martes 27 de octubre, 2026

Los torturadores

Por Vidal Mario - Periodista, escritor, historiador

26 de octubre 2026

El 30 de octubre de 1955, Ramón de las Mercedes Tissera publicó en el diario “El Territorio” de Resistencia un inquietante artículo titulado “Los torturadores”.

Con precisión magistral y digna de la pluma de Stefan Sweig, analizó la psicología de un verdugo.

Analizó por qué un torturador hace lo que hace; por qué atormenta con singular saña a un prójimo.

Tissera se inspiró en las impactantes revelaciones sobre casos de torturas que según denuncias habían tenido lugar durante el gobierno que había caído un mes atrás en una sala policial irónicamente llamada “Oficina de Orden Social y Político”.

En Resistencia, esa sala de torturas estaba en los pisos superiores de la División Identificaciones, ubicada frente al mercado central, en la calle José María Paz.

Todas las policías del país tenían “oficinas” de esta clase. La “Provincia Presidente Perón” no iba a ser la excepción. No era una isla separada del territorio argentino.

Aquí también regía el estado de sitio, el estado de guerra interno, la ley de desacato, y el Código de Justicia Policial.

La denuncia de Leunda

Extraoficialmente, ya era sabido lo que en Resistencia pasaba en esas “oficinas”.

Pero el que comenzó a exponerla públicamente fue el abogado Guido A. Leunda.

El 3 de noviembre de 1955, en conferencia de prensa reveló detalles de los tormentos que en manos de la policía había padecido un electricista llamado Guillermo Fernando Pascuero.

Lo siguiente formaba parte de su relato:

“El día 21 de agosto del corriente año, al señor Guillermo Fernando Pascuero, argentino, soltero, de profesión electricista, le ataron su propio cinturón al cuello y le propinaron un terrible castigo que dio término cuando Pascuero ya estaba en el suelo, desmayado.

En la tarde del mismo día 21, Pascuero fue nuevamente castigado por los agentes Arribas, Hord y otros, siendo los golpes aplicados cada vez más brutales.

Luego, siempre en la temida oficina, el día 25, luego de ser nuevamente atado con el inturón, le aplicaron la picana eléctrica en distintas partes del cuerpo. Previo a este tratamiento le habían proporcionado otro descomunal castigo.

Tirado en el suelo, Arribas le propinó una serie de puntapiés que terminaron por hacerle perder el sentido. Cuando volvió en sí oyó que este ordenaba al empleado Fleitas ir a un taller de zapatería para hacer cocer el cinturón que se había roto con los forcejeos.

Durante el tiempo que estuvo detenido, pudo comprobar que idéntico procedimiento se adoptaba con la casi totalidad de los presos, entre los que pudo reconocer a Pedro Romero y César López.

Agrega a esta nómina de torturadores los nombres de Castellano y unos boxeadores profesionales puestos al servicio de la repartición.

En la larga noche en que el peronismo sumió al país, esta provincia fue uno de los lugares donde más se persiguió al ciudadano con fines políticos y de intimidación.

Considero a la Oficina de Orden Social y Político como el organismo específico que agravió a los pueblos civilizados. Por lo tanto, debe ser suprimido en todo el país y sus integrantes, culpables de malos tratos y vejámenes, denunciados y sometidos a la justicia para recibir su correspondiente castigo”.

Más casos

A la revelación de Leunda se añadieron otras. Fueron tantas que hasta se conformó una “Comisión de Investigación de Torturas” para atender analizar las denuncias que la gente presentaba.

Existen, en el Archivo General del Poder Judicial del Chaco, expedientes iniciados por dicha Comisión.

El dirigente radical Juan Aldo Moro, quien unos treinta años después sería secretario privado del presidente Raúl Alfonsín, habría sido uno de los militantes opositores torturados.

Cuentan que se arrojó al vacío a través de una ventana cuando un boxeador llamado Pedro Simi lo golpeaba

En su momento, estas noticias tuvieron el mismo efecto de un rayo cayendo en plena luz del día. Las siguientes generaciones de chaqueños, las fueron olvidando.

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