A días de concluir el 2025, el Gobierno sigue mostrando una política activa, ocupando siempre el centro de la escena: i) se modificó el esquema de actualización de bandas cambiarias; y ii) se impulsan reformas estructurales en el Congreso. Obviamente, toda decisión lleva sus costos asociados. La actividad económica se dinamiza, pero el mercado laboral no responde; mientras que la agenda de reformas exacerba tensiones políticas.
Como veremos más adelante, el Gobierno movió el ancla cambiaria y, por ahora, el mercado compró. A esto se suma una priorización en la acumulación de reservas que brinda mayor solidez a la macro a futuro.
El Gobierno cerró la semana con una agenda legislativa activa y de alto voltaje, formalizada en el temario de extraordinarias: empujó dos proyectos económicos que ya avanzaron y, en paralelo, dejó reformas estructurales en modo negociación —con timing más lento y costos políticos más altos—, lo que explica resultados disímiles entre iniciativas.
- Presupuesto 2026: obtuvo media sanción en Diputados y pasó a Senado, donde el oficialismo busca tratarlo el 26/12; es el eje ordenador de la agenda económica inmediata.
- Reforma Laboral: cuenta con dictamen de mayoría en Senado, pero el tratamiento quedó postergado (se reencamina para 10/02/2026), señal de que no hay acuerdo cerrado para la votación.
- Compromiso Nacional para la Estabilidad Fiscal y Monetaria: está en el temario y tuvo avance de comisión, pero no llegó a votarse en el recinto en la sesión clave; hoy aparece como “pendiente” dentro de extraordinarias.
- “Inocencia Fiscal”: también tuvo media sanción en Diputados y apunta a Senado (26/12); concentra la discusión política por su impacto sobre cumplimiento/impuestos y señales hacia la informalidad.
El gráfico de la semana es un termómetro concreto de si la normalización macro y las reformas empiezan a “bajar” a la economía real. Al 3T25, el PBI está 2% arriba del 3T23, con exportaciones sosteniendo el impulso (agro y energía), pero con una señal que todavía no acompaña: la inversión sigue 9% abajo del punto de partida. Hay recuperación, sí; todavía no hay un cambio de régimen en el componente que define capacidad futura.
La otra lectura es por abastecimiento: las importaciones están casi 9% arriba, lo que sugiere que una porción creciente de la demanda se cubre con oferta externa. Parte es normal en un proceso de recomposición y apertura, pero el equilibrio es delicado.
Será clave que las nuevas bandas y el esquema cambiario eviten un sesgo de apreciación que desincentive producción local, incluso en sectores competitivos. Si la demanda se vuelca a importaciones y la inversión no despega, el crecimiento puede quedar sin motor propio.
El año cierra como el gobierno lo imaginó, pero el partido recién empieza.
SECCIÓN NACIONAL
EL ANCLA SE MUEVE, EL MERCADO LO CONVALIDA
La semana dejó una señal nítida: el Gobierno decidió mover el ancla de su programa económico. Tras meses en los que la desinflación había dominado la toma de decisiones, el equipo económico empezó a devolverle centralidad a la acumulación de reservas, aun a costa de aceptar algo más de nominalidad en el corto. El mercado, lejos de castigarlo, convalidó la corrección.
El punto de partida fue cambiario. El Gobierno modificó la regla de actualización de las bandas, pasando de un 1% mensual a ajustar por inflación. El riesgo del esquema previo era claro: llegar a fin de año con un margen cada vez más estrecho y con reservas netas todavía negativas. Para ponerlo en números, al 1% la banda hubiera estado en $1720 a fin de 2026, mientras que ahora sería de $1862 (con una inflación del 20%). El cambio, no implica abandonar el régimen, sino hacerlo más consistente con la macro actual.
La reacción del mercado fue elocuente. Los bonos en dólares extendieron su rally y el riesgo país rozó mínimos de la era Milei (560 puntos). Tal es así que toda la curva legislación NY cerró en rendimientos de un dígito, encaminando la buscada apertura del mercado de deuda para renovar los próximos vencimientos (sea del 9-ene o los de julio).
En cuanto a las reservas, el Gobierno adoptó una postura más activa y, si bien las compras del Tesoro no parecen tan significativas, marcan un cambio de actitud. A esto se sumó un contexto externo algo más favorable, con la soja al alza y un notable flujo de emisiones en dólares por parte de empresas y provincias, que aportarán a la oferta de divisas (Chubut y Entre Ríos se preparan para colocar deuda internacional en enero).
Sin embargo, una mayor acumulación de RRII podría tensionar el proceso desinflacionario. Comprar USD implica emitir pesos o resignar anclas, y el margen para hacerlo sin costos no es infinito.
