martes 6 de octubre, 2026

Historias en blanco y negro

Por Vidal Mario - Periodista, escritor, historiador

5 de octubre 2026

Eran todavía tiempos de películas en blanco y negro cuando en el año 1940 se estrenó una película titulada “La carga de los valientes”, en 1941 otra titulada “El más infeliz del pueblo” (que el 14 de julio de 1945 fue exhibida en el segmento la Familiar del Cine Argentino, de Resistencia) y, en 1942, “Una novia en apuros”.

Dichas producciones no pasaron a la historia por cualidades que pudieran haber tenido, sino porque la protagonista era una actriz de radioteatro a la que con el tiempo pasaría a ser conocida como “La Señora” y “abanderada de los humildes”.

La citada actriz era Eva María Ibarguren, pero en las carteleras figuraba como Eva Duarte.

En 1945, cuando ya era un secreto a voces que ella y el coronel Perón eran pareja, hizo la película “La cabalgata del circo”, donde se peleó con Libertad Lamarque.

A mediados de ese mismo año, fue la protagonista central de “La pródiga”. Filmada en el Valle de Calamuchita, salió a la luz recién treinta y nueve años después.

Sucedió que a Perón (vicepresidente de la Nación, ministro de Guerra, Secretario de Trabajo y Previsión y Secretario del Consejo Nacional de Postguerra del gobierno militar) no le gustó la escena del beso que Eva Duarte le daba al actor Juan José Miguez.

Para cuando se terminó la película, Perón ya estaba casado con la bella actriz, a la que le doblaba en edad. Así que prohibió al productor Miguel Machinandiarena estrenarla. Más aún, le pidió que le entregara el negativo y las copias del filme.

Pero este escondió una copia y lo pasó a Montevideo. Fue la que se exhibió en 1984, ya durante el gobierno de Alfonsín.

Artistas peronistas y antiperonistas

En 1946 comenzó un tiempo (tiempo de democracia disfrazada de uniforme verde) en que el mundo del cine argentino se dividió en dos: en artistas peronistas y antiperonistas.

Las actrices peronistas estaban agrupadas en el Ateneo Cultural “Eva Perón”, entidad presidida por Fanny Navarro y la referente del Partido Peronista Femenino, Delia Degliovoni de Parodi.

Entre sus militantes figuraban Elena Lucena, Olga Zubarry, Blanca Podestá, Silvana Roth, y Malvina Pastorino.

Fuera de sus labores actorales, estas artistas también participaban de campañas de afiliación al partido peronista, así como de propagandas y publicidades oficiales.

En la vereda de enfrente estaban los artistas disidentes, quienes justamente por “contreras” no la pasaban muy bien.

Fue el caso de Arturo García Buhr, quien, en 1951, luego de filmar “Los Isleros”, rechazó un pedido de Raúl Apold de participar de una propaganda peronista, y pagó bastante caro su rechazo.

A artistas como él, como Francisco Petrone y como Libertad Lamarque se les cerraron las puertas de tal manera que no tuvieron más remedio que irse del país.

Así relató Libertad Lamarque su experiencia personal:

“El gobierno militar Farrell-Perón tenía muchas maneras de apagar faroles. A mí no me nombraban en ningún periódico, en ninguna revista. Estaba prohibido que hasta los amigos se me arrimaran. Todo lo relacionado a mí estaba prohibido. Yo estaba sola en Buenos Aires. Eso duró hasta 1946, en que fui a Cuba con un contrato de mil dólares por función, que en ese tiempo era mucho dinero. En medio del ostracismo interno a que estaba sometida, ese contrato venido de Cuba cayó como maná del cielo. Eva me hizo un gran favor porque, saliendo del país me hice estrella internacional”.

“La calle grita”

El cultor más importante del cine antiperonista fue Lucas Demare, quien anteriormente ya había escrito y dirigido memorables películas como “Los isleros”, “La guerra gaucha”, “Zafra” y “El cura gaucho”.

El 14 de septiembre de 1948, estrenó una película que era un abierto desafío al gobierno: “La calle grita”.

En la flor de la edad del gobierno peronista, dicha película planteaba que el dinero no alcanzaba para comprar nada, que los precios y el costo de vida aumentaban desmedidamente, y que incluso a la clase media le costaba llegar a fin de mes.

No se hacía ninguna mención a Perón, al peronismo, al gobierno, al Estado o a la política económica imperante. Astutamente, se limitaba a enfocar cómo se vivía en la Argentina del año 1948.

Esta escena quedó para la historia:

El protagonista y su pareja se presentan ante el dueño de la fábrica donde trabajaban para pedir un aumento de sueldo.

Plantearon que lo que ganaban entre los dos no les alcanzaba para cubrir sus necesidades básicas, menos aún para acceder a un crédito hipotecario para la casa propia.

La respuesta del empresario fue que les daría el aumento solicitado “si le convencían con datos científicos” que efectivamente sus sueldos no les alcanzaba para vivir.

El film muestra cómo el personaje (interpretado por Ángel Magaña) iba pagando las cuotas del Banco Hipotecario trabajando catorce horas por día en dos empresas durante dos años.

“Después del silencio”

El 13 de septiembre de 1956, un año después de la caída de Perón, Lucas Demare estrenó “Después del silencio”.

Dicho título significaba “después del gobierno peronista”, donde todo había sido silencio y censura.

Era la historia de un médico que había atendido a un militante anti-peronista que había sido bárbaramente torturado por la policía. Por atenderlo, empezó a ser perseguido también él.

La película incluía una escena desarrollada en una de las aulas de una escuela primaria.

La maestra pregunta quién es el creador y líder de la “Nueva Argentina”. El hijo de aquel mismo médico se pone de pie y responde enérgicamente “No existe la Nueva Argentina. La única Argentina que existe es la que nació en mayo de 1810”.

Estas y otras secuencias estaban basadas en hechos verídicos. Sólo los nombres de los protagonistas reales habían sido cambiados.

“Después del silencio” reflejaba el drama de la persecución política, la falta de libertad de expresión, la represión del disidente y la mentira del discurso gubernamental sobre el paraíso peronista.

“Detrás de un largo muro”

El 3 de julio de 1958, Demare presentó “Detrás de un largo muro”, que también tenía una historia detrás.

Durante el gobierno de Perón existía en el conurbano bonaerense gran cantidad de “villas miseria”, una de las cuales se hizo particularmente renombrada: Villa Jardín.

Renombrada porque inspiró dicha película, íntegramente filmada en el lugar y con los villeros actuando como extras.

Tal muro, que realmente existió, fue construido para evitar que la villa sea vista desde la ruta que unía al flamante aeropuerto internacional de Ezeiza con la capital.

La película reprochaba al peronismo dos cosas: no haber erradicado las llamadas villas miseria y, peor aún, hacerlos invisible, como se pretendió hacer con ese “largo muro”.

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