A 2 meses del inicio de la guerra

26 de abril 2026

A esta altura, la pregunta ya no es si el conflicto tendrá impacto económico. Ya lo tuvo. El punto ahora es cuánto de ese impacto queda como salto coyuntural de precios, cuánto se transforma en inflación persistente y cuánto empieza a condicionar decisiones políticas y financieras en las principales economías.

El primer canal fue directo: energía, combustibles y costos de transporte. En marzo, la inflación aceleró en buena parte del mapa global. Perú, Chile, Eurozona, Estados Unidos, México, Brasil y Argentina mostraron registros por encima del promedio de enero-febrero. Las respuestas oficiales fueron distintas, pero se movieron por carriles parecidos: subsidios, administración de precios, uso de reservas o reducción transitoria de impuestos. Los bancos centrales todavía no subieron tasas por el shock, pero el mercado ya corrigió algo relevante: las bajas esperadas se movieron al unísono hacia adelante.

En Estados Unidos, el impacto económico tiene una derivada política todavía más sensible. Trump gestiona la primera economía global con una lógica de presión permanente: amenaza, escala, negocia y vuelve a mover el tablero. Ese estilo necesita respaldo político. Y ahí aparece el problema. El promedio de encuestas del NYT muestra una aprobación del 38% y una desaprobación en torno al 58%. Las elecciones de noviembre serán definitorias. Una derrota contundente podría debilitarlo en lo que resta de gestión y reducir la potencia de su principal herramienta política: que sus amenazas sean tomadas en serio. El fallo de la Corte Suprema contra el esquema de aranceles y la discusión sobre cómo devolverlos ya funcionan como antecedente.

China llega a este escenario desde una posición más cómoda. Tiene un rol pasivo en la guerra, reservas estratégicas de petróleo muy superiores a las de Estados Unidos y una economía que todavía muestra tracción. La producción industrial creció 6,1% interanual en el primer trimestre, mientras el consumo minorista avanzó bastante menos, 2,4%. La mejora de corto plazo existe, apoyada en industria, exportaciones e inventarios. Pero la duda de fondo sigue siendo la misma: la demanda interna no acompaña con la misma fuerza que la oferta.

En el mundo emergente, por ahora no hubo una salida generalizada. El riesgo país, en varios casos, se mantuvo estable o incluso bajó respecto del 26 de febrero. Brasil es el caso más claro: la actividad sorprendió al alza, con un IBC-Br que avanzó 0,7% mensual desestacionalizado en enero-febrero, equivalente a una velocidad anualizada cercana al 4,4%, mientras el Ibovespa transita un buen momento aún con tasas elevadas.

La clave es no sobreactuar el diagnóstico. El petróleo sí tuvo un salto fuerte: el Brent pasó de unos USD 70 a la zona de USD 105, una suba cercana al 50%. Pero los granos no acompañaron con la misma intensidad: maíz y trigo subieron en torno al 5/6%, y la soja apenas cerca del 1%. No hay, por ahora, un ciclo generalizado de commodities. Hay un shock puntual, concentrado en energía, con impacto inflacionario concreto.

Argentina llega mejor parada que en otros shocks de oferta recientes. El resultado fiscal aparece en terreno positivo, la cuenta corriente está prácticamente equilibrada y el tipo de cambio real no luce tan atrasado como en el último antecedente bélico de 2022 o en las sequías de 2018 y 2023. Eso no inmuniza a la economía, pero cambia el punto de partida.

El mundo entra en una fase de energía más cara y menor margen monetario; Argentina, esta vez, no la enfrenta desde el mismo nivel de fragilidad macro. Adentro, la micro se sigue resintiendo.

Sección Nacional

Sobran dólares, falta demanda de crédito

Esta semana el tipo de cambio, lejos de aflojar, siguió mostrando firmeza, escalando +1,2% y acercándose a los $1400. Incluso si se ajustara por inflación, la apreciación real luce bastante en línea con los años anteriores. En paralelo, la brecha volvió a comprimir por segunda semana consecutiva, con el CCL avanzando +1,3%, en un contexto donde los dólares financieros se movieron de forma más contenida que el oficial.

Desde la oferta. La cosecha gruesa empieza a jugar con fuerza (pese a que el avance es el más lento de los últimos años -solo 10% de la cosecha de soja), los precios internacionales acompañan y el sector energético suma volumen.

A la oferta se suman tres factores financieros: colocaciones corporativas (esta semana Edenor y Chubut, por USD 1.200 M), crecimiento del crédito en dólares y una dolarización de portafolios notablemente más baja que en períodos anteriores (FAE en línea con enero y febrero). El resultado es un mercado cambiario que tendría un exceso de oferta si no fuera por las compras del Banco Central, que cerró otra semana con compras sostenidas —más de USD 2.300 M en abril y casi USD 6.700 M en el año.

