miércoles 15 de julio, 2026

Vamos aclarando el panorama

13 de julio 2026

El 2027 todavía queda lejos, pero algunas piezas que hasta hace poco eran fuente permanente de incertidumbre empiezan a ordenarse con mayor claridad. La pregunta central no es si la economía argentina dejó atrás todos sus problemas, porque eso sería una conclusión apresurada. La pregunta más relevante es si el Gobierno mejora sus chances de atravesar un año electoral sin sobresaltos cambiarios. Y, en ese punto, la respuesta empieza a ser más favorable.

La renovación de los REPO fue un movimiento importante en esa dirección. El Banco Central canceló operaciones vigentes por USD 6.000 millones y las refinanció por el mismo monto con bancos internacionales, llevando los vencimientos a septiembre de 2028. En términos simples, no se trata de dólares nuevos, sino de despejar vencimientos cercanos y ganar previsibilidad sobre el flujo de divisas. Esa operación, sumada al proceso de acumulación de dólares de los últimos meses, permitió llevar las reservas netas a una zona cercana a USD 10.350 millones, un nivel que Argentina no veía desde 2021.

El dato importa porque cambia la forma de leer los otros equilibrios macroeconómicos. En primer lugar, el fiscal. El Gobierno logró instalar la idea de que el equilibrio de las cuentas públicas no es una promesa circunstancial, sino una regla de funcionamiento. Que ya no se discuta si habrá o no ancla fiscal es, en sí mismo, un activo político y económico.

En una economía acostumbrada a que cada ciclo termine financiando desequilibrios con emisión, deuda o atraso cambiario, la consolidación fiscal reduce una de las fuentes más tradicionales de inestabilidad.

El segundo equilibrio es el externo. Las exportaciones podrían rondar los USD 100.000 M este año, generando un superávit comercial por aprox. USD 23.000 M. No es solo un número alto: es una fuente concreta de oferta de divisas en un país donde los años electorales suelen activar reflejos defensivos. Además, la proyección para 2027 no se desarma ni asumiendo supuestos menos cómodos. Incluso con importaciones creciendo al 10%, el saldo comercial seguiría por encima de USD 20.000 millones, apoyado en una base exportadora más robusta y en una actividad que, por ahora, no presiona de manera significativa sobre las compras externas.

Nada de esto elimina los riesgos. En el mientras tanto, la actividad sigue siendo el termómetro más sensible. La industria mostró en mayo una mejora mensual de apenas 0,4% desestacionalizado, aunque todavía cayó 5,7% interanual. La construcción, en cambio, rebotó 6,3% mensual y creció 4,1% interanual, aunque con una dinámica todavía irregular. También será necesario seguir de cerca los ingresos, porque la estabilización macro necesita validación social y capacidad de recuperación del consumo.

Pero el punto de fondo es otro: el mediano plazo empieza a verse menos condicionado por el miedo cambiario. Argentina no dejó de ser Argentina, y los años electorales seguirán siendo momentos de tensión. La diferencia es que el Ejecutivo llega a esa etapa con más reservas, menos vencimientos inmediatos y dos anclas —fiscal y externa— más consistentes.

Eso no garantiza tranquilidad, pero aumenta las chances de que 2027 se transite con menos temor a una nueva crisis del dólar. Para la planificación de las empresas, que el fantasma se aleje no es un dato menor.

SECCIÓN NACIONAL

Un 9 de julio sin sobresaltos

La semana tuvo dos momentos que definen el lugar que ocupa hoy Argentina en el mapa de los mercados emergentes. El lunes Caputo presentó el programa financiero 2026-27, declarando los vencimientos de estos 18 meses "completamente cerrados". El jueves, feriado en el mercado local, el país ejecutó el pago de los Globales y Bonares (USD 4.300 M en capital e intereses). Fue el cupón anual más grande de la historia reciente de la deuda soberana.

El mercado lo anticipó: el riesgo país llegó a 405 puntos el martes, mínimo desde abril/18, incluso mientras otros emergentes amplían spread. La paradoja de la semana es que Argentina resultó ser cierto lugar de refugio relativo en un momento en que el entorno global juega en contra.

El frente cambiario mostró todas positivas: compras sostenidas del BCRA, reservas en máximos, y brecha comprimida. Los USD 11.420 M comprados en el año por el Banco Central superan con creces los USD 8.000 M fijados por el FMI. Además, el ingreso de los préstamos sindicados (USD 3.200 M al 6,3%, con garantías del Banco Mundial y BID) elevó las reservas brutas a USD 49.536 M, máximo desde sept/19. El tipo de cambio oficial se movió pausadamente, en torno a $1.490, mientras el CCL operó cerca de $1.572 y la brecha se mantuvo en la zona del 5,5%.

