Con un modesto promedio de espectadores por sala y una recepción despiadada por parte de la prensa especializada, "¿Querés ser mi hijo?" demuestra que la popularidad en redes sociales no garantiza el éxito cinematográfico.
BUENOS AIRES — El desembarco de Wanda Nara en la pantalla grande de la mano de la comedia ¿Querés ser mi hijo? —coprotagonizada junto a Agustín Bernasconi y dirigida por Hernán Guerschuny— dejó en evidencia una de las verdades más viejas del espectáculo: acumular millones de seguidores en plataformas digitales no se traduce, automáticamente, en cortar entradas de cine.
Distribuida en más de 100 salas de todo el país, la película debutó tambaleante en los primeros puestos de la taquilla nacional. Apenas promedió entre 80 y 90 espectadores por sala durante sus primeros días de exhibición, quedando relegada detrás de producciones internacionales de mayor calibre.
A la tibia respuesta del público se le sumó un revés considerable: el rechazo casi unánime de los críticos especializados, quienes cuestionaron tanto la solidez del guion como la falta de recursos actoral de su flamante protagonista.
Una actuación “robótica” y sin ángel
Lejos de la calidez o el carisma que despliega en sus apariciones televisivas, el debut actoral de la mediática no logró conmover a los especialistas.
El crítico Diego Lerer fue tajante en su análisis sobre la labor de la conductora:
“Esforzada, un tanto robótica y sin demasiado ángel, a la actriz le cuesta bastante cualquier cosa que se parezca a la actuación.
Se le nota el trabajo y el compromiso, pero es difícil que su personaje transmita emoción alguna. Y menos aún, timing cómico”, sentenció Lerer, rematando que “las escenas en las que Wanda actúa se caen por su propio peso. Y las bromas ni siquiera son bromas, sino intentos de serlo”.
Por su parte, el periodista y crítico Diego Batlle calificó la producción con apenas 2 de 5 estrellas, etiquetándola como una propuesta “indefendible” dentro de la comedia nacional.
“A las y los fans de Wanda poco les importarán reseñas como esta e irán a ver ¿Querés ser mi hijo?. Quienes no sientan particular interés por Nara, probablemente coincidan con la valoración de esta indefendible película”, sostuvo Batlle.
El costo mediático vs. el resultado en pantalla
La maniobra comercial de apelar a una figura de alta exposición mediática pareció funcionar más como una estrategia de prensa que como una decisión artística justificada.
En la previa del lanzamiento, circuló en programas del espectáculo que Nara habría percibido cerca de 60.000 dólares por su participación protagónica, un presupuesto abultado para los estándares locales que elevó aún más las expectativas (y la exigencia) sobre el resultado final.
Ni las comentadas escenas íntimas con Agustín Bernasconi viralizadas hasta el cansancio en las redes ni la intensa campaña de promoción lograron salvar a la cinta de caer en la intrascendencia técnica y narrativa.
¿Querés ser mi hijo? concluye su semana de estreno funcionando como un recordatorio de que la "magia del cine" exige algo más que simple notoriedad mediática.
