La desinflación empieza a mejorar las condiciones para que los ingresos dejen de perder terreno, pero el cambio todavía es pequeño. No hay una recuperación capaz de alterar de golpe el consumo ni de devolver a las familias la capacidad de compra perdida. Hay apenas un movimiento favorable que necesita tiempo, empleo y una política económica bastante más precisa que la aplicada durante la primera etapa del ajuste.
El gráfico de la semana muestra la evolución del ingreso total familiar y de los gastos inflexibles. El primero reúne ingresos laborales formales e informales, jubilaciones y transferencias; los segundos agrupan consumos difíciles de recortar. Al relacionar ambas series, nuestro modelo estima que el ingreso disponible mejoró 4,3% entre marzo y junio. Todavía está 10% debajo de agosto pasado y 21,5% por debajo de 2023.
La desinflación es condición necesaria, no suficiente. El empleo privado cayó por undécimo mes consecutivo en abril y perdió 131.000 puestos desde mayo de 2025. Esto ocurre mientras la actividad creció 4,5% el año pasado y 2,1% durante el primer cuatrimestre de 2026. La economía puede crecer sin generar empleo cuando avanzan sectores intensivos en capital y retroceden aquellos que concentran trabajo.
Industria, construcción y comercio reúnen 44,2% del empleo privado formal. La construcción perdió 92.000 puestos durante el primer tramo del ajuste, principalmente por la paralización de la obra pública. Energía, minería, agro y finanzas pueden aportar producción y divisas, pero no compensan esa pérdida con la misma intensidad laboral. Ya no alcanza con mirar el promedio: hay que estudiar el metro cuadrado de cada sector.
El resultado fiscal conocido esta semana obliga a afinar también el ajuste del Estado. En junio, el Sector Público Nacional tuvo un déficit primario de $696.843 M y uno financiero de $1,02 billones. Influyeron el traslado a julio de Ganancias de personas humanas y el pago de aguinaldos previsionales. El semestre conserva superávits de 0,6% y 0,1% del PBI, respectivamente, pero el margen dejó de ser holgado.
Esta presión es esperable después de bajar la carga tributaria para algunos sectores (impuesto PAIS derechos de exportación). El gasto no indexado ya tiene poco espacio adicional: la obra pública nacional fue llevada a una expresión mínima, mientras haberes, salarios públicos y prestaciones perdieron mucho poder de compra. Seguir ajustando no puede consistir en paralizar funciones; debe pasar por mejorar la eficiencia.
La construcción aparece como un caso testigo de que el gobierno está tomando (tímidamente) cartas en el asunto. Es intensiva en empleo, moviliza proveedores locales y puede trasladar rápidamente una mejora hacia los ingresos. Los rumores sobre una reedición del Procrear con diseño libertario muestran que ese frente empieza a ganar espacio. El esquema en evaluación combinaría crédito para vivienda y construcción, participación privada y subsidios acotados.
La próxima etapa no debería abandonar el equilibrio fiscal ni buscar un consumo artificial. Debería combinar estabilidad con intervenciones selectivas donde la actividad puede crear empleo y ampliar la demanda.
Por lo pronto, el panorama para el sector privado es el de una recuperación lenta y desigual. Este contexto difícilmente cambie si el Ejecutivo no se adentra en una sintonía fina para darle forma a un plan de crecimiento de cara a 2027.
SECCIÓN NACIONAL
La demanda privada de dólares no apareció
El hecho más llamativo de la semana no fue la magnitud de las compras del BCRA sino lo que ocurrió con el tipo de cambio mientras compraba.
El lunes 13 de julio, el BCRA compró USD 532 M en el MULC, el mayor saldo diario de la gestión Milei y casi el doble de los USD 280 M del viernes previo. Aun así, el peso se apreció y el dólar oficial cerró en $1.471, cerca de los niveles de fines de junio. Cuando la autoridad monetaria compra semejante volumen y el precio cae, la clave no está sólo en la oferta: está, sobre todo, en la demanda que no aparece.
La particularidad es que esto sucede en julio, un mes menos favorable para el ingreso de divisas. La liquidación agrícola ya queda lejos del pico de cosecha de abril y mayo, mientras que el Mundial debería aumentar la demanda de dólares por turismo.