Además, el BCRA extendió el repo de USD 6.000 M con bancos internacionales hasta sept/28. Esto reduce fuertemente las necesidades de financiamiento para 2027 y conserva capacidad de intervención cambiaria si se considerara necesario.

En el frente en pesos, la novedad pasa por el dato de IPC de la CABA: 1,81% en junio, marcando una desaceleración por tercer mes en fila, además del menor registro desde agosto/25. Además del número en sí mismo, algo importante del dato es que el componente núcleo también cedió, sugiriendo que la desinflación no es solo efecto de la calma del tipo de cambio. El IPC nacional se publica el 15/7 y debería confirmar la misma tendencia. Si se ubica debajo del 2% sería leído positivamente. Por su parte, las tasas en pesos se mantuvieron relativamente firmes, con la caución bursátil operando en torno a 19-20% TNA, la curva CER con leve sesgo positivo y los duales sostenidos.

Cerrando lo financiero, el Gobierno mostró que las necesidades de 2026 están cubiertas sin depender de los mercados internacionales de crédito (USD 19.200 M). Contempla compra de reservas (USD 6.700 M), colocaciones locales (USD 6.000 M), préstamos garantizados (USD 4.000 M) y el desembolso del FMI (USD 1.900 M). En 2027 las necesidades son de USD 24.900 M y el desafío será sostener este nivel de compras de reservas en un contexto electoral, donde los argentinos suelen dolarizarse por cobertura.

Tanto la imagen como la película lucen favorables, pero el frente global es volátil. El equipo económico espera spreads de 300 puntos para salir al mercado externo. Por ahora ronda los 400 pbs y el pulso de mercado es positivo, pero una Fed más hawkish y un contexto geopolítico inestable podrían cerrar la ventana de oportunidad actual. Con todo, el AO29 será la primera lectura de demanda concreta en esta nueva etapa, con una 1ra subasta el 13/7 por hasta USD 2.000 M.

El rebote de la industria no convence. Caídas generalizadas vs ‘25

Esta semana salió el dato del IPI Manufcaturero de INDEC. En mayo, la industria cayó 5,7% interanual, y acumula una baja del 3,1% en los primeros cinco meses del año

Si bien en la serie desestacionalizada muestra una suba del 0,4% vs abril, este mínimo rebote no alcanza para hablar de recuperación. La tendencia-ciclo volvió a mostrar una leve baja y el mapa sectorial sigue casi todo rojo.

El deterioro fue amplio. Catorce de las dieciséis divisiones industriales cayeron frente a mayo de 2025. Las bajas más relevantes combinaron sectores de peso e industrias sensibles al consumo y la inversión: maquinaria y equipo retrocedió 23,4%; automotores y autopartes, 15,9%; prendas de vestir, cuero y calzado, 14,7%; productos textiles, 26,2%; y alimentos y bebidas, 3,0%. Del otro lado, las excepciones fueron refinación de petróleo, con una suba de 19,4%, y productos de tabaco, con 14,6%.

Metiéndonos aún más en el entramado productivo y yendo a una desagregación por subsectores, la imagen es la misma. 48 de 66 subsectores cayeron en la comparación interanual (excluyendo neumáticos, que dejaron de ser comparables). Un año atrás eran 26. Además, 18 mostraron bajas de dos dígitos. No es el peor registro reciente, pero sí confirma que la mejora mensual todavía no se transformó en una recomposición extendida.

La encuesta de expectativas completa el cuadro. El principal límite para aumentar la producción vuelve a ser la insuficiente demanda interna, señalada por 53,2% de las empresas. Además, el balance esperado de pedidos para los próximos tres meses volvió a empeorar. La industria parece haber dejado atrás la fase más aguda del ajuste, pero todavía no encuentra –y no parece estar cerca de encontrar- el motor de salida.

La construcción asoma la cabeza

La construcción dejó en mayo una imagen más favorable que la industria, aunque todavía con un alcance limitado. El ISAC creció 4,1% i.a., acumuló una suba de 2,5% en los primeros cinco meses del año y avanzó 6,3% contra abril en la serie desestacionalizada. El dato mensual es relevante porque muestra que el sector volvió a moverse después de un abril débil. Pero el rebote todavía necesita continuidad.

La composición de los insumos muestra una mejora despareja. Crecieron pinturas para construcción, el resto de materiales, mosaicos, hormigón elaborado, hierro y aceros. Sin embargo, todavía caen rubros centrales para la obra tradicional, como pisos y revestimientos cerámicos, ladrillos huecos, placas de yeso, cales, yeso, asfalto y cemento portland. En otras palabras: hay más actividad, pero no una expansión homogénea en toda la cadena.

