Informe económico - Sinceramente

Esta semana, toda noticia o novedad económica quedó obnubilada por un hecho de indudable trascendencia histórica en la Argentina: la condena firme a Cristina Fernández de Kirchner en la causa Vialidad.

17 de junio 2025

Este terremoto abre muchos escenarios a futuro. ¿Será el final del kirchnerismo o saldrá fortalecido con una CFK liderando la oposición mientras cumple su condena? ¿Cómo impactará esto en el armado de alianzas y listas para las elecciones de octubre?

Claro está, estas preguntas todavía no tienen respuesta. Y la notable cautela del Ejecutivo para hacer declaraciones sobre este hecho marcan que la incertidumbre es generalizada.

Más aun, la reacción del mercado también fue muy difusa. Si bien este no fue el único evento trascendental de la semana (ver sección internacional), lo cierto es que, si CFK es dueña del todavía muy elevado riesgo país de la Argentina, esta semana debió haberse desplomado. Y no pasó nada parecido.

Con CFK fuera del tablero político, con un acuerdo con el FMI mucho más generoso de lo esperado, habiendo salido del cepo y con una victoria contundente del oficialismo en CABA (bastión del PRO), el riesgo país sigue bien encima de los 650 pbs, todavía muy arriba del piso alcanzado en enero (559).

Este indicador se complementa con la dinámica de los depósitos en dólares. A pocas semanas de anunciado el plan para que los argentinos saquen sus dólares del “colchón”, el stock de depósitos del sector privado no repuntó. ¿Qué está pasando?

Las reservas del BCRA son el “secreto a voces”. El mercado ya descontó que Milei es sinónimo de equilibrio fiscal y que los costos de este equilibrio fiscal tienen validación social, pero el frente externo no se despeja solamente con las cuentas ordenadas.

A pesar de que la impronta fiscalista del Ejecutivo lo llevó a sostener eso durante todo este tiempo, la prórroga que el FMI le dio a la Argentina para acercar sus reservas a las metas preestablecidas fue motivo suficiente para que el equipo económico anunciara esta semana un giro táctico en el programa.

¿Por qué decimos táctico? Simplemente porque no se trata de un cambio de dirección, sino que se comenzaron a introducir algunas herramientas que hasta hace poco no estaban sobre la mesa.

Sin ahondar en los detalles, que serán desarrollados más adelante, el Gobierno salió del cepo y fue muy claro en dos cuestiones:

  1. No se realizarían compras entre las bandas, sino que el BCRA o el Tesoro sólo comprarían cuando toque la banda inferior.
  2. La apertura del cepo se diferenciaría de 2016-19 en algo fundamental: no se permitiría la entrada de capitales de cortísimo plazo gracias a la obligación de que permanezcan, al menos, 6 meses una vez ingresados al país.

Un comunicado del BCRA borró de un plumazo ambos aspectos, sumando la posibilidad de emitir deuda en pesos a suscribir en dólares por hasta USD 1.000 M por mes hasta fin de año.

La falta de contundencia en la recepción de estas medidas por parte del mercado sigue dejando sabor a poco, pero este sinceramiento nos parece positivo, en tanto que intenta desatar el nudo que todavía tiene la economía local.

Con un déficit de cuenta corriente inevitable (en el segundo semestre el Agro dejará de aportar significativamente y las importaciones crecen mes a mes) y con una demanda de dólares para atesoramiento relevante (USD 2.010 M en la segunda quincena de abril), acumular reservas requiere de la entrada de capitales financieros. 

Sección nacional

La reformulación del programa económico

Con el objetivo de reforzar el frente externo y compensar ese desvío, el Gobierno desplegó una serie de medidas tendientes a incrementar las reservas por la vía financiera. En primer lugar, el BCRA concretó un nuevo repo por USD 2.000 M con bancos internacionales, utilizando como garantía el Bopreal 1-D, a una tasa del 8,25% anual, ligeramente más favorable que el repo anterior de enero. Al mismo tiempo, el Tesoro habilitó la emisión mensual de instrumentos en dólares por hasta USD 1.000 M, accesibles también a inversores locales, con el objetivo de captar divisas sin presionar el mercado cambiario.

Este esquema —complementado con la posibilidad de que el Tesoro compre dólares dentro de la banda cambiaria y la eventual incorporación de privatizaciones como fuente de ingreso— busca construir reservas netas por fuera del canal comercial.