Sin embargo, el promedio diario de compras del BCRA se mantiene cerca de los meses de mayor oferta estacional. Hubo factores puntuales, como el cobro del FGS de casi USD 400 M por renta y amortizaciones de Globales y Bonares, que pudo haber concentrado oferta. Pero ese elemento no alcanza para explicar que el peso se haya apreciado de forma persistente.
La diferencia la marca el sector privado, que está esquivando la dolarización. No se trata de euforia generalizada ni de confianza irreversible, sino de una decisión financiera concreta: mientras el tipo de cambio no se mueve, la tasa en pesos sigue pagando. El costo de quedarse afuera del carry luce más alto que el riesgo de entrar tarde al dólar. Esa lógica no requiere una expectativa de apreciación permanente; alcanza con que el mercado crea que la corrección no será inmediata. La inflación de junio, tratada más adelante, acompaña con registros más bajos. La urgencia por cubrirse pierde intensidad.
El balance del BCRA también juega a favor. La autoridad monetaria reembolsó casi la totalidad del préstamo BIS de USD 2.500 M que había utilizado para cancelar el swap con el Tesoro de Estados Unidos. Al eliminar ese pasivo, mejora el margen para acumular reservas brutas y reduce una fuente de presión sobre la hoja de balance.
Además, el Tesoro emitió el ARGBON al 6% con vencimiento en 2029, operación que debería sumar reservas en los próximos días. Las compras acumuladas en el MULC ya superan los USD 11.700 M, y julio podría terminar por encima de cualquier mes previo.
El riesgo inmediato aparece por el lado de los combustibles. El Brent superó los USD 88 por barril tras nuevos ataques a petroleros en el estrecho de Ormuz, y el margen de absorción que YPF venía usando desde abril ya se agotó. Puede haber traslado a surtidores en un momento sensible para la desinflación.
Aun así, las variables que sostienen el ancla nominal siguen siendo el tipo de cambio y las tarifas. Un aumento puntual en naftas puede afectar el registro mensual, pero difícilmente alcance para quebrar la tendencia.
El empleo privado cayó en abril por onceavo mes consecutivo
Esta semana el SIPA dio a conocer el dato de empleo registrado de abril y confirmó una tendencia que ya lleva casi un año. El empleo privado cayó por onceavo mes consecutivo: retrocedió 0,2% mensual (-11.700 puestos) y acumula una pérdida de 131.000 puestos desde mayo de 2025 (-2,1%). Con este registro se consolida el segundo ciclo de destrucción de empleo de la actual gestión. Puesto en perspectiva, desde el último máximo de agosto de 2023 se perdieron 271.000 puestos formales (-4,2%).
La particularidad de este proceso es que ocurre con una economía que crece por segundo año consecutivo. En 2025 la actividad económica creció 4,5% mientras el empleo se redujo 0,5%; en el primer cuatrimestre de 2026 la economía avanza 2,1% interanual y el empleo retrocede 1,7%. Es decir, el nivel de actividad recupera terreno, pero no logra traccionar puestos de trabajo.
La película es la misma que venimos viendo desde el inicio de gestión: sectores ganadores con poco empleo y sectores perdedores intensivos en mano de obra. Por el lado de los rezagados en materia de actividad, la industria, la construcción y el comercio (que concentran el 44,2% del empleo formal) son quienes lideran las caídas. Durante el primer ciclo, la construcción perdió al 20% de sus asalariados (-92.000 puestos), producto de la paralización de la obra pública. La industria, por su parte, perdió 32.000 puestos en el primer ciclo y 50.000 en el segundo (-7,3% acumulado), afectada por su mayor exposición a la apertura comercial.
Sin embargo, lo llamativo es que los sectores ganadores también están expulsando empleo. Desde 2024, la Minería y Oil & Gas, el Agro y la Intermediación Financiera redujeron 18.000 puestos (-3,2%), aun con los tres en máximos históricos de producción. Parte se explica por el desarrollo de Vaca Muerta, con una lógica más asociada al capital y al desarrollo tecnológico que a la mano de obra.
Con todo, el Gobierno prioriza el crecimiento económico (y la macro) por sobre el desarrollo (y la micro). La apuesta son las Grandes Inversiones: ¿llegarán en la cuantía y tiempos necesarios para contener lo social y político?
La inflación rompe nuevamente la barrera del 2%
El Índice de Precios al Consumidor (NDEC) marcó una inflación del 1,9% en junio, volviendo a ubicarse por debajo del 2% después de diez meses y consolidando una fuerte baja tras las turbulencias del primer trimestre. Con este registro, la inflación acumula una suba del 16,8% en lo que va del año y del 33,5% en términos interanuales.
