Mientras las variables financieras se acomodan y el Ejecutivo entra en la etapa “dulce” en materia cambiaria gracias a la cosecha gruesa, el reloj de la economía real no se frena. No vamos a detenernos en los últimos indicadores de la actividad, ni inflación o salarios (quedan para el resto del informe), sino en la salud política del Gobierno.
Al respecto, vamos a centrar nuestro análisis en la última “Encuesta de satisfacción política y opinión pública” que publica la Universidad de San Andrés, con datos relevados entre el 2 y 10 de abril. Los 5 grandes mensajes que queremos transmitir:
- El clima general se volvió más adverso. Cayó la imagen del Gobierno y También cayó la satisfacción con la marcha general de las cosas. En abril, apenas 28% se declara satisfecho con cómo va el país y 68% está insatisfecho. En paralelo, la aprobación del gobierno bajó a 36% y la desaprobación subió a 61%. El dato importante no es solo el nivel, sino la secuencia: en noviembre de 2025 la satisfacción general estaba en 40% y la aprobación en 45%; en marzo ya habían caído a 33% y 39%.
- La figura de Javier Milei sigue desvalorizándose. El oficialismo todavía conserva una ventaja relativa en la comparación histórica: a esta altura del mandato, Milei está por encima de Alberto Fernández, pero por debajo de Macri. En abril de 2026, la encuesta lo ubica en 36% de aprobación, contra 41% de Macri y 17% de Fernández a igual altura de la gestión. La discusión ya no es contra otra gestión, sino contra la expectativa que el propio Milei generó.
- La política económica dejó de ser el eje ordenador de la agenda del Gobierno. A pesar de que siempre hubo un alto grado de insatisfacción concentrado en el electorado opositor, la brecha entre valoración positiva y negativa en este vertical se ubicó en -37 puntos porcentuales.
¿Dónde se concentra ese descontento? Por lo pronto, la inflación pasó de ser la principal preocupación de los argentinos en 2023-24 (60% de los encuestados lo mencionaba) a ser un problema “de mitad de tabla” (20% de menciones). A contramano, la falta de trabajo pasó de concentrar apenas el 15% de menciones en aquellos tiempos a aparecer en el 40%. Le siguen los bajos salarios, que ayer y hoy ocupan el segundo lugar.
- El núcleo duro se achica: en noviembre de 2025 el gobierno aprobaba entre 86% de quienes habían votado a Milei y 72% de quienes habían votado a Bullrich en 2023. Esos guarismos bajaron a 55% y 50% respectivamente este mes. Bajando a la “ancha avenida del medio”, donde el Gobierno debería ampliar sus bases, quienes votaron a Schiaretti en 2023 mostraban una aprobación del 33% en las últimas encuestas y hoy del 18%.
- La oposición sigue vacante: Kicillof sigue siendo la figura opositora mejor posicionada, 48% entre quienes desaprueban al Gobierno, pero incluso ahí muestra un retroceso respecto de noviembre de 2025, cuando había llegado a 58%. Ahora bien, su imagen para todo el espectro de encuestados arroja 31% positiva y 59% negativa. Massa apenas tiene 22% de imagen positiva y 71% negativa y Macri (posible candidato “superador”) 27% positiva contra 63% negativa.
Es decir, la oposición puede ganar centralidad por el propio desgaste del oficialismo, pero no logra convertirlo en liderazgo.
El cuadro que deja abril es exigente para todos. El oficialismo ya no puede vivir solo del orden macro, y la oposición todavía no logra presentarse como relevo convincente. Entre una cosa y la otra, el malestar crece más rápido que las certezas.
Sección Nacional
Buenas noticias, nuevas exigencias
Si bien la semana dejó buenos titulares desde la macro, las buenas ya no son tan nuevas, y el mercado empezó a exigir más.
El tipo de cambio cayó 0,4% -rozando mínimos nominales desde oct/25 (cerró en $1365)-, el BCRA sumó compras por USD 1.500 M en abril, las tasas en pesos siguen comprimiendo y el Tesoro logró estirar duration con un rollover de 127%.
En lo cambiario, la apreciación del peso se explicó por una combinación de i) liquidación de la cosecha gruesa, ii) un dólar global más débil y iii) oferta adicional de divisas. La brecha se mantuvo contenida (7-8%) y el canje se estabilizó en un 4%. Esto con un BCRA que sostuvo compras por USD 160 M diarios en abril, vs USD 70 M en el primer trimestre. Aun así, la acumulación de reservas empieza a ser mirada con mayor detalle. El FMI proyecta una suba de USD 8.000 M en el año, unos USD 5.500 M más desde los niveles actuales (lo que implica compras por USD 10.000 M, si no se asume roll-over de los vencimientos).
