Desde un punto de vista estrictamente económico, fue una semana soñada para el Gobierno. S&P elevó la calificación soberana de CCC+ a B- con perspectiva estable y dejó a Argentina con dos de las tres principales agencias en el mismo escalón, después del movimiento previo de Fitch. No es un detalle técnico. Para muchos fondos globales, esa segunda confirmación cambia el universo de activos comprables y habilita mandatos que hasta ahora miraban desde afuera.
El gráfico de la semana resume ese giro. El Merval en dólares quedó en el máximo del año y acumula una suba de 28% desde el piso de marzo. El riesgo país cerró en 438 puntos, mínimo de la gestión Milei y menor nivel desde abril de 2018, con una baja de casi 200 puntos desde el pico de marzo. S&P además elevó la nota de YPF, YPF Luz, Aeropuertos Argentina 2000, EDEMSA, Genneia, Pampa Energía, Telecom y TGS. La mejora soberana empieza a derramar sobre el crédito corporativo.
Con esos precios, Argentina ya está en condiciones de emitir deuda. Todavía no son tasas baratas, pero sí son tasas posibles. A eso se sumó una ayuda externa relevante: la inflación núcleo de Estados Unidos no aceleró y el nuevo presidente de la FED dejó abierta la puerta a recortes este año. El IPC local de mayo, 2,1% mensual, completó el cuadro financiero favorable. Bonos, acciones, tasa y nominalidad jugaron esta vez para el mismo lado.
También hubo una novedad de fondo en la regu lación crediticia. El BCRA habilitó préstamos en dólares a empresas que no generan divisas, siempre que cuenten con garantías de exportadores. Es una flexibilización acotada, pero significativa para una regla heredada de la posconvertibilidad. Puede ampliar el mercado de crédito en moneda dura y, al mismo tiempo, muestra que el Gobierno ve con preocupación la baja tracción del financiamiento en pesos, aun con tasas más bajas desde hace meses.
Lo que opacó la semana no fueron los datos de actividad, aunque tampoco fueron buenos. En abril, la industria cayó 2,1% mensual desestacionalizado y la construcción retrocedió 4,0%. Son números drásticos, pero esperables por los indicadores adelantados.
Lo que desplazó la conversación fue el caso Adorni. Un jefe de Gabinete que admite haber omitido declarar medio millón de dólares y sale a explicar un pendrive con bitcoins no le genera al Gobierno un problema administrativo. Le genera un problema político central.
¿Cómo capitaliza el Gobierno una semana financiera casi perfecta si la conversación pública queda atrapada en la explicación patrimonial de su jefe de Gabinete?
Ese es el error imperdonable. Ningún upgrade, ningún mínimo de riesgo país ni ningún dato de inflación alcanza si el oficialismo pierde la posibilidad de ordenar su relato frente a la sociedad.
La economía puede abrir ventanas, pero la política puede cerrarlas. Si el ejecutivo no corta el tema de raíz, las buenas noticias rendirán cada vez menos.
SECCIÓN NACIONAL
La inflación se desaceleró en mayo
La inflación de mayo volvió a mostrar una señal de desaceleración. El IPC fue 2,1% mensual y la composición acompañó: bienes subió 2,0%, servicios 2,5% y la inflación núcleo quedó en 1,9%. Regulados avanzó 2,4% y estacionales, más volátil, fue el componente más alto con 3,5%. El número general ayuda a consolidar la idea de una economía con menor velocidad nominal.
Pero conviene mirar el gasto inflexible: aquello que las familias no pueden recortar fácilmente, como alimentos, vivienda, salud, transporte, comunicaciones y educación. En mayo, ese conjunto aumentó 2,5%. Es una desaceleración fuerte frente al mes anterior, pero sigue por encima del IPC. La brecha importa porque marca que el bolsillo puede sentir menos alivio que el que sugiere el promedio general, especialmente cuando la mejora todavía no es pareja entre rubros ni entre hogares.
El peso de alimentos vuelve a ser determinante. Alimentos y bebidas no alcohólicas subió 2,5%, en línea con el gasto inflexible, pero con fuertes diferencias internas. Verduras saltó 15,2%, lácteos subió 3,1% y pan y cereales 2,7%. En cambio, carnes avanzó apenas 0,3% y frutas cayó 5,4%. Esa dispersión explica por qué dos hogares pueden enfrentar sensaciones distintas aun con el mismo dato general de inflación.
