viernes 5 de diciembre, 2025

“Por cada uno de los nuestros que caiga…”

Por Vidal Mario - Periodista, escritor, historiador

1 de septiembre 2025

70 años atrás, el 31 de agosto de 1955, Perón renunciaba a su cargo de Presidente de la Nación.

No lo hizo ante el Congreso, como lo manda la Constitución, sino ante su partido y la CGT.

En realidad, nunca había pensado seriamente en renunciar. Su dimisión era solamente una farsa, una de esas cosas que solía hacer “para la gilada”, como él decía.

Pero, por las dudas, la CGT ordenó una masiva concentración en Plaza de Mayo para expresarle su incondicional apoyo. Todos, al unísono, le pedían que retire su renuncia.

Perón salió al balcón a hablarles. Pero no habló de renuncia. Habló de violencia y de matar.

Estos son los puntos más sobresalientes de su tristemente célebre discurso, aquel 31 de agosto:

“Yo contesto a ésta presencia popular con las mismas palabras de 1945: a la violencia la hemos de contestar con una violencia mayor”.

“Ahora la consigna para todo peronista es contestar a una acción violenta con otra más violenta. Y cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de los de ellos”.

“Hemos de defender los derechos y las conquistas del pueblo argentino, aunque tengamos que terminar con todos ellos”.

“Que cada uno de ustedes recuerde que a partir de ahora la palabra es lucha. Se la vamos a hacer en todas partes y en todo lugar. Y deben saber que esta lucha que iniciamos no ha de terminar hasta que no los hayamos aniquilado y aplastado”.

“Pueblo y gobierno: hemos de tomar las medidas necesarias para reprimir con la mayor energía todo intento de alteración del orden. Yo pido al pueblo que sea él también un custodio. Si cree que lo puede hacer, que tome las medidas más violentas contra los alteradores del orden”.

“Veremos si con ésta demostración nuestros adversarios y nuestros enemigos comprenden. Si no lo hacen, ¡pobres de ellos!”

“Con nuestra tolerancia exagerada nos hemos ganado el derecho a reprimirlos violentamente. Y desde ya establecemos como una conducta permanente para nuestro movimiento: aquel que en cualquier lugar intente alterar el orden en contra de las autoridades constituidas, o en contra de la ley o la Constitución, puede ser muerto por cualquier argentino. Y esto no va sólo para los que ejecuten actos de violencia, sino que también va contra los que conspiren e inciten”.

“Modelo de hipocrecía”

El 4 de octubre de 1955, el ex vicepresidente de la Nación y presidente del Senado, Alberto Teisaire, recordó en un escrito difundido a nivel nacional que “ofreciéndo su renuncia al partido ya la CGT, Perón terminó de recibirse de modelo de hipocrecía y simulación”.

También señaló:

“Su decisión de renunciar precipitó mi renuncia y la de otros funcionarios y magistrados.

Estábamos convencidos que con nuestras respectivas renuncias le evitaríamos al país los trágicos días que ya veíamos venir.

Renunciamos porque sinceramente creimos que efectivamente él iba a hacer lo mismo. Todos creimos en la sinceridad de su decisión de renunciar por el bien del país.

Pero, apenas horas más tarde, Perón pronunció la violenta arenga del 31 de agosto.

Todos los que estábamos ahí con él nos quedamos frío cuando en lugar de hablar de su renuncia dijo que debíamos matar cinco adversarios por cada uno de nosotros”.

¿Perón estaba bien?

La citada arenga de Perón a sus partidarios provocó preocupación y alarma entre los opositores.

También generó sospechas, incluso entre sus propios partidarios, sobre su equilibrio mental. Parte de las Fuerzas Armadas igualmente expresaron su preocupación por la gravedad de la situación institucional que atravesaba el país.

Los generales Pedro Eugenio Aramburu y Eduardo Lonardi, ahora apoyados por el contraalmirante Isaac F. Rojas, intensificaron la lucha armada contra su régimen.

Veinte días después, Perón cayó y huyó del país en un hidroavión que le envió su amigo Alfredo Stroessner.

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