Hace 21 años (15 de octubre de 2005) la Legislatura provincial sancionó una ley que se establecía que el calendario escolar único y permanente de efemérides del Chaco incluya la fecha 19 de julio como “Día de la Masacre de Napalpí”, y que, también en las escuelas, la semana del 13 al 19 de julio de cada año dicho episodio sea rememorado.
En la misma sesión, se aprobó un proyecto de resolución por la que se solicitaba al Poder Ejecutivo “incorpore a los diseños curriculares jurisdiccionales, en las áreas que correspondan de los distintos niveles y modalidades del sistema educativo provincial, la temática referida a la Masacre de Napalpí, sugiriendo como bibliografía el libro “Napalpí, la herida abierta”, del escritor y periodista Vidal Mario”.
Dicha sugerencia era atendible: hasta entonces dicha obra, publicada en marzo de 1998, además de ser la primera era también la única que hasta entonces existía sobre el tema.
Seis años antes de aquella ley, Juan Chico y Mario Fernández habían reconocido a través de un comunicado que publicaron en “Norte”: “Hasta la aparición del libro del escritor Vidal Mario, gran parte de nuestra sociedad desconocía la verdadera historia de la masacre de Napalpí ocurrida el 19 de julio de 1924 en un lugar que ahora es sagrado para nosotros”.
Extrañamente, en la década siguiente Juan Chico fue entronizado como el “único descubridor” y héroe de la historia. A mí se me invisibilizó y censuró por mis criticas al uso político y tendencioso que había empezado a darse al tema.
El mismo fue calificado de “hombre estrella”, “el mejor historiador que parió el Chaco en estas últimas décadas”, “el investigador que logró mantener viva la historia de Napalpí” y “el investigador que dio el primer paso para investigar la masacre de Napalpí”.
La verdad es que cuando en 1994 empecé a dar detalles de la masacre a través de “Norte”, Juan Chico aún era un adolescente de 17 años cursando la escuela secundaria.
Sin apoyo del aparato estatal, publiqué la cantidad de seis libros sobre la historia de Napalpí y los difundí personalmente por países como Estados Unidos y España.
No entendí, por ello, que en julio de 2023 se me acusara de “ultraderechista negacionista” y se me eliminara de un panel sobre la masacre que debía integrar con Eugenio Zaffaroni y el juez federal Daniel Rafecas.
Cronología pionera
Días pasados, desde Buenos Aires se me envió un informe titulado “La verdadera cronología de Napalpí”.
Es, según el subtítulo, “un análisis sobre la visibilización independiente, el arte popular y la posterior cooptación institucional del relato histórico” de dicha masacre
Textualmente, empieza así:
“Antes de que la Masacre de Napalpí se convirtiera en una bandera institucional o una causa judicial redituable, existieron investigadores y artistas independientes que rescataron el hecho del barro de la impunidad, arriesgando su propio capital intelectual y político sin ayuda estatal”.
Como pioneros, cita a dos personas:
“Vidal Mario (1998). El verdadero pionero contemporáneo. Con la publicación de su libro “Napalpí, la herida abierta” en abril de 1998, rompió más de siete décadas de olvido sistemático. Su investigación periodística e histórica instaló masivamente el tema en la agenda pública y legislativa del Chaco por primera vez, abriendo el camino para todos los debates posteriores.
Rudy Serrano y Lito Vitale. Los impulsores desde el arte popular. En el 2006, el músico Rudy Serrano (líder de “Hijos del Hijo”) se presentó junto al maestro Lito Vitale en el prestigioso programa de Juan Alberto Badía, de la televisión pública. Interpretaron la canción “Sangre aborigen”, poniendo la masacre en la pantalla nacional y generando una profunda conciencia colectiva mucho antes de cualquier intervención de las academias corporativas”.
Sigue señalando:
“A partir de finales de 2007, con la asunción de Jorge Capitanich en la gobernación del Chaco, el poder político detectó el enorme potencial de legitimación de la causa indígena. Es en este período (2008-2009) cuando se construye un relato oficial diseñado para desplazar a los mencionados pioneros independientes.
Juan Chico: Un indígena de origen humilde que trabajaba como albañil vio la visibilización previa lograda por artistas y periodistas y capitalizó el momento político. En 2008 publicó su primer libro y fue adoptado por la estructura estatal como el “historiador orgánico” ideal. El Estado financió su estructura y la “Fundación Napalpí”, permitiendo monopolizar y partidizar la causa desde adentro.
El Juicio de la Verdad (2022): Historiadores del CONICET y fiscalías federales se sumaron al ecosistema cuando el terreno ya estaba sembrado. El proceso culminó en el Juicio por la Verdad de 2022, donde las luces mediáticas y el rédito institucional fueron monopolizados por los sectores alineados al gobierno, marginando y censurando activamente las voces críticas”.
El informe concluye con esta declaración:
“El caso de la historia de Napalpí es un claro ejemplo de cómo la memoria histórica puede ser expropiada por los aparatos estatales y los círculos de interés intelectual. El egoísmo profesional y la conveniencia política crearon una narrativa donde el mérito pertenece al burócrata o al académico alineado, sepultando a quienes arriesgaron su voz en la total soledad del archivo y el escenario independiente”.
Todo está igual
Pese al cambio de gobierno operado en el 2023, en cuanto a uso político de la historia de Napalpí todo está igual.
Así se constató –otra vez- en el “IX Seminario de Reflexión sobre el Genocidio Indígena en el Chaco” que tuvo lugar el 2 de octubre pasado en la “Casa de la Memoria” de Sáenz Peña.
Una de las organizadoras fue una conocida referente chaqueña de Juan Grabois, funcionaria nacional durante el gobierno de Alberto Fernández. Otro organizador fue un referente de la agrupación kirchnerista H.I.J.O.S de la referida ciudad.
Se habló de los 50 años del golpe militar de 1976, de violencias digitales, de racismo estructural, de participación política de la juventud indígena en este siglo, del invento político-judicial denominado “Juicio por la Verdad de Napalpí” (una de cuyas sesiones se desarrolló nada menos que en la Escuela de Mecánica de la Armada-Ex ESMA) y de la pseudo-sentencia judicial dictada tras ese “juicio”.
No se habló ni se reflexionó sobre lo que se debería haber hablado y reflexionado: la historia de Napalpí.
Lo sorprendente fue que fue auspiciado por el Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología de la provincia.

