¿Falsa Alarma?

10 de agosto 2026

Agosto había quedado señalado por el propio Gobierno como un mes de inflexión. Milei sostuvo meses atrás que la inflación podía empezar con cero y Caputo ubicó entre agosto y octubre la posibilidad de perforar el 1% mensual. La estrategia para la segunda mitad del año descansa, en buena medida, en mostrar una desinflación mucho más contundente.

Por eso, el 2,9% de julio en la Ciudad de Buenos Aires cayó como un baldazo de agua fría. El registro superó el 1,8% de junio y el 2,1% promedio de abril, mayo y junio. El gráfico de la semana muestra ese salto, que devolvió al índice a niveles cercanos a los del primer trimestre.

La composición limita cuánto puede anticipar ese dato sobre el IPC nacional. Los servicios aumentaron 3,8%, contra 1,4% de los bienes, y pesan bastante más en CABA. Los pasajes aéreos ilustran la diferencia: subieron 21,7% y representan cerca de 1,4% de la canasta porteña, frente a apenas 0,15% en la nacional.

También hubo un componente estacional muy fuerte. Hoteles, paquetes turísticos, pasajes y verduras llevaron a los estacionales a subir 10,9%. Por eso, seguimos esperando para el jueves un IPC nacional bastante más cerca de 2% que de 3%. La aceleración porteña probablemente exagere la señal para el país, aunque julio dejó dos datos relevantes.

La núcleo aumentó 2,2%, mientras que alimentos y bebidas avanzaron 1,9%, prácticamente al mismo ritmo que en esos tres meses. Alimentos merece especial atención: explica cerca de 30% del IPC nacional y alrededor de la mitad de nuestra canasta de consumo inflexible. Allí, la desaceleración todavía no termina de afirmarse.

Eso importa porque la percepción de mejora depende mucho de los gastos difíciles de recortar. Si alimentos sigue moviéndose cerca de 2% mensual, una parte importante de los hogares va a sentir una desinflación más modesta que la que muestre el dato general. Para el ingreso disponible, esa diferencia es decisiva.

Mientras tanto, nuestro relevamiento de indicadores de la actividad muestra un arranque muy flojo del segundo semestre. Los primeros registros de construcción, industria y crédito dieron negativos en la comparación mensual. El detalle se desarrolla más adelante, pero la coincidencia entre sectores sugiere que la economía sigue sin tomar impulso.

En ese contexto, la suba de las tasas en pesos llega en un momento poco oportuno. La defensa del tipo de cambio fue absorbiendo liquidez y encareciendo el financiamiento cuando el crédito debería ganar protagonismo para sostener consumo, capital de trabajo e inversión. Si esa tensión persiste, el canal financiero puede amplificar la debilidad que empiezan a mostrar los indicadores reales.

A partir de acá, la vara del programa se vuelve doble: cuánto puede bajar la inflación y qué nivel de actividad logra preservar durante ese proceso. Llegar a registros cercanos a 1% sería un logro importante, pero si el último tramo exige condiciones financieras más restrictivas, el beneficio nominal puede atentar contra la recuperación. Esa tensión probablemente gane protagonismo hacia fin de año.

SECCIÓN NACIONAL

Un segundo semestre sin brotes verdes a la vista

La actividad económica acumuló, según el EMAE (INDEC), un crecimiento interanual de 1,7% en los primeros cinco meses del año. Sin embargo, detrás de esa mejora frente a 2025 aparece una dinámica irregular, con avances y retrocesos que dificultan identificar una trayectoria clara.

A esta altura, junio y julio ya quedaron atrás, aunque el balance oficial del INDEC llegará con rezago. Mientras tanto, los indicadores tempranos que seguimos permiten anticipar parte de esa dinámica y reconstruir cómo habría cerrado julio antes de la publicación del EMAE.

Después de un junio mixto, el primer mes del segundo semestre muestra más señales negativas a nivel sectorial. La excepción aparece en la recaudación: el IVA DGI creció por segundo mes consecutivo en términos reales (+2,5% mensual), aunque el impuesto al cheque cayó 5,3% y Seguridad Social avanzó apenas 0,6%.

En la construcción, el ISAC confirmó una caída mensual de 4,1% en junio y julio tampoco muestra recuperación: los despachos de cemento retrocedieron 3,8%. Aun con esa debilidad, el sector acumula una mejora de 1,8% frente a diciembre de 2025.

