En el ámbito de salud hay un rol que sigue pasando casi desapercibido: el de las puericultoras, esas profesionales que sostienen, contienen y acompañan a miles de familias en uno de los momentos más sensibles de la vida.
El camino de la gestación, el nacimiento y los primeros meses de crianza suele estar atravesado por preguntas, miedos y una sensación de estar “a prueba” todo el tiempo. La teoría abunda, pero la práctica desborda y ahi es donde aparecemos: en la habitación de un sanatorio, en una consulta en domicilio, en consultorio y hasta incluso a través de los mensaje en la madrugada.
Nuestro acompañamiento cubre un vacío que ningún otro profesional termina de ocupar por completo. No reemplaza a la obstetra, ni al pediatra, ni a la psicología perinatal: se articula con ellos. Y justamente por eso nuestro rol es imprescindible.
Observamos el cuerpo, escuchamos las emociones, miramos el vínculo, leemos la dinámica familiar y ayudamos a traducir necesidades que muchas veces ni siquiera están dichas: un bebé que llora sin consuelo, un pecho que duele, un posparto que angustia, unos padres que se sienten solos.
La puericultora está allí donde la teoría se encuentra con la vida real. Este trabajo cotidiano —que es clínico, educativo y emocional a la vez— no se refleja en estadísticas ni en presupuestos y a esto se suma la falta de regulación con respecto a la profesión.
En muchas oportunidades, la llegada a una puericultora depende del azar, del boca en boca o de la posibilidad económica de cada familia.
Contar con una puericultura es hablar de prevención porque una buena educación en lactancia reduce consultas médicas, internaciones por deshidratación, dificultades en el aumento de peso y complicaciones infecciosas. Un acompañamiento emocional temprano favorece el vínculo seguro, clave para el desarrollo infantil.
Nuestro acompañamiento y abordaje no es un “extra”, es una herramienta fundamental para la salud y el bienestar de la diada. Lo que se sostiene en la primera infancia impacta de manera directa en la salud física, emocional y social de las generaciones futuras.
Reconocer y validar nuestra profesión, es entender la importancia de contar con una profesional especializada y actualizada en lactancia materna y crianza respetuosa, acompañando a las familias desde el embarazo hasta la primera infancia con la mirada integral.
