miércoles 2 de septiembre, 2026

El otro 90%

31 de agosto 2026

La caída del empleo industrial es un problema serio y lo venimos diciendo. Se pierden los puestos mejor pagos y más registrados del sector privado, y no hay nada que los reemplace. Por eso la discusión pública sobre el trabajo quedó corta.

Industria sí, industria no. Proteger las fábricas o dejar que el mercado decida. Las dos dan por sentado que ahí se resuelve el empleo argentino. La industria ocupa uno de cada diez puestos: aun recuperando todo lo perdido, la pregunta de fondo seguiría abierta.

Los sectores que traen los dólares ocupan mucho menos. Minería y petróleo juntos no llegan al uno por ciento del empleo, y cada puesto que promete el RIGI arrastra medio millón de dólares. Discutimos con pasión sobre ese 10% mientras el resto, el que atiende un mostrador, levanta una pared o sirve una mesa, espera afuera.

No es una rareza local. Dani Rodrik, que defendió la política industrial durante treinta años, firmó un documento del FMI que proyecta que en una década dos tercios de los trabajadores del mundo en desarrollo estarán en oficios sin título universitario ni competencia externa: comercio, transporte, gastronomía, cuidado de personas.

El documento aclara que la industria sigue importando por productividad, conocimiento e inversión. Lo que perdió es la capacidad de emplear en masa. ¿Dónde trabaja el resto? La respuesta la da la informalidad, que llegó al 44,2% de los ocupados, dos puntos más que hace un año.

Conviene ser claros. Al empleo en negro lo produce la baja productividad mucho antes que la picardía. Un negocio que genera poco valor por empleado no puede pagar la formalidad, tenga la voluntad que tenga. Se sale con productividad, no con inspectores.

Los números son elocuentes. En la industria, con productividad alta, la informalidad ronda el 30%. En la construcción llega al 60% y en las casas particulares al 72%, actividades que producen menos de la mitad del valor por trabajador. Cada puesto que la fábrica expulsa reaparece más abajo.

¿Qué hacer con esa “gran masa”? Algo parecido a lo que el INTA y el INTI hacen (o hacían) con el campo y la industria, pero para comercios y servicios: asistencia técnica, gestión y tecnología, negocio por negocio. Acuerdos con grandes empresas para que hagan crecer a sus proveedores y herramientas para que alguien sin título haga tareas de profesional.

Ahora bien, hace falta un Estado que coordine, se siente con las empresas y estructure una política de gestión y seguimiento. Difícil de imaginar con una administración que desarma esas capacidades. Del otro lado siguen proponiendo cerrar la economía para fabricar acá lo que afuera cuesta una fracción.

En campaña, la conversación gira alrededor de nombres propios y el largo plazo queda para el día después. De qué va a vivir el 90% que no entra a una fábrica difícilmente sea tema. Y, sin embargo, la respuesta se escribe sola, trimestre a trimestre, en las cifras de informalidad.

SECCIÓN NACIONAL

“Shot” de liquidez para el crédito hipotecario

El Gobierno anunció esta semana una medida para reactivar el crédito hipotecario. El Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSES colocará hasta $2 billones en plazos fijos bancarios, a UVA + 2,5% a un año y UVA + 4,5% a cinco. Los bancos deberán volcar esa liquidez a créditos de primera vivienda, con tasa tope de UVA + 7,5% y 15 años de plazo mínimo.

El anuncio llega en un contexto de estancamiento generalizado del crédito al sector privado. En agosto el stock de créditos cayó 0,4% en términos reales y ya acumula una baja de 2,9% en lo que va del año, con segmentos asociado al consumo a la cabeza: tarjetas de crédito -12% abajo de dic-25 y préstamos personales, -6,3%.

No es un dato menor. El crédito fue uno de los motores de la recuperación del último año y empieza a perfilarse como la principal apuesta del Ejecutivo dinamizar la actividad económica de cara al año electoral.

Aun así, el hipotecario es el único segmento que sostuvo tasas de crecimiento positivas durante los primeros ocho meses del año, aunque a 1,2% real mensual: apenas un quinto de la velocidad que mostró en la fase expansiva de 2024 y 2025 (5,5%).

La importancia del segmento también pasa por su vínculo directo con la inversión privada, principalmente a través del mercado inmobiliario y la la construcción. Los efectos del deterioro reciente están a la vista: las escrituras con hipoteca en CABA y PBA cayeron 34% interanual en los primeros siete meses del 2026.

Para dimensionar el impacto potencial de la medida, el stock hipotecario, en pesos constantes, ronda los $9,5 billones; si toda la colocación se volcara a créditos nuevos (el mejor de los escenarios) llegaría a $11,5 billones, quedando todavía 31,9% por debajo del máximo de 2018.

Tras meses de ortodoxia, el Gobierno vuelve a mostrar su faceta pragmática y apuesta al crédito hipotecario para reactivar la construcción y apuntalar la inversión privada.

Un poco de calma

Después de varias ruedas de relativa tensión, algunos frentes financieros encontraron alivio. Las tasas en pesos comprimieron desde los máximos del miércoles, la liquidez volvió a niveles más holgados y el Tesoro dejó medio billón de pesos en el mercado.

Ese alivio convivió con un mercado de deuda todavía exigente. El riesgo país cerró en torno a 512 puntos básicos y acumula una suba de 20% en agosto, mientras bonos como el GD35 llegaron a rendir cerca de 10% anual. El deterioro fue doméstico, con los emergentes relativamente estables, y mantiene elevada la prima sobre 2027.

