Ocho meses de calma cambiaria alcanzaron para estabilizar expectativas, pero todavía no para poner en marcha una recuperación consistente. La actividad cayó 0,5% en mayo y volvió a quedar por debajo de diciembre. El programa ya atravesó el tiempo que debía convertir el orden nominal en crecimiento. La pregunta dejó de ser cuándo aparecerán las señales y pasó a ser si podrán sostenerse.
El consumo ofreció un alivio: supermercados, autoservicios mayoristas y centros de compra crecieron frente a abril. Pero un mes positivo no alcanza para confirmar un cambio de tendencia. La confianza del consumidor cayó 4,8% en julio, revirtiendo parte del avance de junio. Por lo tanto, la mejora de las ventas convive con hogares que siguen evaluando con cautela su situación y sus posibilidades de gasto.
El crédito aporta una advertencia. La mora de las familias subió por decimo novena vez consecutiva y alcanzó 12,8% en mayo, 0,7 puntos porcentuales más que en abril. En préstamos personales llegó a 15,9% y en tarjetas de crédito a 13,1%, máximos en dos décadas. Al mismo tiempo, el saldo real de los préstamos al consumo volvió a disminuir.
Eso no implica que la recuperación esté descartada. La estabilidad cambiaria y la ausencia de otro ajuste disruptivo deberían permitir una recomposición. También existe un respaldo externo considerable: la economía está generando los dólares necesarios para sostener el esquema sin depender, al menos por ahora, de una contracción adicional de la demanda interna.
El gráfico de la semana muestra esa fortaleza. El superávit comercial alcanzó USD 13.923 M durante el primer semestre, uno de los registros más altos de las últimas décadas medido a dólares actuales. Las exportaciones sumaron USD 49.454 M y crecieron 24,4% interanual, mientras las importaciones bajaron 3,9%. Sólo el balance energético aportó USD 5.076 M, casi USD 2.000 M más que un año atrás.
Sin embargo, el superávit comercial no reemplaza al mercado interno. Una parte de su expansión responde a sectores con alta productividad y baja capacidad de arrastre inmediato, mientras la caída de las importaciones también refleja una demanda todavía contenida. El frente externo ofrece recursos, reduce vulnerabilidades y compra tiempo; no garantiza por sí mismo más empleo, mejores ingresos ni una expansión generalizada.
La velocidad empieza a ser una variable política. La encuesta de julio de la Universidad de San Andrés ubicó la aprobación del Gobierno en 34% y la desaprobación en 62%, un punto más que en junio. La falta de trabajo llegó al 40% en la serie evolutiva de preocupaciones, mientras que los bajos salarios alcanzaron 35%. Además, el 56% piensa que el país empeoró durante el último año.
La pax cambiaria fue una condición necesaria y sigue siendo un activo. Pero después de ocho meses dejó de ser una novedad capaz de sostener expectativas por sí sola.
El Gobierno necesita que el orden macroeconómico se traduzca antes de que el deterioro social termine fijando la interpretación del proceso. Si la actividad no arranca, el tiempo ganado por la estabilidad puede convertirse en tiempo perdido.
SECCIÓN NACIONAL
La actividad y el juego de ganadores-perderores
La actividad volvió a caer en mayo, pero el dato central no está en el promedio sino en la distancia acumulada entre sectores. El nivel general retrocedió 0,5% frente a abril y quedó 1,5% por debajo de diciembre. Esa debilidad reciente convive con una economía que llega a este punto desde posiciones muy distintas.
Los ganadores (Agro, Minería y Oil&Gas e Intermediación Financiera) retrocedieron 2,0% en mayo y acumulan una baja de 5,7% desde diciembre. Aun así, operan 20,5% por encima de agosto de 2023. La caída reciente no elimina la ventaja construida: corrige parcialmente un crecimiento previo muy superior al promedio. Dentro del grupo, Minería y Oil&Gas conserva la trayectoria más firme, mientras el agro explica buena parte de la volatilidad reciente.