Para que el consumo vuelva a repuntar de manera sostenida, no alcanza con que baje la inflación promedio: también tiene que ceder el gasto inflexible. Más aún cuando las pautas salariales suelen mirar la inflación general (en el mejor de los casos).
La recuperación todavía no encuentra ritmo
Abril dejó un llamado de atención para la recuperación real. Después del rebote de marzo, tanto la industria como la construcción volvieron a caer en la medición mensual desestacionalizada: la industria retrocedió 2,1% y la construcción 4,0%. En la comparación interanual, ambas quedaron 2,8% por debajo de abril de 2025.
El dato no alcanza para hablar de un cambio de tendencia, pero sí muestra que la mejora todavía no tiene tracción ni suficiente continuidad.
La diferencia aparece al mirar el acumulado contra diciembre. La industria todavía sostiene una suba de 0,8% en lo que va del año, mientras que la construcción ya queda 0,6% abajo.
En sectores muy sensibles al ingreso, al crédito y a las decisiones de inversión, esa volatilidad importa tanto como el nivel de actividad.
Las expectativas tampoco entregan una señal de aceleración. En la industria, ante la pregunta sobre cómo esperan que sea la situación empresarial de su negocio durante los próximos tres meses, 12,6% respondió “mejor” y 15,2% “peor”. El balance neto fue -2,6 puntos, el registro más bajo desde el período octubre-diciembre de 2025.
En la construcción, la cautela es incluso más visible. Para el trimestre mayo-julio, dentro de la obra privada, 9,4% esperaba mayor actividad y 15,1% esperaba una baja. El balance fue -5,7 puntos, el peor desde el período nov25/ene-26. Justamente, la obra privada debería ser uno de los canales naturales de transmisión de una macro más ordenada.
Sin una mejora más clara de expectativas, ventas e inversión, el crecimiento seguirá irregular.
Argentina asciende y ya juega otra liga
El miércoles, S&P elevó la calificación soberana de CCC+ a B- con perspectiva estable. Fitch ya había hecho lo mismo semanas atrás: con dos de las tres principales agencias en B-, Argentina cumple el umbral que muchos fondos institucionales globales requieren para iniciar o ampliar posiciones.
El mercado lo leyó de inmediato: los globales comprimieron más de 60 puntos básicos en una rueda, el riesgo país cerró en 438 puntos, mínimo de la era Milei, el Merval subió 7,3% en dólares y los Boncaps 2027 operaron por debajo del 2,0% TEM.
La segunda vuelta del AO28 mostró la magnitud del cambio: recibió USD 1.716 M en órdenes para apenas USD 100 M ofrecidos. La diferencia respecto del upgrade de Fitch no fue casual. El mercado esperaba a la segunda agencia para habilitar mandatos, y ese flujo contenido se liberó de golpe. Argentina volvió a entrar en el radar de una parte del capital global que podía mirar, pero no necesariamente comprar.
La mejora abre una pregunta que el equipo económico prefiere no responder todavía: ¿hace falta salir al mercado internacional de deuda? Los bonos largos rinden cerca de 9,0% TNA, incluso algunos llegaron a empezar con 8. Son condiciones accesibles para una primera emisión, pero exigentes. Angola y Pakistán, tras mejoras similares, sugieren compresión adicional de spreads de 25 a 50 puntos básicos si la demanda institucional se consolida. Esperar podría implicar emitir a 8% en lugar de 9%.
La lógica oficial parece ser esa: no apresurarse, acumular credibilidad y dejar que el mercado comprima rendimientos antes de colocar volumen relevante. Mientras las pantallas celebraban la calificación, el equipo económico avanzaba con el programa financiero en dólares para 2027. El lunes, el Boletín Oficial publicó el canje de Boncer del BCRA por AL35 y AE38, una operación técnica para mejorar el colateral de tres repos externos por USD 6.000 M, con capitales entre octubre de 2026 y abril de 2027.