En paralelo, se anunciaron nuevas flexibilizaciones al cepo financiero. El BCRA eliminó el plazo mínimo de permanencia de seis meses para no residentes que ingresen dólares por el MULC o participen en colocaciones primarias del Tesoro con instrumentos de vencimiento superior a seis meses. Y la CNV eximió del límite diario de $200 millones para transferencias al exterior de títulos públicos adquiridos en primario por inversores del exterior.

Ambas medidas apuntan a reabrir parcialmente el mercado local al capital extranjero. Esto complementaría el incentivo de precios que ya está vigente en el mercado con las tasas en pesos en estos niveles.

Si bien es cierto que la cobertura en Rofex está algo elevada (un Boncap a dic-25 cubierto con futuros rinde 5,0% —ver gráfico—, lo que rinde un bono del Tesoro de EE.UU.), los inver sores offshore pueden tomar el riesgo cambiario y apostar a que el tipo de cambio se mantenga contenido.

A pesar de esta batería de anuncios que, en teoría, deberían haber sido bien recibidos por el mercado y más aún en una semana donde las tasas libres de riesgo globales cayeron los bonos soberanos en dólares mostraron una respuesta contenida. Una hipótesis plausible para explicar esta reacción es que el mercado desconfía de las vías elegidas para acumular reservas.

En lugar de valorar positivamente la mayor apertura financiera y el acceso a financiamiento externo, los inversores parecen demandar señales más contundentes de sostenibilidad estructural: quieren que el fortalecimiento del balance externo provenga del superávit de cuenta corriente, no del endeudamiento o del ingreso de capitales especulativos. En otras palabras, la acumulación de reservas vía colocaciones o repo es vista como una solución táctica y transitoria, no como una garantía de consistencia de mediano plazo.

En el plano político, la sentencia contra CFK abre una etapa de redefinición en la dinámica electoral. Con el plazo para el armado de alianzas venciendo el 9 de julio y la oficialización de candidaturas el 19, el corrimiento forzado de una figura central reordena el tablero en un momento delicado en lo económico.

Bastante se especuló con que el impacto iba a ser positivo para el mercado, pero evidentemente la expectativa es otra: un horizonte de sustentabilidad macroeconómica que no dependa exclusivamente de la creatividad financiera.

La prórroga del FMI para la aprobación de la primera etapa del programa parece enmarcarse en esta reorientación programática de salir a fortalecer las reservas. ¿Alcanzará?

La dinámica de precios sigue dando buenas noticias

Finalmente, el dato oficial de inflación publicado por INDEC para el mes de mayo fue de 1,5%. El logro no es menor, ya que no sólo implica una desaceleración fuerte respecto a abril (2,8%), sino que consolida la desinflación en un contexto de liberación de las restricciones cambiarias. Volver a un esquema de flotación (entre bandas) conlleva riesgos y el Ejecutivo sorteó con creces esta primera etapa, al menos en materia de precios.

La nota la dieron los alimentos y bebidas, que crecieron tan solo 0,5% en el quinto mes del año, mientras que los rubros con mayor aumento fueron Comunicación (4,1%), Restaurantes y Hoteles (3%), Salud (2,7%) y Vivienda y Tarifas (2,4%).

Más allá de la mano que dieron los productos estacionales (-2,7%), especialmente las frutas y verduras (-7%), la película de la desinflación sigue su curso. De hecho, la inflación core fue de 2,2%, siendo así 1 p.p. menor a la de abril.

Visto de otra manera, INDEC publica todos los meses el seguimiento de 59 productos de la canasta básica con referencia en GBA. Como puede verse en el gráfico, en mayo el 34% de los precios aumentaron más de 2%, la menor marca de toda la gestión de LLA. En la misma línea, el 37% de los productos tuvo aumentos menores al 2%, mientras que casi un tercio retrocedió respecto a abril.

La construcción y la industria rebotaron en abril

La dinámica de la actividad sigue siendo una fuente de incertidumbre ya que en marzo vimos un retroceso bastante profundo en medio de la volatilidad financiera y, tras la salida del cepo, comenzamos a relevar los primeros indicadores oficiales.

Esta semana INDEC dio a conocer los números de construcción e industria de abril. En cuanto al primero, el indicador sintético de la actividad (ISAC) creció 5,1% respecto a marzo y 26% respecto a abril del año pasado.

Si bien esta última cifra puede parecer extraordinaria, recordemos que en el cuarto mes de 2024 la construcción había caído casi 37%, por lo que hoy en día sigue 21% por debajo de 2023. De hecho, ninguno de los insumos relevados está por arriba de los volúmenes demandados en aquel año.