Los perdedores (Industria, Construcción y Comercio) muestran una lógica inversa. Su nivel apenas cayó 0,8% desde diciembre, pero todavía se ubica 9,3% por debajo de agosto de 2023. La estabilidad de los últimos meses no alcanza para hablar de recuperación: llega después de una contracción profunda que aún no fue revertida. Además, son ramas con fuerte incidencia sobre el empleo, el consumo y la actividad en el Interior.
El contraste es más estructural que coyuntural. Los ganadores pueden tener meses negativos sin perder la ventaja acumulada; los perdedores pueden mejorar marginalmente sin salir del rezago.
Mayo muestra que el problema no es solo cuánto crece la economía, sino qué sectores sostienen ese crecimiento y cuáles siguen muy por debajo de su punto de partida. Mientras esa brecha permanezca, la recuperación seguirá siendo parcial y con capacidad limitada para extenderse al resto del entramado productivo.
El consumo repuntó en mayo
Los principales canales comerciales volvieron a crecer al unísono. Las ventas crecieron frente a abril en supermercados, autoservicios mayoristas y centros de compra, por primera vez en varios meses. El movimiento permite hablar de un repunte, aunque la comparación de los niveles muestra que la recuperación sigue siendo desigual.
En supermercados, las ventas reales avanzaron 0,9% mensual. La mejora corta una dinámica débil, pero el nivel desestacionalizado todavía se ubica 8,5% por debajo del promedio de 2022. El consumo masivo estabilizó su caída, aunque aún no recuperó el volumen previo al ajuste.
Los autoservicios mayoristas crecieron 2,3% en mayo, la suba mensual más marcada desde octubre. Sin embargo, continúan siendo el canal más rezagado: las ventas permanecen 17,8% por debajo del promedio de 2022 y también caen en la comparación interanual. La mejora del mes reduce la velocidad del deterioro, pero todavía no modifica una trayectoria prolongadamente contractiva.
La señal más firme llegó desde los centros de compra. Las ventas subieron 3,1% mensual y 11,9% interanual, alcanzando el nivel más alto des de marzo de 2025. El dato es relevante porque estos establecimientos concentran indumentaria, artículos deportivos, electrónica y bienes para el hogar: consumos más postergables que los alimentos y más sensibles a una mejora de las expectativas.
El balance de mayo es positivo, pero no uniforme. Los tres canales repuntaron en el margen, aunque los centros de compra avanzan con mayor fuerza, los supermercados apenas comienzan a recomponerse y los mayoristas siguen muy deprimidos.
El asunto es si este repunte se transformará en reactivación en un contexto de ingresos que siguen sin poder hacerle frente a la inflación.
Entre la mejora crediticia y la volatilidad
La semana confirmó que el frente financiero argentino atraviesa una etapa de avances, pero también de mayor exigencia. La mejora crediticia y el regreso de emisores al mercado conviven con un soberano que todavía no consolida una baja sostenida de su prima de riesgo y con un contexto internacional menos favorable.
Moody’s elevó la calificación soberana a B3 con perspectiva positiva, completando el ciclo iniciado por Fitch y S&P Global. La reacción inmediata fue limitada: el riesgo país apenas cedió con el anuncio y terminó la semana en 437 pbs, frente a los 417 del viernes anterior. La expectativa de perforar los 400 puntos, que había ganado fuerza tras la decisión de Moody’s, quedó así postergada.
La señal más constructiva apareció en el mercado primario offshore. Neuquén colocó USD 500 M a ocho años, con una tasa de 7,65%, en la primera emisión subsoberana desde 2017 y con Vaca Muerta como respaldo. Petroquímica Comodoro Rivadavia amplió su colocación hasta USD 400 M al 8,625%, apoyada en una demanda sólida. A su vez, la CAF aprobó avales por USD 250 M para facilitar el acceso argentino a financiamiento privado internacional y movilizar hasta USD 1.200 M adicionales en mejores condiciones.