El mercado de pesos también leyó bien el cambio. Los bonos CER estuvieron muy firmes, con la parte larga comprimiendo 80 pb (ya debajo de 8%). En la curva tasa fija no hubo desarme abrupto ni pánico, sino una recalibración ordenada, coherente con un escenario en el que la inflación tarda un poco más en ceder y el tipo de cambio ya no asegura un carry en dólares: la parte larga estuvo un poco pesada, pero nada grave.
Hacia adelante, el desafío será sostener este nuevo equilibrio. Por ahora, el ancla se movió. Y, al menos esta vez, el mercado decidió acompañar.
DATOS COMPLEMENTARIOS A LA INFLACIÓN DE NOVIEMBRE
Esta semana, el INDEC dio a conocer el dato de inflación mayorista de noviembre, marcando una aceleración en el margen. El Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) registró una suba mensual de 1,6% (+0,5 p.p. vs octubre) y acumuló un aumento de 23,2% (y +24,3% i.a.).
Analizando el origen de los bienes, los importados cayeron un 0,6% m/m, mientras los productos nacionales crecieron un 1,8%, reflejando un pass-through todavía contenido en un contexto de mayor estabilidad cambiaria post elecciones.
Al interior del índice, las mayores incidencias al alza provinieron de productos agropecuarios (0,51 pp), refinados del petróleo (0,41 pp), alimentos y bebidas (0,30 pp) y vehículos automotores, carrocerías y repuestos (0,21 pp), mientras que el petróleo crudo y gas aportaron a la baja (-0,55 pp).
Por su parte, el costo de la construcción en el Gran Buenos Aires mostró una suba de 2,5% mensual y ya se sitúa en niveles históricamente elevados, similares a los de 2017/18. En términos interanuales, el índice alcanzó un 31,6%.
En contraste, los materiales registraron una suba más acotada (1,4%), mientras que los gastos generales avanzaron 1,8%, afectados por actualizaciones tarifarias.
Con todo, el costo de la construcción continúa reflejando con mayor intensidad la dinámica salarial y regulatoria. Esta divergencia seguirá siendo un elemento central a monitorear para evaluar la evolución de márgenes y decisiones de inversión en el sector durante los próximos meses.
EL TIPO DE CAMBIO SE CALMÓ, LA INFLACIÓN (POR AHORA) NO
En la semana, el INDEC público dos informes fundamentales para entender la dinámica estructural de la economía: los “Agregados Macroeconómicos (PBI)” y el informe de “Mercado de Trabajo”.
El primero confirma lo que ya venimos adelantando en semanas previas: la economía creció en el 3er trimestre (+0,3% t/t s.a. y +3,3% i.a.) y alcanzó niveles récords de actividad para igual periodo. Pero, con estos nuevos datos ahora es posible desagregar la dinámica por el lado de la demanda.
El consumo privado (históricamente principal componente de la demanda), registro una suba del 0,2% t/t y acumula un crecimiento del 5,3% interanual. No obstante, todavía se ubica muy lejos de sus niveles máximos: -4,0% vs. 3T13 y -2,6% vs. 3T17. Con un PBI en niveles récords, esta combinación implica una perdida estructural del consumo en la demanda agregada; tendencia que, si bien se viene revirtiendo desde 2022, lo hace a paso lento.
Especialmente en el último año, el avance del consumo privado se dio de manera muy heterogénea hacía adentro. Conviviendo con un rezago persistente del consumo masivo, donde el ejemplo más claro es el relevamiento comercial de INDEC: las ventas de supermercados no solo son un 11,5% inferiores a las de 2023, también se ubican un 19,1% por debajo del 3T17.
El otro componente de la demanda a destacar es la “inversión” (Formación Bruta de Capital Fijo) que se contrajo un 6,0% t/t y concatena su segundo trimestre de caída frente a un contexto de incertidumbre política pre-electoral. Aun así, se ubica +10,3% interanual, sumado a un panorama político ya despejado desde el 26O y una agenda de reformas en curso las condiciones se perfilan para un 4T en terreno positivo.
Por su parte, el mercado laboral marca el contrapunto de una economía que crece pero que no termina de traducirse en nuevos puestos de trabajo, o al menos no a las mismas velocidades. La tasa de desempleo cayo a 6,6% (-0,3 p.p. i.a.), pero todavía
es superior al 3T23 (5,7%), con un PBI que creció 1,3% en igual periodo.
En base a la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), el informe de mercado laboral deja algunos matices que vale la pena analizar:
- Al igual que en 2024, se registra un magro crecimiento de la Población Económicamente Activa (PEA), que contempla aquellas personas que tienen o buscan empleo activamente. En el 3T25 la tasa de actividad paso a 48,6% (+0,4 p.p. vs. 2023).