El problema era concreto. Los dos primeros repos tenían como garantía Bopreal Serie 1, que vence en octubre de 2027 y no sirve para renovar pasivos más allá de esa fecha. El canje la reemplaza por Bonares con vida suficiente. Al día siguiente, el Tesoro confirmó la misma lógica en pesos: una licitación sin instrumentos a menos de 30 meses, tres nuevos duales CER/TAMAR al 2030 y rollover del 120%.
Werning anticipó además un préstamo con bancos internacionales respaldado por garantías multilaterales. El programa apunta a cubrir 2027 sin depender de acceso pleno al mercado, usando repos renovados y líneas de organismos como financiamiento de base. Recién después, cuando el mercado lo incorpore en precios, Caputo podría salir a cerrar 2028.
El IPC de mayo reforzó el clima favorable. En parte, confirma que la desinflación es compatible con tasas más bajas y una curva en pesos más ordenada.
En resumen, Argentina empieza a ser leída otra vez por mandatos globales. El paso siguiente es transformar esa mejora de precios en financiamiento estable, sin apurarse ni perder la ventaja conseguida.
SECCIÓN MUNDO
Otro principio de acuerdo Irán-EEUU, y van…
El lunes, la bolsa de Corea del Sur activó su mecanismo automático de freno tras caer 8,8%, el Brent superaba los USD 96 y la mezcla de tensión geopolítica con un mercado laboral estadounidense sólido condicionaba la primera reunión de la FED bajo Kevin Warsh.
Para el jueves, todo había cambiado. Trump anunció “un gran acuerdo” con Irán, el Brent cayó 4,5% hasta USD 86,45 y Asia volvió a operar con apetito por riesgo. El mercado pasó del estrés al optimismo en menos de 72 horas. El problema es que el acuerdo celebrado todavía no existe del todo.
El borrador de 14 puntos filtrado por la agencia iraní Mehr habla de reapertura del Estrecho de Ormuz en 30 días, levantamiento de sanciones petroleras y reconstrucción por USD 300.000 M. Irán, sin embargo, negó haber aprobado ese texto. Para Teherán, Washington retiró sus amenazas militares; no alcanzó un entendimiento definitivo. La diferencia no es menor.
La reconstrucción exigida sólo sería viable si el petróleo iraní pudiera venderse con mucha más libertad. Además, China, principal comprador del crudo iraní bajo sanciones y hoy con importaciones 40% por debajo del promedio de 2025, tendría que aumentar sus compras de manera significativa.
Si Ormuz se reabre, se desactiva buena parte del riesgo energético sobre la inflación y Warsh gana margen para sostener la pausa. Si no ocurre, el debate reaparece.
En ese contexto llegó el dato que condiciona la reunión del 16 y 17 de junio. La inflación de mayo fue de 4,2% interanual, empujada casi por completo por la energía, que subió 23,5% anual.
La sorpresa estuvo en la inflación núcleo: avanzó apenas 0,2% mensual, menos que el 0,3% esperado. A la vez, los salarios reales cayeron 0,7% interanual, el mayor retroceso desde principios de 2023.
Esa combinación -energía presionando, precios de fondo más contenidos y poder de compra debilitado- fue la ventana que Warsh aprovechó para sugerir que las tasas podrían bajar si la inteligencia artificial mejora la productividad y ayuda a contener precios. Pero los precios mayoristas volvieron a ensuciar el cuadro y elevaron la estimación del PCE núcleo, el indicador que más sigue la FED, a 0,4% mensual.
Si Warsh recorta, no sería porque la economía está en su mejor momento, sino porque el consumidor empieza a deteriorarse.
La decisión más reveladora de la semana no fue el dato ni esa señal de tasas, sino el silencio. Warsh llegó a su primera reunión sin explicar casi nada sobre su visión del ciclo, el shock energético o la aceleración inflacionaria. Tampoco se comprometió a conferencias de prensa regulares. Su premisa es que, cuando el banco central habla demasiado, termina condicionado por las expectativas que él mismo crea.
El contraste Europa fue nítido: el BCE subió tasas por primera vez desde 2023 y ya proyecta otra suba en julio. Ambos enfrentan el mismo shock energético, pero eligieron caminos opuestos.
Estados Unidos corre el riesgo de recortar antes de tiempo. Europa, el de repetir 2011 y subir tasas cuando la economía ya muestra fatiga. El acuerdo iraní le dio a Warsh un alivio inesperado, pero puede quitárselo igual de rápido.
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