consumo Público: único componente positivo (+1,1%), probablemente influido por la coyuntura electoral. Aun así, se ubica 5,4% por debajo de su pico histórico y 4% debajo de 2023.
  3. Formación Bruta de Capital Fijo: la inversión cayó 0,5% en el trimestre y sigue en niveles deprimidos, -6% frente al máximo de 2022. Era el componente llamado a motorizar el programa económico bajo el RIGI y la estabilidad macro, pero su estancamiento muestra que la desconfianza de capitales externos e internos persiste.
  4. Exportaciones netas: las exportaciones retrocedieron 2,2%, pero se compensaron con una caída mayor de las importaciones (-3,3%). Su aporte neto al PBI es limitado, pero la contracción importadora refleja menor demanda interna tras la liberalización cambiaria, tendencia que se acentúa en el 3T y favorece el superávit comercial.

En definitiva, la dinámica del PBI volvió a exponer la fragilidad estructural de la economía argentina, capaz de rebotar fuerte tras una crisis, pero sin lograr sostener un sendero sostenible.

Como venimos advirtiendo, los indicadores adelantados apuntan al unísono hacia el mismo sentido: la economía está en recesión.

Entre el ‘Risk Management Cut’ y el rally de activos

La reunión de la Reserva Federal fue el centro gravitacional de la semana y volvió a mostrar que, más allá de los matices del discurso de Powell, los mercados siguen midiendo cada palabra de la Fed para calibrar riesgos y posicionamiento. El recorte de 25 puntos básicos —con tono dovish en el comunicado pero un Powell más cauto en la conferencia— dio la señal de largada para un rally global de activos, con máximos históricos en el S&P 500 y el Nasdaq, euforia en tecnológicas y semiconductores, y un apetito renovado por emergentes, especialmente Brasil.

El mensaje fue doble: la Fed reconoció riesgos crecientes en el mercado laboral y justificó la baja de tasas como un “recorte por gestión de riesgos”. Ese lenguaje alcanzó para que los inversores descontaran la continuidad del ciclo de flexibilización, aunque Powell advirtió que la economía aún crece al 1,5% anual, con desempleo en 4,3%, y que “no hay caminos libres de riesgo”. El dot plot validó dos recortes adicionales este año y proyectó una tasa neutral en 3,125%, algo por encima de la estimación previa, confirmando que la Fed será más sensible a cualquier sorpresa negativa.

El rally bursátil tuvo un empuje extra: el acuerdo estratégico entre Nvidia e Intel en inteligencia artificial y semiconductores, interpretado como un hito para el sector. Nvidia subió 2,3% e Intel más de 20%, amplificando el entusiasmo hacia todo el ecosistema tecnológico. El timing fue perfecto: recorte de tasas y promesa de liquidez reforzando la narrativa de crecimiento para la IA.

Los datos macro acompañaron el relato. Las ventas minoristas en agosto y la revisión al alza del consumo sostienen la idea de una demanda interna firme, mientras que los índices manufactureros siguen mixtos (Empire State en -8,7 frente a un Philadelphia Fed en alza). La lectura es clara: el consumidor resiste, pero la industria aún no encuentra piso en un contexto de costos crecientes.

En paralelo, China evalúa un miniestímulo para frenar la desaceleración al 4,7% interanual, y la inminente llamada entre Trump y Xi reintrodujo especulación geopolítica en torno a TikTok y al comercio agrícola.

El resto de los bancos centrales actuó con cautela: Brasil mantuvo la Selic en 15% y el Banco de Inglaterra dejó su tasa en 4%, reconociendo riesgos inflacionarios. En Japón, el BoJ sorprendió con ventas de ETFs y REITs, una señal de normalización tras años de estímulo.

En términos de economía real, la lectura no es lineal. Un rally financiero genera mejores condiciones de inversión y financiamiento, pero la debilidad del empleo en EE.UU. y las tensiones comerciales mantienen la incertidumbre sobre el consumo. En Argentina, la semana fue totalmente distinta e inundada por el pánico, pero el contexto global sigue ofreciendo apoyo: la baja de tasas internacionales y el rebote brasileño mostraron cómo la liquidez externa puede derramarse en la región.

Los próximos datos de empleo e inflación en EE.UU. serán decisivos. Si confirman la trayectoria, el rally tendrá recorrido; si sorprenden al alza, el mercado deberá recalibrar apuestas. En todo caso, la semana dejó claro que Powell volvió a ser el coreógrafo de la danza global de activos, aun cuando repita que “no hay caminos libres de riesgo”.

Fuente: Dinámica – Economía y Estrategia

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