Pero esta consistencia externa tiene su contracara en la dinámica interna. La actividad económica volvió a mostrar señales de debilidad: cayó 2,6% mensual en febrero y los indicadores más sensibles al ciclo doméstico siguen detrás. El consumo no termina de reaccionar, la confianza cae por tercer mes consecutivo y el crédito no logra traccionar una recuperación más amplia.

En ese contexto, los precios de los activos empezaron a reflejar cierta fatiga: los bonos en pesos corrigieron levemente (tasa fija y CER con caídas en torno a -0,2% y tasas ampliando hasta 50pbs en el tramo corto), los soberanos en dólares retrocedieron -0,3% en línea con un contexto global más adverso, y el Merval cayó -3,2% en dólares, acumulando dos semanas negativas. Solo los instrumentos dólar linked lograron sostener una dinámica positiva (+1,6%), acompañando la suba del tipo de cambio oficial.

La clave está en el mecanismo que permite sostener esta estabilidad cambiaria: la esterilización. Cada dólar que compra el Banco Central no se traduce en más pesos circulando, porque el Tesoro y la propia autoridad monetaria absorben esa liquidez. Esta semana, si bien no hubo licitación, el BCRA parecería haber acelerado la intervención con ventas de letras dólar-link (D30A6) para retirar pesos y ofrecer cobertura. El esquema es consistente desde el punto de vista nominal: evita presiones sobre el tipo de cambio y la inflación, pero limita la capacidad del sistema para expandir crédito y demanda. De hecho, las tasas de corto plazo se mantuvieron estables en torno al 20% TNA, reflejando un sistema con liquidez contenida.

La estabilización avanza, pero sin poder trasladar logros hacia la actividad doméstica. El desafío ya no pasa por sostener el equilibrio actual, sino por romper esta lógica. Sin una expansión genuina de la liquidez, que en este esquema depende críticamente de financiamiento en dólares, la economía queda atrapada en un equilibrio de baja nominalidad y bajo dinamismo. Las tasas de interés ya son bajas y, por lo tanto, no está claro cuánto más ayudaría una inyección de liquidez si lo que no se recupera es la demanda por crédito. Y cuesta ver cuál puede ser el driver para que se reactive.

La actividad tuvo en febrero su quinta peor caída mensual desde 2004

Esta semana se conoció el EMAE de febrero: la actividad económica cayó 2,6% mensual y 2,1% interanual, exhibiendo la fragilidad de la economía local y borra todo arrastre estadístico para el año. La caída mensual fue la quinta peor desde que inició esta medición (2004). Así, luego de haber mostrado una buena dinámica en diciembre y enero, el indicador se encuentra un 0,4% por debajo del promedio de 2025 y apenas +1,1% vs ago/23 (en términos desestacionalizados).

A nivel sectorial, no sorprende el juego de ganadores y perdedores, pero sí la profundidad de los movimientos. Minas y canteras crecen 10% interanual y el Agro 8%., mientras que Industria (-9%) y Comercio (-7%) siguen golpeados. Aún más, comparando con ago/23 el Top 3 de ambas puntas quedaría: arriba Intermediación Financiera (+22,5%), Minería y Oil & Gas (+21,7%) y Agro (+14%); y abajo Construcción (-12,2%), Industria (-10,4%) y Comercio (-7%)

Lo que sí enciende alarmas es que incluso los sectores ganadores también están expulsando empleo: 16 mil puestos en los últimos doce meses (-2,8%)

Pero febrero queda lejos para las decisiones del día a día. Según nuestro Índice de Difusión de la Actividad Económica (IDAE), marzo volvería a pintarse de verdad, aunque la volatilidad persiste. Tomamos 22 indicadores de actividad, algunos directos y otros indirectos, y medimos cuántos muestran mejora en la comparación mensual. Con casi la totalidad de datos de marzo publicados a la fecha, el 75% de ellos se encuentra en terreno positivo (>50% implica expansión). La demanda de energía industrial (+7,8%) y los despachos de cemento (+4,6%) mostraron mejoras frente a febrero.

Con todo, el “modelo Milei/Caputo” no parece tener secretos ni novedades (aun) para la micro.

La confianza de los consumidores volvió a caer en abril

La confianza del consumidor cayó 5,7% en abril y alcanzó el peor nivel desde julio de 2024. Además, el índice elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella no registraba tres bajas mensuales consecutivas desde abril de 2022. La dinámica anual tampoco mejora: está -10% en abril, y es el quinto mes en fila con caídas interanuales.

