Recuerdo siempre estos dos ejemplos y suelo reírme solo: Más de 1000 micros arribaron a Mendoza en 2013 llevando a sus fans hasta el recital del Indio Solari. Y el otro sucedió unos años más adelante En Olavarría, en 2017, se calculó que al recital asistieron más de 300 mil personas, doblando así el número de habitantes del pueblo al que tocaba.
Siempre vinculé estos dos eventos con la literatura: el primero salta a la vista ya que se parece a La Autopista del Sur de Julio Cortázar. La realidad supera claramente a la ficción en muchos aspectos, o bien, la ficción invadió la realidad y en este país puede ser posible.
Los límites no están bien definidos y siempre se está corriendo la línea un poco más hacia los márgenes.
Con respecto al segundo caso, y salvando las distancias, no veo más que una horda de guerreros avanzando un territorio donde conquistar y ahí se parece más a La Ilíada,incluso los relatos de Marco Polo en sus viajes por el mundo, donde lo fantástico nublaba la vista por primera vez a los ojos del viajero.
Los Redondos y El Indio dejaron de ser referentes del rock nacional y desde hace tiempo pertenecen a la cultura argentina porque su legado es mucho más profundo y va más allá de la música.
Es imposible analizarlos fuera del contexto en que surgieron y crecieron, pero también se eso ya se habló demasiado: el menemismo, la década del 90, las privatizaciones y la expansión del capitalismo sobre el país y toda sudamérica. Y sin dudas entre las cosas atractivas que tuvo la banda es su acercamiento con los marginales.
Pero en realidad, pienso que el Indio nos ha brindado una de las premisas que tiene el amor por el arte y es que no hace falta entenderlo para que guste.
No pretendo juzgar ni meterme en la cabeza de cada fan de los redondos, (también sería una tarea más para la ficción que para un mero análisis) pero a las letras tan crípticas de Carlos Solari, también se le debe añadir la jerga propia que logró desarrollar a lo largo de su carrera: un lenguaje hecho de metáforas, imágenes marginales, hipérboles e incluso onomatopeyas, pienso de pronto en JIJIJI, Ñam Fi Frufi Fali Fru o bien Bang Bang, Estás Liquidado. Y esa misma e inexplicable atracción que generan sus letras, sus títulos, insisto, las mayorías casi inentendibles, también fue una fuerza que se manifestó en el amor y la devoción de sus fans, capaces de romper con la realidad misma.
Es decir, todo lo inimaginable, se dio y se expresó por sí mismo, como una fuerza que no requería presentación ni explicación.
¿Se pusieron a pensar lo que son 1000 micros estacionados? o bien ¿rodando por las rutas del país con un solo destino? ¿Se imaginaron doblar la cantidad de habitantes de un pueblo en una sola noche? Creo que con esos dos ejemplos bastan y son más que suficientes para dar cuenta de que El Indio ha sido una manifestación de algo inexplicable, mítico y una respuesta a una demanda de un público que no puede poner en palabras, o bien las palabras son insuficientes, de lo que el cantante les brindó.
Por mí parte, pienso que fueron la necesidad de que la música y la poesía finalmente estén al servicio de un pueblo, y demostrando así lo necesario y vital que son para las personas. Pienso en Borges y pienso que aquello fantástico que se generó entre público y banda, no es más que la proyección de una mente fantástica que forma una entidad y una identidad que camina por todo el país y que solamente morirá cuando se la deje de pensar, algo difícil de suponer.
Por: Marcelo Sibilla