El dato tiene un plus: la núcleo fue de 1,6%, señal de que la desaceleración no responde solo a regulados o a factores estacionales.
A diferencia de lo que vimos el año pasado, el primer semestre de 2026 sostuvo mes a mes una corrección de precios relativos, y eso implica un doble logro en materia de desinflación. El nivel general bajó al mismo tiempo que los servicios continuaron acomodándose por encima de los bienes: en el primer semestre, el precio de los bienes creció 14,8% vs servicios trepando 20,9% (con boletos de transporte ajustando 25,7% y tarifas energéticas 30,1%).
Así, la desinflación de junio es un dato muy positivo a leer. No solo mejora el número, sino que lo hace resolviendo temas que impactan al frente fiscal (como los regulados). Esto deja un buen panorama de cara a la segunda mitad del año.
SECCIÓN MUNDO
Desinflación en EE.UU. ¿Se complica hacia adelante?
El IPC de junio sorprendió a la baja. El índice general cayó 0,4% mensual, la mayor baja desde abril de 2020, frente a variación nula esperada. La núcleo avanzó 0,2%, contra 0,3% esperado, y quedó en 2,6% anual. El componente decisivo fue el de los alquileres, que pesa cerca de un tercio del IPC núcleo y se moderó por tercer mes consecutivo hasta 3,2% anual. La mayor fuente de inercia del ciclo post-pandemia empieza a ceder.
Eso cambia el tono de la FED. Waller había advertido que otra medición caliente de inflación núcleo podía justificar nuevas subas de tasas. Junio aleja esa hipótesis. El escenario base ubicaba la primera suba en diciembre de 2026, con riesgo de adelantamiento a julio; ese riesgo perdió fuerza. La conversación del FOMC puede pasar de cuándo subir a cuándo empezar a bajar. La renta fija global todavía procesa esa señal con demora.
El petróleo agregó tensión, pero no borra el mensaje del dato americano. El Brent superó los USD 88 por barril por ataques a petroleros en Ormuz y por el mayor ataque hutí a Arabia Saudita en años. En Europa, Alemania registró precios mayoristas de 4,9% anual y crecieron las apuestas por nuevas alzas del Banco de Inglaterra y del BCE. La FED enfrenta desinflación en servicios y vivienda; Europa, un shock energético que la política monetaria sólo administra parcialmente.
La temporada de resultados arrancó con números fuertes. El consenso espera un crecimiento de Beneficios por Acción del 23% anual para el S&P 500, concentrado en energía y tecnología. Los grandes bancos estadounidenses superaron sus estimaciones. JPMorgan ganó USD 21.200 M, el mayor resultado trimestral de la historia bancaria americana, con EPS de USD 6,14 contra USD 5,85 esperados. Goldman Sachs casi duplicó ganancias interanuales, con EPS de USD 20,98 e ingresos de USD 20.340 M. En conjunto, esos bancos reunieron USD 39.000 M en trading.
También hubo señales sólidas en semiconductores. TSMC reportó ingresos de USD 40.200 M, 33,7% más interanual, con márgenes brutos de 67,7% y operativos de 60,3%, ambos máximos históricos; elevó su guía de crecimiento anual a más de 40% y anunció USD 100.000 M adicionales de inversión en Arizona. ASML vendió EUR 9.300 M, por encima del techo de su propia guía. El dato operativo más relevante: el 77% de los ingresos de TSMC ya proviene de tecnología de 5nm o menos.
La pregunta que plantean esas cifras es si los múltiplos actuales de los hiperescaladores son consistentes con el ritmo al que cae el costo de la IA.
Morgan Stanley y Mukunda señalaron que el costo de igualar una capacidad dada de IA cae unas 50 veces por año. El transistor marca el riesgo: AT&T lo inventó en 1947, pero el acuerdo antitrust de 1956 la obligó a licenciarlo gratis y el valor se dispersó por la economía.
Si la IA repite ese patrón, conviene distinguir entre infraestructura, cuyas valuaciones ya descuentan concentración de valor, y aplicaciones que usan un insumo cada vez más barato.
Dinámica | Economía y Estrategia: Consultora dedicada al análisis económico y asesoramiento en gestión de PyMEs.
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