La industria mostró algo similar. El IPI Manufacturero avanzó 0,9% mensual en junio, segundo aumento consecutivo, aunque todavía quedó 2,2% por debajo de igual mes de 2025. Para julio, la demanda de energía en establecimientos industriales cayó 1%, una primera señal que vuelve a apuntar a un mes débil.

El consumo tampoco muestra impulso. El stock de tarjetas de crédito cayó 1,5% mensual y los préstamos personales retrocedieron 0,9%. Esa menor expansión del financiamiento coincide con un deterioro de la confianza del consumidor: el ICC bajó 1,2% en condiciones presentes y 7,2% en las expectativas futuras.

Todavía faltan datos para cerrar julio, pero el tablero temprano muestra una señal homogénea. Construcción, industria y crédito comenzaron el segundo semestre con poca fuerza, mientras la mejora de la recaudación aparece, por ahora, como la principal excepción.

El IPC porteño se alejó del 2%

La inflación de la Ciudad de Buenos Aires aceleró a 2,9% mensual en julio, claramente por encima del 2,1% promedio mensual compuesto entre abril y junio. Con el dato, la variación interanual también volvió a subir y alcanzó 33,2%.

El principal impulso vino de los estacionales, que saltaron 10,9%, frente a un promedio de apenas 0,7% mensual entre abril y junio. Hoteles, paquetes turísticos, pasajes aéreos y verduras concentraron buena parte de esa presión, asociada en gran medida a las vacaciones de invierno.

Sin embargo, la aceleración no se explicó únicamente por esos factores. La inflación núcleo avanzó 2,2%, algo por encima del 2,1% promedio de los tres meses previos. La diferencia es chica, pero muestra que la dinámica subyacente dejó de moderarse durante julio.

Alimentos y bebidas no alcohólicas aumentaron 1,9%, prácticamente igual que su promedio mensual de abril-junio. Dentro del rubro hubo comportamientos muy distintos: verduras subieron 9,0%, mientras las carnes avanzaron apenas 0,2%.

También sobresalió la brecha entre servicios y bienes. Los primeros aumentaron 3,8%, impulsados por turismo, transporte y algunos servicios regulados, mientras los bienes subieron solamente 1,4%.

El dato de julio tiene entonces dos lecturas. La mayor parte del salto fue estacional, pero debajo de ese ruido la inflación núcleo tampoco siguió bajando. Más que el 2,9% puntual, esa interrupción en la desaceleración es la señal a seguir en los próximos meses.

El costo de no pasar los 1.500

Esta semana, las tasas en pesos volvieron a niveles de comienzos de año. La caución operó cerca de 23% y toda la curva fija quedó por encima del 2% efectivo mensual, mientras BONCER y duales ampliaron rendimientos. Lo relevante no es solo el nivel, sino su persistencia: días después de la licitación, la tensión siguió presente. Ya no parece un efecto transitorio de la subasta, sino una señal de liquidez ajustada.

La explicación está en el frente cambiario. Desde junio, el BCRA viene vendiendo títulos dollar-linked para contener la demanda de cobertura y sostener al dólar oficial cerca de $1.500. El mercado estima ventas por USD 3.800 M entre junio y julio. Cada colocación retira pesos del sistema. Con los repos bancarios en AR$0,82 billones, el colchón disponible se achicó y esa menor liquidez terminó trasladándose a las tasas.

El mecanismo permite defender el tipo de cambio, pero no es gratuito. Por ahora funciona: el oficial terminó la semana en $1.498,5 y la brecha con el CCL ronda 5,4%. Las reservas brutas superaron los USD 50.000 M por primera vez desde 2019, aunque cayeron rápidamente a USD 49.500 M por compromisos de deuda. El dato es positivo, aunque buena parte del salto respondió a la revaluación del oro.

De hecho, las compras se desaceleraron bastante esta semana (equivalente a 3% del volumen operado). Al mismo tiempo, el MULC se mantuvo por debajo de su promedio de treinta días. Superar los USD 50.000 M importa, pero la mejora de la foto de reservas fue más fuerte que el flujo genuino de dólares hacia el balance del Central.

También dejó una señal la administración de la liquidez después de la última licitación. El Tesoro depositó el excedente en el Banco Nación y no en el BCRA, en línea con las restricciones del programa con el FMI. Luego fue el BNA quien canalizó esos pesos al mercado. En la práctica, una parte del manejo monetario de corto plazo terminó pasando por un banco público, y no directamente por el Central.

