lunes 21 de septiembre, 2026

Destacan aporte de Vidal Mario a la historia del “mendigo millonario”

21 de septiembre 2026

“Anfibia” es una plataforma argentina dedicada esencialmente al periodismo narrativo y a la producción cultural. Acaba de estrenar en Buenos Aires “Impenetrable: una historia criminal en el paraíso”, cuyo primer capítulo se titula “El mendigo millonario: ¿Quién era Manuel Roseo?”.

Se trata de una investigación realizada en el Chaco por Diego Fernández Romeral, periodista, guionista y licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Buenos Aires.

El artículo toma como punto de partida un artículo publicado hace unos años por Vidal Mario.

En dicha nota el autor chaqueño relataba cómo apareció en la Argentina aquel misterioso y enigmático personaje y, también, en qué circunstancias el presidente Menem le condonó la millonaria deuda que había contraído con el Banco Nación.

La revista presenta de la siguiente forma a ese misterioso y enigmático personaje venido de Italia:

“Manuel Roseo, el mayor terrateniente del norte de Argentina. Un perfecto desconocido. Un migrante italiano que vivía en la miseria a pesar de ser dueño de La Fidelidad: una estancia que duplicaba el tamaño de Roma y valía 500 millones de dólares.

La mañana del 13 de enero de 2011 fue torturado y asesinado. Sobre partes de sus tierras se erigió el Parque Nacional El Impenetrable, una joya de la conservación.

Todos quienes cuentan la historia de Roseo aseguran que los enigmas de su vida apenas se comparan con los que dejó su muerte, y uno de los que así lo aseguran es el periodista, escritor e historiador Vidal Mario, autor de casi ya treinta libros”.

¿Mendigo o presta-nombre?

Sobre la entrevista realizada al autor chaqueño en Resistencia, la citada publicación porteña señala:

“Catorce años después del asesinato de Manuel Roseo me entregan una carta. Es una hoja mecanografiada que se volvió amarillenta y rugosa con el tiempo. Tiene varios nombres tachados y luego escritos a mano con tinta roja. Sobre el costado derecho hay un manchón de algo que parece café volcado. El título es una pregunta: ¿Quién es Manuel Roseo?

—La escribió el que quizás fue su único amigo —me dice Vidal Mario, un veterano periodista del norte de Argentina—. Poco después de que lo mataran.

¿Es un mendigo o es en realidad un presta-nombre? ¿Una víctima o un personaje taimado y ladino? ¿Cómo es que vive míseramente teniendo cultura y fortuna? ¿Será un falso informador de su realidad, o un hábil maquillador de la misma? Demasiadas incógnitas si se considera que, según él, desciende de una noble familia patricia romana ya que su madre era vecina y ciudadana del Vaticano. Según dijo conoció allí sobre las intrigas palaciegas tanto como las dudosas muertes de los Papas. Además de ello, fue “enviado” a América para “cuidar intereses” sin saber de qué se trataba...

La casa de Vidal Mario está en las afueras de Resistencia, la capital de la provincia de Chaco. En la entrada a la ciudad hay un tótem de granito que sostiene una inmensa placa de metal grabada con imágenes de serpientes, cóndores e indígenas. Y una frase: Chaco. “El secreto de Argentina”. Para mayo de 2025 los registros oficiales aseguran que casi tres cuartos de los habitantes de Resistencia viven bajo la línea de la pobreza. En el resto del Chaco los datos escasean. En el norte de la provincia más pobre de Argentina vivía, como un ermitaño, Manuel Roseo.

—Esta historia es algo distinto a todo —dice Mario, que pasa las páginas de un libro donde guarda recortes de sus entrevistas: Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, René Favaloro—. Un millonario viviendo como un linyera, harapiento, no puede ser real. Y, sin embargo, ocurrió.

Sobre Manuel Roseo apenas se escribieron un puñado de notas, que se pierden entre rumores y pistas falsas. Dio una sola entrevista, al diario Norte en el 2000, titulada “Hombre rico, hombre pobre”. Se lo describe como “una persona con estatura mediana, delgado (como si eso lo ayudara a ser más anónimo), que vestía siempre ropa de operario, zapatos de carpintero y portaba un rostro con un bigote espeso y el cabello entrecano y ordenado con un peinado neutro de raya a un lado”. Al final de esa entrevista, Roseo dijo: “Yo, como no tengo hijos, me puedo dar el lujo de vivir mal”.

Manuel Roseo, el mayor terrateniente del norte de Argentina, era un perfecto desconocido.

Vidal Mario publicó la única investigación que reúne datos sobre la improbable compra de la estancia La Fidelidad, que a principios de los setenta fue entregada a Roseo por la corporación Bunge & Born, una de las mayores compañías agrícolas y alimentarias de Latinoamérica. Y sobre los préstamos que diez años después el Banco de la Nación Argentina le dio a Roseo y que él nunca pagó. “Un decreto del presidente Carlos Saúl Menem —escribió Mario en esa nota— lisa y llanamente le perdonó a Manuel Roseo una deuda de cinco millones de dólares”.

—El hombre que me dio esa información es el mismo que escribió la carta. Roseo le había prometido poderes absolutos para administrar sus campos, pero lo traicionó. Tiempo después lo volví a ver. Estaba muy asustado. Vino a mi casa y se llevó todos los documentos. Ahora está enfermo. Dice que esta historia y esas tierras lo enfermaron.

—¿No volviste a hablar con él?

—Nadie quiere hablar de Manuel Roseo. Hay demasiado en juego. Quién sabe cuántos millones de dólares valen hoy las tierras. Esa carta es un mapa. Pero yo no quise seguirlo.

—¿Por qué?

Porque en cierta oportunidad recibí una llamada anónima con este mensaje: "Le conviene que no siga jodiendo con el tema Roseo". Eso fue todo. Me inquietó tanto ese mensaje que nunca más atendí llamadas de un número desconocido. No puedo ayudarte en otra cosa. Llevála, no quiero tenerla más”.

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