Los evangelios y sus contradicciones

Por Vidal Mario - Autor del libro “El Jesús de la Historia"

2 de marzo 2026

Debido a las notorias contradicciones y disidencias en que incurren sobre el tema, los cuatro evangelios (que no son textos históricos sino teológicos) no ayudan mucho a esclarecer lo que sucedió con Jesús luego de su crucifixión.

A razón de una versión por evangelio, hay cuatro versiones diferentes al respecto:

1).- “Evangelio de Mateo” dice que dos mujeres fueron a ver el sepulcro, que hubo un terremoto, que del cielo bajó un ángel que dejó “como muertos” a los guardias, y que después removió la piedra de la entrada de la tumba para sentarse sobre la misma.

2).- “Evangelio de Marcos” dice que no fueron dos sino tres las mujeres que fueron a la tumba, pero no menciona ni terremoto, ni ángel removiendo la piedra, además de afirmar que para cuando ellas llegaron dicha piedra ya estaba removida.

Según éste mismo evangelio, tampoco había guardias romanos, y las mujeres no vieron ángel alguno sentado sobre la piedra. Dice que lo que vieron fue un muchacho dentro de la cueva, sentado a la derecha del cadáver de Jesús.

3).- “Evangelio de Lucas” dice que no fueron dos (como dice el primero de los citados evangelios) ni tres (como consigna el segundo de los evangelios señalados) sino un montón las mujeres que se acercaron a la tumba. Aquí tampoco hay terremotos, ni guardias romanos, ni ángel sentado sobre una piedra, ni joven dentro de la cueva.

Más bien asegura que dos hombres (los cuales no aparecen en los otros tres evangelios) se acercaron a ellas para avisarles que Jesús se les aparecería en Emaús, lo cual añade más contradicción: los dos evangelios anteriores dicen que Jesús se les aparecería en Galilea, no en Emaús.

Aquellos dos primeros evangelios no citan a Pedro, quien en éste tercer evangelio sí aparece, corriendo para informar que Jesús había desaparecido de la cueva.

4).- “Evangelio de Juan” afirma que solamente María Magdalena fue a “ungir” el cadáver de Jesús. Dice que entró a la cueva, que la encontró vacía, y que cuando salió fuera aparecieron dos ángeles adentro, sentados en la ya desocupada mesada donde había estado el supuesto cadáver del Maestro.

Según este mismo Evangelio, Jesús se le apareció única y solamente a María Magdalena.

La cuestión es que hay cuatro versiones diferentes y muy distintas entre sí sobre la supuesta resurrección de Jesús.

Lo cual no se entiende si, como se afirma, los autores de los evangelios escribieron bajo inspiración y guía Dios.

Si fueron escritos bajo semejante guía, no se explica tan flagrantes contradicciones sobre la misma cosa la misma.

Tampoco se entiende lo de la resurrección “al tercer día”. Según esas mismas “inspiradas” Escrituras, el domingo a loa mañana Jesús ya no estaba donde lo habían llevado.

Dicho de otro modo, entre viernes a la noche y el sábado se había ido o lo habían sacado de allí.

El rechazo de los discípulos

Es muy difícil entender, igualmente, la increíble actitud de los discípulos rechazando la desaparición de Jesús de la cueva.

Se cuenta que estaban reunidos en Jerusalén cuando las mujeres vinieron a decirles que Jesús había desaparecido, pero calificaron a lo que escuchaban de “desatino de mujeres”, y no les creyeron.

Si habían compartido con Jesús los pasados tres años, si lo vieron haciendo milagros que incluyeron la resurrección de la hija de Jairo y de Lázaro, si les dio potestad también a ellos para hacer las mismas cosas que él hacía, si varias veces les dijo que lo matarían y que al tercer día resucitaría, ¿cómo es que rechazaron la posibilidad de que Jesús hiciera un milagro en sí mismo resucitando y desapareciendo de la cueva-tumba donde lo habían llevado?

Aún más sospechosa es la incredulidad de esa gente si se tiene en cuenta los portentosos acontecimientos sobrenaturales que según “Evangelio de Mateo” (otra rareza: los otros tres evangelios ignoran esto) cayeron sobre Jerusalén ese viernes a la tarde.

Según el autor, al que se identifica como Marcos, durante tres horas en Palestina el día se volvió noche por una densa oscuridad que se abatió sobre la región.

Relata después otros hechos tan espectaculares que merecerían ser la mayor noticia de ese siglo, pero de los cuales nadie en Israel (salvo quien haya escrito “Evangelio de Mateo”), se enteró.

El capítulo 27:50 al 53 dice “Jesús dio un fuerte grito y entregó su espíritu. En aquel momento el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo, la tierra tembló, las rocas se partieron y los sepulcros se abrieron y muchos hombres de Dios que habían muerto volvieron a la vida. Salieron de sus tumbas y entraron en la santa ciudad de Jerusalén, donde mucha gente los vio”.

¿Cómo fue que ni con la noche de tres horas en pleno día que se abatió sobre Palestina, de terremotos, de montañas que se partieron en dos, e incluso de muertos que saliendo de sus tumbas entraron en Jerusalén a la vista de todos, ni aun así sus discípulos creyeron en la resurrección de su Maestro?

Sólo hay dos explicaciones: o esos hombres padecían de alguna discapacidad mental que no les permitía darse cuenta de las cosas, o los referidos episodios fueron inventos escritos a propósito para apoyar la teoría de la divinidad de Jesús, que la Iglesia Católica impuso en el siglo III D.C.

El dogma de que Jesús es tan Dios como Dios fue establecido tres siglos después de su muerte en un Concilio que se realizó en el palacio de verano que el emperador Constantino tenía en Nicea (hoy Turquía), el cual comenzó el 20 de mayo del año 325 y terminó el 25 de julio de ese mismo año.

En ese conflictivo cónclave, la parte romana de la Iglesia Católica impuso a la fuerza la creencia de que Jesús fue muerto y sepultado, que bajó a los infiernos, que resucito al tercer día, que subió a los cielos, y que allí está, sentado a la derecha de Dios, esperando volver a la tierra para encabezar otro fin del mundo.

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