Con estas operaciones, las emisiones corporativas y provinciales en dólares acumulan USD 8.900 M en el año. La firmeza del mercado primario, pese a la debilidad soberana, no es contradictoria. Los inversores diferencian entre créditos respaldados por activos, flujos o recursos concretos y una deuda nacional más expuesta al riesgo político. Por eso empresas y provincias todavía encuentran demanda, aunque el soberano no logra consolidar la compresión esperada.
Como contrapunto, la compra de USD 345 M del viernes obliga a rever la lectura sobre el BCRA. Hasta el jueves, las adquisiciones se habían reducido a un promedio de USD 35-45 M diarios, muy por debajo del registro anterior. La última rueda elevó el total semanal hacia USD 500 M y llevó el promedio diario a alrededor de USD 100 M. Hubo una desaceleración frente a la semana previa, pero no una pérdida abrupta de la capacidad compradora.
Ese desempeño debe leerse junto con otras señales. El dólar oficial llegó a $1.510, la posición vendida del BCRA en futuros aumentó hasta USD 492 M y el vencimiento del LELINK de julio mantiene una presión puntual. También se suma un petróleo cercano a USD 100 por barril, que agotó el margen utilizado por YPF para amortiguar el traslado a combustibles.
Los bonos argentinos retrocedieron más de 1% con la suba de las tasas estadounidenses. Con rendimientos locales inferiores a 9%, la tasa libre de riesgo pesa cada vez más sobre las valuaciones.
Por eso, el balance es mixto: el mercado primario sigue abierto y el BCRA conserva capacidad de compra, pero el riesgo país volvió a subir y una eventual salida del Tesoro depende cada vez más de variables que Argentina no controla.
SECCIÓN MUNDO
Doble cierre y el crudo vuelve a subir
El equilibrio que sostuvo a los mercados durante julio está en discusión. El encarecimiento de la energía, la cautela de los bancos centrales y el costo de la carrera por la inteligencia artificial avanzan en simultáneo, aunque los índices todavía reaccionan con una calma llamativa.
El Brent rozó USD 100 después de que los hutíes declararan un bloqueo naval al tráfico saudita en el Mar Rojo, sumando presión al Estrecho de Ormuz. Goldman Sachs advirtió que el crudo podría superar USD 120 si la interrupción se prolonga. Claro está, si las rutas alternativas no compensan el faltante, el impacto recaerá primero sobre los países importadores.
La suba del crudo complica a los bancos centrales. La Reserva Federal llega a su reunión del 29 de julio con el mercado dividido entre una pausa y una nueva suba, mientras el bono estadounidense a diez años operó en 4,63% y el de treinta años se mantuvo por encima de 5%. Bank of America incorporó aumentos de tasas en 2026. El BCE hizo una pausa, pero dejó abierta la posibilidad de actuar en septiembre. En Japón, la debilidad del yen mantiene bajo presión al banco central.
En el frente corporativo, Alphabet y Tesla mostraron el costo de sostener la carrera por la inteligencia artificial. Alphabet aumentó sus ingresos 24% interanual y Google Cloud tuvo su mejor trimestre, pero la compañía registró por primera vez un flujo de caja libre negativo y elevó su plan de inversión. Tesla también alcanzó ingresos récord, aunque sus márgenes se redujeron por el mayor gasto en inteligencia artifi cial y robotaxis. El mercado todavía tolera ese deterioro porque las ventas continúan creciendo.
La próxima prueba llegará con Amazon y Meta. Más que el resultado trimestral, importará cuánto planean invertir y si pueden demostrar que ese gasto responde a una demanda real. Si sostienen el crecimiento, la narrativa seguirá en pie. Si muestran retornos débiles, la corrección podría ampliarse, sobre todo porque buena parte del mercado está concentrada en pocas compañías tecnológicas.
A este cuadro se sumaron nuevas tensiones comerciales y geopolíticas. El vierne, Estados Unidos impuso nuevos aranceles a múltiples países, presionando incluso a socios estratégicos y emergentes mundiales. El Banco Mundial advirtió que la guerra en Medio Oriente podría reducir el crecimiento global a 1,3%. En paralelo, China alimentó expectativas de estímulo y presentó avances en inteligencia artificial, reforzando la competencia tecnológica.
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