El dato más interesante aparece en los permisos de edificación. La superficie autorizada para obras privadas subió 16,6% interanual en abril y acumuló una mejora de 7,6% en el primer cuatrimestre. Si bien todavía debe convertirse en ejecución efectiva y demanda sostenida de materiales, esto es una señal adelantada positiva, porque marca una mayor disposición a iniciar proyectos.

Las expectativas completan la lectura. En obra privada, el balance esperado de actividad para junio-agosto mejoró respecto del relevamiento anterior: pasó de -5,7 a -3,9 puntos. Sigue siendo negativo, pero dejó de deteriorarse. El empleo, en cambio, no acompaña. Solo 7,8% de las empresas privadas prevé aumentar personal, mientras 19,6% espera reducirlo.

La construcción empieza a mostrar movimiento y vuelve a contagiar optimismo, pero el empleo es el límite central del repunte.

SECCIÓN MUNDO

El petróleo no se asustó

La semana arrancó con el pie izquierdo para los mercados globales. Corea del Sur activó el "circuit breaker" (mecanismo de pausa en la bolsa ante una gran caída) por una caída de 4,8%, Samsung se hundió 10% -pese a duplicar ingresos trimestrales- y los futuros del Nasdaq cedieron más de 1%, mientras el conflicto entre EE.UU. e Irán escalaba hasta el punto en que Washington respondió militarmente a ataques sobre buques en el Estrecho de Hormuz. El miércoles, el Brent llegó a subir 6% en una rueda. Sin embargo, para el jueves, el crudo se acomodó de vuelta en 76 dólares (sólo +6% vs semana anterior), el Nasdaq rebotaba y los ojos de los inversores pasaron a estar en los balances de las compañías que se conocerán la semana que viene.

La respuesta del petróleo es la más reveladora de la semana. El Estrecho de Hormuz -por donde pasa el 20% del suministro mundial de crudo- llegó el jueves a operar en cuasi-paro tras el segundo día consecutivo de bombardeos. Sin embargo, el Brent subió apenas un 1%. Aún más, la reserva estratégica de petróleo de EE.UU. está en el nivel más bajo desde 1983 (319,5 millones de barriles). Pero, como dijimos, el precio del crudo apenas se movió. No es que el mercado no vea el riesgo, pero sí que corrige hacia precios que reflejan un desenlace más benevolente del conflicto que el que se proyectaba hace unas pocas semanas. Bajo esos supuestos, los precios no lucen irracionales, pero si Catar y/u Omán deciden dar un paso al costado como mediadores, las negociaciones podrían radicalizarse.

En el frente monetario, las minutas de junio del Comité de Política Monetaria de la Fed confirmaron algo que el mercado venía evitando descontar: "algunos participantes" consideraron una suba de tasas en esa reunión, y el staff de la Fed subió su proyección de retorno al 2% de inflación desde fines de 2027 a fines de 2028. Warsh sigue sin dar a conocer su función de reacción –deliberadamente- y la reunión del 29/07 será el próximo punto de definición. El escenario base para la primera suba de tasa es diciembre y prima el escenario de "una suba y listo" -aunque el mercado descuenta que podría quedarse corto-.

El desplome de Corea tiene una lectura más estructural. Samsung duplicó ingresos pero el mercado la castigó porque había descontado márgenes fuertes de IA y la rentabilidad fue algo menor a la esperada. La pregunta es hasta cuándo las inversiones en infraestructura de IA generan el retorno que sus valuaciones suponen.

Por el lado europeo, la nota viene por Alemania. Se envió el Presupuesto 2027, y plantea un paquete fiscal con foco en Defensa (presionado por Trump) e Infraestructura, y que implicará una necesidad de financiamiento de €200.000 M. Este es el mayor cambio de paradigma fiscal europeo en años, en un momento en que el BCE ya inició un ciclo de suba de tasas. En lo financiero, el mercado podría empezar a castigar más a las tasas largas europeas, asignándole una cuota de riesgo a la expansión fiscal alemana.

La semana que viene arranca oficialmente la temporada de resultados del Q2-26. El consenso espera crecimiento de EPS del 23% para el S&P 500. Veremos si los números de las corporaciones logran sostener la calma en los mercados, o si menores márgenes de empresas tecnológicas tiren abajo los buenos números que viene mostrando el consumo (el gasto de tarjetas crece 5,1% i.a. en lo que va de julio).

Dinámica | Economía y Estrategia: Consultora dedicada al análisis económico y asesoramiento en gestión de PyMEs.
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