Luís Landriscina: Un caso serio de humor absurdo

Por Vidal Mario - Autor del libro “Landriscina: Un mundo de amor y de humor

9 de diciembre 2025

La decisión de la Legislatura chaqueña de consagrar Día del Humorista Chaqueño al 19 de diciembre década año es digna de ser apoyada.

Se trata de un justo homenaje a alguien que tiene un estilo único e irrepetible en ese campo: Luís Landriscina.

Tal fecha será propicia para recordar no solamente su rara virtud de magnetizar multitudes, sino también para recordar sus cuentos siempre cargados de imágenes costumbristas y de tonadas incomparablemente pronunciadas con ingenio y delicadeza.

Cada año, esa fecha servirá para recordarlo como lo que era y como lo que es: un mago del humor absurdo.

Un detallista como nadie. Un agudo observador de usos y costumbres. Un maestro que protagoniza magistrales actuaciones de hasta noventa minutos valiéndose tan sólo de la memoria, de la imaginación y de una gran sensibilidad popular.

De él nunca se podía ni se esperar una grosería, un gesto inadecuado, una broma de mal gusto.

Todos y cada uno de sus cuentos reflejaba y refleja que era y es realmente un caso serio de humor absurdo.

Un tipo de humor que también lo expresó magistralmente en su memorable “Don Verídico”, personaje que merece una mención especial.

Absurdo, y fantástico

“Don Verídico” nació en el Uruguay como fruto de la inspiración del periodista Julio César Castro (“Juceca”).

Don Luís lo llevó a la cima de la fama cuando en el año 1980 lo trajo a la Argentina.

Además de televisión, ocupó durante diez años las mañanas de Radio Rivadavia donde, junto con Héctor Larrea, convirtió a “Don Verídico” en uno de los personajes más queridos del Río de la Plata.

Su impacto entre la gente fue tal que los empleados de una fábrica pidieron cambiar la hora del almuerzo para que coincidiera con el horario de emisión del micro de “Don Verídico”.

Nadie quería perderse a ese cultor del humor absurdo que iba a una pulpería llamada “El Resorte” a hablar de insólitos personajes cuyos nombres eran igualmente insólitos.

“Don Verídico” era un viejo mentiroso y fabulador, un exagerado que no tenía límites y que todo lo agigantaba.

Era capaz de querer hacer creer que una vez fue al circo a ver gallinas que patinaban sobre hielo.

Hablando de circo, un día se acordó de “Benemérito Sumiso, ese mismo que dos por tres iba preso porque era muy retobado. Un día se ofreció como domador de leones en un circo venezolano que llegó al pago. El león de ese circo era de un carácter insoportable, y ya se había comido al domador y a un caramelero”.

Así, hablaba y hablaba sin parar un segundo. Era una catarata de palabras lanzadas en esa pulpería siempre llena de esperpentos que no hacían otra cosa que comer entre mugres y pobreza.

A veces hablaba de los “animalitos de Dios”, ocasiones donde junto al perro “Garufa” hacía desfilar suculentas historias de gatos, jirafas, elefantes, loros y caballos.

En una oportunidad, le avisó a Héctor Larrea que en cualquier momento iba a caer con uno de esos animales, para que el mismo animal contara personalmente su historia.

“¡Éste no es lugar para compartir con animalitos!”, le respondió su interlocutor.

“¿Cómo no?, ¡si recién vi una mosca dando vueltas al micrófono!”, replicó él, enojado.

Larrea replicó que “la mosca no es un animalito”.

“¿Qué es entonces, un mueble?”, retrucó “Don Verídico” y, sin darle tiempo al otro a reaccionar, siguió “explicando”:

“La mosca es un insecto díptero de la familia de los braquiceros, no sé si conoce. De los braquiceros conocí al menor, Yugular Braquicero, el casau con Timorata Gandul. ¿Sabe cuál era la principal ambición de Yugular Braquicero? No hacer nada”.

Siguió diciendo: “Los hermanos braquiceros eran cinco, los otros cuatro eran: Apocado, Diminuto, Abreviado y Menudito, que supo estar casado con Compungida Bravata, que eran cuatro hermanas, a saber: Pesarosa, Deprimenda, Llorosienta y la tal Compungida”.

En otra ocasión contó la historia de “Gedentino Sotreto”, padre de Maloliente, Oloroso y Hedentino.

Se descolgaba después con desopilantes historias que tenían como protagonistas a personajes llamados “Duvija”, “Rosadito Verdoso”, “El Tape Olmedo”, “Ministerial Previsto”, “Placentero Dolido”, “Dezmezuro Zoquete”, “Lapidaria”, “Funebrera”, “Cementeria” y “Catacumba Fiestita”.

Sobre la tal “Cementeria” contó: “Una vez uno la invitó a bailar un pericón con relaciones, ella se le enojó porque aquel lugar no era el más apropiado para tener relaciones.

A otro que la invitó a bailar un cielito ella le dijo que no conocía el cielito, entonces él la sacó para afuera, cosa de mostrarle el cielito, la lunita, las estrellitas”.

Un poeta peligroso

 Un día, en uno de sus programas, le contó a Larrea la singular historia de un poeta muy peligroso llamado Pirilín Trillín.

Sobre éste poeta, contó lo siguiente:

“Hombre de letras, verseador de la palabra escrita donde se le cuadraba. Le daba lo mismo escribir en un papel, en una pared o en el tronco de un árbol. Escribía sonetos, cuartetas, décimas y millonésimas. Todos los árboles del pago tenían poemas de él.

La gente no lo invitaba porque si se descuidaba era capaz de escribir un poema en el ropero. El problema era que él escribía con un cuchillo.

Era un loco por escribir con el cuchillo donde se le ocurriera, y donde llegaba Pirilín Trillín todo el mundo se ponía cuerpo a tierra. En los bailes ponían en el techo a uno para que avise si él se acercaba, y en cuanto el vigía gritaba “¡Pirilín Trillín a la vista!”, en la pista no quedaban ni los músicos”.

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