En Paraguay y Argentina: La verdad sobre los sucesos de mayo

Por Vidal Mario

24 de mayo 2026

Días atrás, amigos conocedores de mi origen paraguayo me desearon un feliz día de la independencia.

Obviamente, agradecí con sinceridad sus cumplidos, aunque me consta que los días 14 y 15 de mayo de 1811 en Asunción se habló de cualquier cosa, menos de independencia.

La independencia paraguaya recién fue proclamada treinta y un año después, tras la larga dictadura y muerte de José Gaspar Rodríguez de Francia, por un Congreso Nacional Extraordinario convocado por el cónsul Carlos Antonio López.

El 25 de noviembre de 1842 se proclamó al mundo, “pública e inequívocamente”, la independencia del Paraguay. Cuatro años después, este mismo López encargó a un poeta uruguayo la composición del Himno Nacional que, con alguna modificación, se entona hasta el día de hoy.

La verdad es que en mayo de 1811 las preocupaciones paraguayas pasaban por cualquier lado, menos por el lado independentista.

En primer lugar (como sucedía en todas las otras colonias españolas de América) necesitaban saber qué hacer ante la situación del rey Fernando VII, preso en Francia y con su trono ocupado por José Bonaparte, hermano de Napoleón.

Una de las ideas (propiciada, entre otros, por Rodríguez de Francia, segunda figura del poder colonial español, después del gobernador Velazco) era entregar el Paraguay a los portugueses.

Los militares paraguayos no comulgaban con esta idea. Además, querían cobrar sueldos que se les adeudaba desde hacía cuatro meses, que se les diera la importancia que estimaban merecer a partir de sus triunfos en Paraguarí y Tacuarí, y también pretendían la renta producida por un impuesto llamado Estanco del Tabaco.

Eran por lo menos cinco las pretensiones paraguayas. Entre estas pretensiones no figuraba la independencia. Como había ocurrido con Buenos Aires un año atrás, no era una ruptura con la Madre Patria lo que querían.

El acta firmada en Asunción el 16 de mayo de 1811 con aprobación del gobernador Velazco, que la historia oficial paraguaya toma como “Acta de la Independencia Nacional original”, no permite ni equívocos ni segundas interpretaciones.

Simplemente expresaba que se nombraba al Alcalde de Primer Voto, José Gaspar de Rodríguez de Francia, y al capitán Juan Baleriano de Zeballos (capitán del ejército español) “para providenciar interinamente hasta tanto se arregle la forma de gobierno que sea más conveniente”.

Los patriotas paraguayos siguieron siendo fieles al cautivo rey Fernando VII. Ni siquiera pensaron en destituir al gobernador español Velazco, quien, como si nada hubiese pasado, presidió el Triunvirato que asumió el 17 de mayo de 1811.

Así que no fue ni ese mes ni ese año que el Paraguay rompió el cetro español como reza el himno nacional compuesto en 1846 por el uruguayo Francisco Acuña de Figueroa.

Napoleón comenzó todo

Cuando en mayo de 1808 las fuerzas de Napoleón invadieron España y apresaron al rey Fernando VII, los españoles unieron filas para una enloquecida resistencia contra los franceses.

Se forjaron tres objetivos: resistir, expulsar a los invasores, y traer de vuelta al rey.

Cuando la noticia de la invasión napoleónica llegó a América, se produjo la misma indignación, el mismo odio contra Napoleón, el mismo anhelo de rescatar a Fernando VII.

No existía en toda América hispana (obviamente, tampoco en Buenos Aires y Asunción) ninguna intención de aprovechar el ataque de Napoleón a España para independizarse.

Si en 1810 o 1811 alguien en América pensó en luchar, fue pensando en no caer bajo dominio napoleónico.

Pensar en romper vínculos con la Madre Patria aprovechándose de la triste y penosa situación que España atravesaba, se hubiera tomado como un acto de traición.

El 25 de septiembre de1808, seis meses después de la invasión napoleónica, se creó la Junta Suprema Central de Sevilla, que durante toda la guerra de la independencia española ejerció funciones de Poder Ejecutivo y Poder Legislativo.

El año 1809 fue especialmente próspero en materia de creación de Juntas locales de gobierno, sistema que a partir de 1810 se reprodujo en muchas partes de América.

La masiva formación de juntas populares en el continente (como la Primera Junta, en Buenos Aires), era por la lucha del pueblo español contra Napoleón, no por planes fantásticos de independencia.

De hecho, el acta que se firmó el 25 de mayo de 1810 en el Cabildo era muy claro en cuanto a que uno de sus objetivos era “conservar la integridad de esta parte de los dominios de América a nuestro Amado Soberano el Sr. D. Fernando VII y sus legítimos sucesores”.

Otra disposición determinaba que en 15 días contados desde la constitución de la Junta debía estar preparada “una expedición de 500 hombres para auxiliar a las provincias interiores del Reino”.

Observe el lector que todavía se hablaba de “Reino”.

El Acta consignaba que las referidas expediciones de “auxilio” a las provincias del interior (como la comandada por Belgrano al Paraguay) en parte debían ser solventadas “con los sueldos del Excmo. Sr. D. Baltasar Hidalgo de Cisneros”, aunque este ya había dejado de ser virrey.

La provincia del Paraguay, sumida en el más completo aislamiento y gobernada por el coronel español Bernardo Velazco y el abogado paraguayo José Gaspar Rodríguez de Francia, no quiso adherirse, ni siquiera reconocer a la Junta porteña.

Buenos Aires, entonces puso sobre las armas una división de ochocientos hombres bajo el mando de Belgrano, y la hizo marchar hacia esa díscola provincia.

Belgrano fue vencido en Tacuarí y en Paraguarí, y los oficiales paraguayos que habían combatido contra él volvieron a Asunción con otro espíritu, con otro ánimo, y con la intención de reclamar al gobierno colonial que se les diera a los nativos paraguayos la importancia que decían merecer tras aquellas resonantes victorias.

“Gracias a nosotros, paraguayos, Belgrano no está hoy acá mandando en Asunción. Ustedes, europeos, nos siguen tratando con el desprecio de siempre”, protestaron.

Vicente Ignacio Iturbe (a quien después Rodríguez de Francia mantuvo preso 15 años para seguidamente ejecutarlo y hacer desaparecer sus restos) planteó la cuestión de los salarios adeudados.

Así fue como el 14 de mayo presentaron a Velazco un petitorio de cuatro o cinco puntos que Velazco, bajo amenaza, aceptó al día siguiente.

En ese petitorio, no figuraba la palabra independencia.

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