Este rebote de abril logró recuperar con creces lo perdido en marzo, pero recordemos que en mayo ya tenemos datos desfavorables de despacho de cemento (-7% vs abril).

En cuanto a la industria, en abril también se dio una recuperación (+2,2% mensual), pero no logró revertir el fuerte traspié del mes anterior (-4%).

Al igual que la industria, la variación interanual (+8,5%) vende un falso optimismo. De hecho, como vemos en el gráfico, de los 68 subsectores industriales, el 69% está creciendo vs abril de 2024 pero solo el 19% lo hace vs abril de 2023.

La reactivación económica viene algo más lenta de lo esperado, pero la buena noticia es que lo de marzo fue un tropiezo.

Dinámica de la industria por subsector | % de sectores creciendo/retrocediendo vs. t-12/24

Seccion internacional

De guerra en guerra

La semana comenzó con una combinación de señales mixtas desde la economía real y el frente financiero. Según la Fed de Nueva York, la inflación esperada por los consumidores volvió a moderarse en mayo, reforzando la narrativa desinflacionaria. Sin embargo, esta mejora vino acompañada de un aumento en las preocupaciones por morosidad, sobre todo en hogares de bajos ingresos, lo que refleja tensiones financieras persistentes asociadas a datos de actividad que se moderaron bastante.

De hecho, Morgan Stanley proyecta una desaceleración del consumo nominal hacia 2026, principalmente por el impacto inflacionario de los nuevos aranceles, la pérdida de dinamismo del empleo y un entorno de mayor incertidumbre. Esto se ve reflejado también en la desconexión entre el índice de sentimiento económico en redes sociales (GS) y el índice de sorpresas económicas de EE.UU., que muestra un deterioro perceptivo más acelerado que el de la data dura.

En los mercados de acciones, el tono de la semana fue, en general, marcadamente optimista. El Russell 2000 (índice de acciones de baja capitalización) refleja señales de recuperación con mayor amplitud, mientras las acciones vinculadas a la infraestructura de IA lideran el repunte (el índice “Power Up America”, que nuclea estas empresas, acumula un +20% en 2025). En el S&P 500, las probabilidades asignadas por el mercado a niveles por encima de 6.500 puntos crecieron: 19% para septiembre y 27% para fin de año.

Este buen desempeño accionario se vio claramente reforzado por la sorpresiva baja del IPC de mayo (0,1%), que generó una caída en los rendimientos de los bonos del Tesoro y renovó expectativas de recortes de tasas por parte de la Fed.

En la guerra comercial hubo novedades positivas: hubo acuerdo entre Trump y China. EEUU. impondrá un arancel del 55% a productos chinos, aunque permitirá nuevamente el ingreso de estudiantes de ese país. China, en respuesta, aplicará un arancel del 10% a bienes estadounidenses. Este giro podría tener implicancias inflacionarias y geopolíticas relevantes en los próximos meses.

Los principales bancos estadounidenses aumentaron sus apuestas por una baja de tasas a la brevedad, pero lo que termina preocupando son las tasas de largo plazo. Estas tasas están determinadas no tanto por lo que la FED decida sino por las perspectivas fiscales de EE.UU., y ahí es donde la mayor incertidumbre aparece. Las previsiones de Goldman indican que la deuda seguirá subiendo desde el 98% del PBI actual al 120% en 2034.

Todo se encaminaba… hasta el viernes. El ataque de Israel sobre bases militares iraníes y la contra-ofensiva sobre Tel Aviv abrieron un conflicto con consecuencias todavía difíciles de dimensionar.

Los mercados globales se sacudieron: futuros de S&P 500, Dow y Nasdaq cayeron fuertemente, revirtiendo las ganancias semanales, ante el riesgo que implicaría un conflicto de tales magnitudes. El petróleo se disparó con saltos de 8% a 14%, alcanzando máximos de casi cinco meses (WTI cerca de 74–75 USD/barrel, Brent similar).

La amenaza a la ruta del Estrecho de Ormuz intensifica la preocupación por interrupciones en el suministro global. Analistas advierten que el crudo podría dispararse hacia los 100 dólares por barril o incluso 120 usd/bbl si se intensifica el conflicto.

Más allá de la gravedad humanitaria de este conflicto, el riesgo latente es que el traslado a precios termine de empujar a la economía global a una desaceleración más profunda.

 Fuente: Dinámica | Economía y Estrategia

Consultora dedicada al análisis económico y asesoramiento en gestión de PyMEs

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