- A la par, la cantidad de personas empleadas aumento en 210.000 (vs. 2023), dejando una tasa de ocupación virtualmente constante en 45,1% (personas empleadas sobre la población total).
- No obstante, se observa una profundización del mercado informal en Argentina y una pérdida de puestos registrados. En números, el mercado informal creó 296.000 puestos nuevos (y la tasa de informalidad se ubicó en 43,9% de los ocupados); mientras proyectamos que se perdieron cerca de 86.000 puestos de trabajo registrados.
Esto se verifica al analizar los datos oficiales de SIPA, que registran el universo completo del empleo formal, y de hecho da luz de un panorama aún más pesimista. Si consideramos la totalidad del empleo registrado tanto en relación de dependencia como independientes (excluyendo el monotributo social), la pérdida de empleo es de 132.000 puestos entre el 3T25 y el 3T23.
Más allá de la compensación vía sector informal, la economía argentina apunta a cerrar un 2025 con una tendencia no tan deseada: crecimiento económico sin generación de empleo genuino.
SECCIÓN MUNDO
EL FIN DE LA POLÍTICA MONETARIA GLOBAL SINCRONIZADA
El cierre de 2025 deja una imagen poco habitual para los mercados globales: los principales bancos centrales ya no se mueven en bloque.
Lejos del sincronismo que caracterizó a los ciclos post-pandemia, el escenario actual muestra estra-tegias divergentes, ritmos dispares y objetivos que empiezan a chocar entre sí. Este desacople es, uno de los rasgos más relevantes con los que el mundo financiero se encamina hacia 2026.
En Estados Unidos, la Reserva Federal terminó el año con su último recorte de tasas y una señal explícita de “wait and see”. La tasa de desempleo alcanzó el nivel más alto en cuatro años (subió a 4,6% en noviembre) cy se consolida como la principal variable de reacción del FOMC. La inflación, en cambio, parece haber pasado a un segundo plano.
El último dato de precios mostró un IPC general de 2,7% interanual y un core de 2,6%, ambos por debajo de lo esperado, aunque afectados por distorsiones estadísticas derivadas del shutdown gubernamental. El mensaje es claro: privilegiar que no se enfríe el mercado laboral, aun a costa de tolerar una inflación más persistente.
Sin embargo, esta postura más flexible no se traduce automáticamente en un alivio financiero. A pesar de las expectativas de recortes para 2026, el rendimiento del Treasury a 10 años se mantiene en torno a 4,15%, apenas por debajo de los máximos recientes. El mercado parece aceptar que la Fed puede influir sobre la parte corta de la curva, pero no sobre las tasas largas, donde pesan con mayor fuerza las expectativas de inflación de largo plazo, la mayor oferta de deuda y una prima por riesgo fiscal más elevada.
Mientras tanto, en el viejo continente, el Banco Central Europeo mantuvo las tasas sin cambios. Las últimas proyecciones muestran un crecimiento moderado de la eurozona para 2026 (1,2%) y una inflación que converge lentamente hacia la meta
con un 1,9% esperado para el próximo año. En este contexto, el BCE se autopercibe en un “buen lugar”: una política neutral que no estimula, pero tampoco enfría de forma agresiva. Por su parte, el Banco de Inglaterra recortó 25 pb y llevó la tasa a 3,75%, en una votación dividida (5-4) que refleja tensiones internas similares: desinflación en progreso, pero sin margen para un relajamiento acelerado.
El caso más disruptivo es el de Japón. El Banco de Japón subió su tasa de referencia a 0,75%, máximo en tres décadas, marcando un punto de inflexión tras años de política ultraexpansiva. La decisión empujó al rendimiento del JGB a 10 años por encima del 2% por primera vez en casi 20 años, en un contexto donde la inflación subyacente ronda el 3%. Así, Japón abandona gradualmente la represión financiera y se suma, aunque con retraso, al proceso global de normalización, con un impacto relevante para flujos de capital y mercados de tasas.
Este mosaico de políticas explica buena parte del comportamiento reciente de los activos financieros. Las acciones cerraron la semana al alza, la volatilidad continuó comprimiéndose y el dólar se mantuvo estable. Los bonos soberanos mostraron presiones alcistas en tasas largas y los commodities operaron mixtos (bien metales, flojo energía). Por último, los emergentes pagaron los platos rotos de un entorno menos benigno para el riesgo y un ancla monetaria global que va perdiendo coherencia (cayeron 1,1%).
De cara a 2026, el desafío para los inversores será navegar un mundo menos ordenado desde el punto de vista monetario. La era del “todos recortan juntos” quedó atrás, y surge un régimen fragmentado, donde la selectividad, la lectura fina de cada banco central y el entendimiento de las dinámicas de tasas largas serán claves. La política monetaria sigue siendo importante, pero ya no es el único ni el principal motor de los mercados.





