Las amenazas de bloqueo y ataques contra los buques que navegan por el estrecho de Bab el-Mandeb iban a llegar si la crisis en Medio Oriente se seguía regionalizando. Esta es la hipótesis sobre la que los analistas militares vienen trabajando en los últimos meses ante las dificultades de Irán y Estados Unidos por alcanzar un acuerdo mínimamente sostenible en el tiempo.
Sucede que este estrecho funciona casi como un espejo del de Ormuz, con un valor prácticamente igual de estratégico no sólo para la energía global, sino también por lo que representa para el comercio y el tránsito de carga.
Bab el-Mandeb –que en árabe significa “Puerta de las Lágrimas”- conecta de forma directa el Mar Rojo con el Golfo de Aden. Pero es, por sobre todas las cosas, el punto por donde deben navegar los buques que vayan desde el Mar Mediterráneo hacia el Mar Arábico. Básicamente, es una de las principales rutas que conecta Europa con Medio Oriente y Asia.
Por allí pasa aproximadamente el 11% del comercio global, el 30% del de contenedores y el 10% del petróleo mundial. Desde la apertura del Canal de Suez en 1869 se transformó en uno de los pasos marítimos más importantes en el mundo, sólo cerrado en 1956 durante la guerra de Suez, entre 1967 y 1975 por las guerras entre los países árabes e Israel, y en 2021 por un portacontenedores que quedó encallado en diagonal.
El temor por el cierre de el-Mandeb empezó a crecer en los últimos días después de que los hutíes rebeldes en Yemen anunciaran un bloqueo marítimo contra Arabia Saudita y en el día de hoy atacaran dos petroleros saudíes en el Mar Rojo.
Esta decisión de los hutíes no es casualidad. El grupo chiita que controla la capital de Yemen, Saná, en una brutal guerra civil que todavía tiene al país dividido en dos responde a los ayatollah iraníes. Gran parte de su financiamiento proviene de Teherán. Son uno de los considerados “proxys” de Irán.
La escalada contra Arabia Saudita responde, en primer lugar, a la cercanía que el príncipe heredero Mohamed bin Salmán tiene con Donald Trump y, en segundo término, a la siempre presente posibilidad de que el reino saudí normalice sus relaciones bilaterales con Israel bajo el amparo de los Estados Unidos.
Las amenazas y posteriores ataques de los hutíes hicieron que el tránsito por Bab el-Mandeb se reduzca considerablemente. En tan sólo una semana se identificó una baja del 34% en la cantidad de buques y portacontenedores que por allí pasaron.
Como sucedió al inicio de la guerra en Irán con el estrecho de Ormuz, estos ataques buscan tener un efecto contagio y un “impacto psicológico” en las otras navieras, que no quieren arriesgar sus buques ni tampoco sus cargas al pasar por la zona.
Muchas aseguradoras les están exigiendo a las empresas navieras que tomen rutas alternativas, como por ejemplo a través del Océano Atlántico bordeando todo el continente africano. Este trayecto puede aumentar en hasta 10 días, lo que genera un impacto directo en los precios logísticos y de traslado.
Donald Trump amenazó a los hutíes con un “gran castigo militar” si continúan los ataques en el Mar Rojo, al tiempo que también responsabilizará a Irán por los mismos. Llegó al punto de asegurar que está dispuesta a bombardear nuevamente instalaciones nucleares en territorio iraní.