En paralelo, Bausili y Werning presentaron al Congreso la reforma de la Carta Orgánica del BCRA. El mercado la recibió con relativa neutralidad, una lectura razonable. Mientras el superávit fiscal se sostenga, el cambio normativo tiene un efecto acotado. El interrogante aparece si esa ancla se debilita: la nueva arquitectura conserva suficiente flexibilidad para que reaparezcan mecanismos de financiamiento indirecto, aun manteniendo límites sobre la asistencia directa al Tesoro.

El próximo test será la nueva licitación, con vencimientos privados por AR$4,4 billones. Una renovación cómoda podría devolver liquidez y aliviar las tasas; una colocación más exigente reforzaría la tensión. El dilema seguirá siendo el mismo: sostener la estabilidad cambiaria retirando pesos tiene un costo sobre toda la curva.

El costo de no pasar los $1.500 empezó a hacerse visible. Por eso, para posiciones en moneda local seguimos prefiriendo instrumentos cortos y cautela frente a vencimientos largos, de cara a 2027.

SECCIÓN MUNDO

El dato de empleo complica a Warsh

El dato que podía despejar dudas sobre la decisión de la FED de septiembre terminó haciendo lo contrario. La economía estadounidense destruyó 23.000 empleos en julio, frente a un consenso que esperaba una creación de 75.000 y un promedio de 34.000 en los últimos doce meses. A eso se sumaron fuertes revisiones: mayo y junio fueron corregidos en conjunto en 103.000 puestos a la baja. El mercado laboral no solo se debilitó, sino que venía haciéndolo desde antes.

En contra de la intuición, la tasa de desempleo bajó a 4,1% por una participación laboral que cayó 0,7 puntos porcentuales desde enero para ubicarse en 61,4%. Esto muestra que esta mejora responde exclusivamente a personas que salieron de la fuerza laboral. Mientras tanto, los salarios todavía crecen al 3,2% interanual.

La reacción del mercado fue inmediata. La probabilidad de una suba de tasas en septiembre, que durante la semana había llegado a rondar 60%, se redujo fuertemente después del dato. Pero eso no simplifica la tarea de Warsh. El crecimiento de las ganancias corporativas siguió muy fuerte en el segundo trimestre y los márgenes alcanzaron máximos.

La divergencia con un mercado laboral menos dinámico importa por la discusión sobre el funcionamiento de la FED. Warsh evalúa un esquema con reuniones menos frecuentes, pero potencialmente más decisivas. La lógica puede funcionar cuando las señales económicas son claras; resulta bastante más exigente cuando las señales económicas son claras; resulta bastante más exigente cuando actividad, inflación y empleo empiezan a contar historias distintas.

Justamente cuando se busca concentrar decisiones, aumentó la incertidumbre sobre cuál debería ser la próxima.

En paralelo, siguen apareciendo señales de cobertura frente a un escenario financiero internacional más incierto. La intervención cambiaria bilateral entre Estados Unidos y Japón y la búsqueda de canales directos de liquidez muestran una arquitectura menos apoyada en respuestas multilaterales. En la misma dirección, el Banco de Corea volvió a comprar oro después de trece años, mientras el metal superó los USD 4.379 por onza.

El otro foco sigue siendo la inteligencia artificial. La cartera de pedidos de los grandes hiperescaladores creció alrededor de 150% interanual, bastante más que su capex, que avanzó cerca de 80%. Esa brecha sigue siendo favorable para los proveedores de capacidad de cómputo. Sin embargo, los fondos especializados en tecnología perdieron cerca de 10% en julio, reduciendo margen para sostener posiciones agresivas y absorber nuevas correcciones.

El mercado enfrenta así una combinación más difícil que hace algunas semanas. Las valuaciones tecnológicas todavía incorporan expectativas fuertes de ganancias futuras, mientras el empleo empieza a sugerir una economía menos dinámica. Si el deterioro laboral se confirma, la discusión dejará de ser solamente cuándo vuelve a subir la FED. También habrá que revisar cuánto crecimiento están descontando los activos que hoy sostienen buena parte del mercado global y cuánto margen existe para que esas ganancias se materialicen.

Dinámica | Economía y Estrategia: Consultora dedicada al análisis económico y asesoramiento en gestión de PyMEs.
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