La respuesta del Tesoro fue evitar convalidar esas tasas en los tramos más largos. Por segunda licitación consecutiva no ofreció instrumentos posteriores a 2027 ni incluyó Bonar, algo inédito desde que comenzó el programa. La decisión evita fijar hoy un costo demasiado alto, aunque posterga parte del financiamiento que deberá conseguir más adelante.

En el frente cambiario, el vencimiento del D31G6 concentró la atención. El instrumento tenía un nocional de USD 2.595 M y coincidió con casi USD 3.600 M negociados en futuros de dólar, el segundo mayor volumen de la era Milei. El BCRA intervino para sostener el tipo de cambio dentro de la banda.

Las estimaciones indican que el Central aportó cerca de USD 800 M de cobertura entre spot y futuros, mientras el Tesoro colocó unos USD 400 M de deuda dólar-linked. Frente al vencimiento original, la cobertura neta habría caído alrededor de USD 1.300 M. Es una reducción

relevante de presión acumulada sin un salto cambiario inmediato.

Las reservas también dieron margen. Las brutas tocaron USD 50.900 M, máximo de siete años, y el BCRA habría cumplido anticipadamente la meta acordada con el FMI para 2026. En agosto la acumulación fue de USD 1.300 M, o USD 2.700 M ajustando por encajes estacionales, aunque parte respondió a factores puntuales.

Uno fue la acumulación de divisas de la Provincia de Buenos Aires para afrontar un vencimiento de USD 450 M. Más importante hacia adelante será el flujo del agro. Las ventas de soja alcanzan 49,6% de la producción estimada, 6,4 puntos por debajo del promedio histórico, señal de que los productores conservan margen para postergar liquidaciones.

Esa decisión también responde a precios relativos. Con un tipo de cambio todavía contenido, esperar conserva atractivo, pero los precios de los principales cultivos acumulan subas de entre 17% y 39% en el año. Ese movimiento mejora el incentivo a vender y puede aportar más oferta de divisas durante los próximos meses, aún sin una liquidación acelerada.

El desafío es transformar ese alivio en algo más persistente. La mayor liquidez y el impulso al crédito hipotecario, con fondeo de largo plazo en UVA vía ANSES, apuntan a sostener la actividad. La media sanción de la reforma de la Carta Orgánica del BCRA también juega en ese plano, aunque su reversibilidad por mayoría simple limita cuánto puede modificar las expectativas de largo plazo.

SECCIÓN MUNDO

Balance positivo para una semana clave

El escenario global dejó señales favorables, aunque insuficientes para hablar de un cambio de tendencia. Las acciones tecnológicas sostuvieron a los mercados, los granos subieron y el petróleo cedió. Del otro lado, Estados Unidos concentra la tensión, con una inflación que baja lentamente y tasas largas elevadas.

La medida de inflación que la Reserva Federal sigue más de cerca, el índice de precios del consumo personal sin alimentos ni energía (PCE subyacente), aumentó 0,2% mensual en julio y 3,3% interanual. El dato mensual estuvo en línea con lo esperado, pero la variación anual sigue lejos del objetivo de 2%. El bono del Tesoro a 30 años cerró en 5,2%.

En Jackson Hole, Warsh despejó poco el panorama. Evitó anticipar qué hará la Fed con la tasa de referencia y calificó los últimos datos de inflación como mejores, aunque poco convincentes. El bono a dos años subió hasta 4,29% y la probabilidad de una suba en septiembre pasó de 35% a 46%. Cada dato ganó más peso.

Ese cuadro limita cuánto pueden mejorar los activos sensibles al costo del dinero. Con inflación por encima de la meta y rendimientos largos exigentes, cualquier sorpresa puede modificar las expectativas. Para los países emergentes, la discusión pasa menos por nuevas subas inmediatas y más por cuánto tiempo pueden mantenerse esas tasas.

Dentro de ese marco, NVIDIA aportó una señal de fortaleza. Sus ingresos alcanzaron USD 96.200 millones, 106% más que un año atrás, mientras el negocio de centros de datos creció 117% hasta USD 89.000 millones. La empresa proyectó ingresos por USD 108.000 millones para el próximo trimestre y evitó una decepción que parte del mercado descontaba.

Los precios de los principales cultivos también acompañaron. El trigo subió 6%, el maíz 2,4% y la soja 2%, impulsados por menores perspectivas de oferta, calor en Estados Unidos y restricciones sobre exportaciones ucranianas. En sentido contrario, el petróleo cedió tras un acuerdo provisional entre Irán y Omán que redujo la presión geopolítica sobre el crudo.

Para Argentina, esa combinación importa. Mejores precios agrícolas elevan el valor potencial de las exportaciones, mientras un petróleo más barato ayuda a moderar la inflación internacional y los costos energéticos. El efecto dependerá de cuánto se produzca y comercialice, pero el movimiento de precios mejora el contexto externo para los próximos meses.

Los bancos centrales emergentes muestran que la baja de la inflación tampoco avanza de manera uniforme. Corea y Filipinas elevaron sus tasas, mientras Brasil registró una caída de 0,40% mensual en el IPCA-15 de agosto. La baja respondió a un efecto transitorio en electricidad, mientras los servicios volvieron a acelerarse.

La próxima prueba será ver si Estados Unidos puede seguir moderando la inflación sin necesitar un ajuste adicional de tasas que enfríe más de lo previsto la economía. Si ese equilibrio aparece, el escenario externo podría mejorar para los emergentes. Si no, las mejoras seguirán teniendo poco margen para consolidarse.

Dinámica | Economía y Estrategia: Consultora dedicada al análisis económico y asesoramiento en gestión de PyMEs.
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