La percepción de los consumidores sobre la Situación Macro ya venía golpeada desde julio/25 según la medición, y en abril cayó otro 4% (-11% i.a.) Lo que sigue profundizándose hace pocos meses, es la negativa valoración sobre la Situación Personal desde octubre, cayendo 4% en abril y -15% i.a.

Yendo a nivel socioeconómico. La caída de confianza fue más pronunciada entre los hogares de bajos ingresos (-13%) –que llegan a 35 puntos-, mientras que en los hogares de altos ingresos la baja fue más moderada (-2%) y sostienen 42 puntos.

A nivel regional, la nota la dio el “Interior”. CABA (38 puntos) y GBA (37 puntos) vienen mostrando un deterioro constante de la confianza, pero el Interior venía firme hasta abril: cayó 11% mensual y 8% i.a., quedando en 45 puntos, niveles no vistos desde septiembre de 2024.

La imagen al nivel país es clara. Un frente externo de mayor robustez que permite sortear shocks externos con algo más de estabilidad que en otros momentos. Pero una micro que no logra encontrar de dónde agarrarse para salir adelante. Esto se refleja analizando el indicador a nivel temporal. Las Condiciones Presentes cayeron 9% mensual en abril, mientras que se siguen dañando las Expectativas Futuras (-3%).

Sección mundo

Cuando lo bueno complica, a la espera de 5 magníficas

La semana tuvo una dinámica engañosa. A simple vista, nada se rompió: las acciones aguantaron, la volatilidad se mantuvo contenida y los titulares geopolíticos no escalaron a un escenario de crisis abierta. Pero por debajo, algo empezó a cambiar de tono. La tasa larga en Estados Unidos volvió a ubicarse por encima de 4,30%, el dólar se fortaleció y los emergentes corrigieron cerca de 2%. No fue un sell-off clásico, sino algo más sutil: el precio del dinero volvió a ordenar el mapa.

En paralelo, el frente geopolítico ayudó a evitar un shock mayor, pero sin despejar la incertidumbre. Hubo extensiones de treguas tanto en el conflicto con Irán como en el frente Israel-Líbano, lo que le dio algo de aire al mercado. Sin embargo, las negociaciones son frágiles, se interrumpen y retoman en un paso de días. Además, el Estrecho de Ormuz está lejos de operar con normalidad, con implicancias directas sobre el precio de la energía. El mercado no entra en pánico, pero tampoco se relaja.

El punto es que esa dinámica no viene de una debilidad, sino de lo contrario. Los datos en Estados Unidos siguen mostrando una economía que resiste. Las ventas minoristas crecieron 1,7% mensual en marzo, con revisiones al alza en meses previos, mientras que el empleo privado marcó 54,7 mil nuevos puestos (ADP semanal), lo que proyecta un ritmo cercano a 220 mil en cuatro semanas. No es un rebote puntual, es consistencia en los datos.

A nivel corporativo, la visión va en la misma dirección. Varias compañías remarcaron que la demanda se mantiene firme, incluso en segmentos más sensibles. Alaska Air habló de “demanda resiliente y fuerte”, con el segmento premium creciendo 8% anual. 3M destacó que pudo trasladar aumentos de costos a precios con mayor rapidez que en ciclos anteriores. Incluso en sectores expuestos a energía, el mensaje fue más de adaptación que de deterioro.

En otro contexto, este combo sería sin lugar a duda positivo. Hoy no lo es tanto. Con una actividad que sigue firme y una dinámica incierta sobre la inflación latente –con presiones energéticas-, el espacio que tiene la FED para recortar tasas se achica. Kevin Warsh fue bastante explícito en el Congreso: “La inflación es una opción, la FED tiene que hacerse responsable de ella”, marcando un enfoque que vuelve a priorizar la estabilidad de precios por sobre el crecimiento.

El punto es bastante directo. Si la economía de EE.UU. sigue resistiendo y el frente energético no se normaliza, la FED va a tener pocos incentivos para bajar tasas. Y con tasas altas, las buenas noticias se vuelven difíciles de digerir.

Con rendimientos en niveles elevados y un dólar firme, el capital deja de necesitar asumir tanto riesgo para obtener retorno. Eso se ve en la dinámica de la semana: acciones que no caen con fuerza, pero tampoco avanzan; liderazgo cada vez más concentrado -particularmente en IA y semiconductores- y menor amplitud de mercado. La semana que viene será clave porque reportan 5 de las 7 magníficas y el mercado estará muy atento a ello.

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