En pesos, la liquidez siguió siendo abundante, con operaciones REPO del BCRA por $4 billones diarios pre licitación, permitiendo una nueva compresión de tasas. Los bonos tasa fija subieron 1,9% y las tasas mensuales comprimieron otros 20 p.b. (-2,4pp anual). En la curva CER, el tramo medio comprimió 200/250 p.b. en términos reales, con bonos a diciembre rindiendo cerca de -3% real.
El Tesoro aprovechó para estirar plazos: colocó instrumentos a más de dos años y acumula un roll-over a 2028 equivalente a casi 2 meses de vencimientos de este año. Por otro lado, absorbió cerca de $2 billones y ofreció premios de hasta 70 pbs vs el mercado secundario (TZXS8 y el TMF27 -Boncer sep-28 y Bontam feb-27).
El frente en dólares también acompañó. Los soberanos subieron en torno al 1,4% y el riesgo país ronda los 520 puntos. A su vez, la colocación de Bonares avanza: el Gobierno ya acumula USD 1.431 M emitidos entre el 2027 y 2028, con tasas de corte en torno al 5% TNA para el tramo corto y algo más de 8% en el tramo largo. A esto se suma el acuerdo con el FMI, que destraba USD 1.000 M y posibilitaría un financiamiento adicional por hasta USD 9.000 M (con garantías de organismos multilaterales por USD 4.000 M) a tasas estimadas en torno al 6% Se vuelve a abrir una ventana para prefinanciar vencimientos en USD.
Pero aparece una nueva percepción sobre el régimen económico: la mejora en precios y cantidades ya no se interpreta como un punto de llegada, sino como uno de partida más exigente. Cuando todo mejora al mismo tiempo, el mercado deja de cuestionar si el programa funciona para preguntar cuánto puede sostenerse. Reaparecen cuestiones estructurales: cómo se acumulan reservas netas de manera genuina, de dónde van a salir los dólares para enfrentar vencimientos por USD 20.000 M en 2027 y qué rol jugará el crecimiento en esa dinámica.
La inflación tampoco ayuda a relajar esta visión: marzo sorprendió al alza (3,4%) y suma 9,4% en el 1T26., con la núcleo al 3,2%. Así, el mercado ya descuenta una inflación en torno a 30% para 2026, con tasas implícitas mensuales por debajo del 2% hacia el segundo semestre, lejos de arrancar con 0 como soltó Caputo.
Hoy la historia está comprada, el posicionamiento es alto y el corto plazo luce ordenado. Pero justamente por eso, la vara es más alta. Ya no alcanza con estabilizar. El desafío pasa por demostrar que esta combinación de apreciación cambiaria, financiamiento creciente y tasas bajas puede sostenerse en el tiempo.
La inflación se acelera: ¿tropiezo o caída?
El shock de Medio Oriente llegó en un muy mal momento. Tras una trayectoria ascendente desde mayo del año pasado, la inflación minorista relevada por INDEC marcó 3,4% en abril.
El asunto es que los combustibles, que acumularon un aumento cercano al 20% en marzo, apenas impactaron con un incremento del 7% en el IPC. Es decir, abril vendrá con el componente de combustibles bastante cargado. Y esto se agrava por el aumento de 3,4% en alimentos y bebidas, con un impulso de carnes (+6%), aceites (+5%) y azúcar (+6%).
El IPIM, que mide precios mayoristas, también subió 3,4%. Y eso es justamente lo llamativo: ocurrió en un mes en que el tipo de cambio oficial se mantuvo chato, con una caída de 1% respecto de febrero y una baja nominal acumulada de 3% frente a enero. Por eso, el dato no habla de pass-through cambiario, sino de otra cosa: las mayores incidencias vinieron de petróleo crudo y gas, refinados del petróleo, alimentos y químicos.
Entonces, ¿fue un tropiezo o una caída? La retórica oficialista destaca que, mientras el orden macro fiscal esté consolidado, la tendencia de largo plazo es única y descendente. Creemos que hay parte de verdad en ese optimismo, pero ese largo plazo no es otra cosa más que una sumatoria de cortos.
Esta aceleración atenta contra un poder adquisitivo en franca caída (-1,3% en febrero) y la recuperación del mercado interno. Y, como vimos en nuestra editorial, la salud política del gobierno no tiene el margen que supo tener un año atrás.
El empleo privado registrado sigue en rojo
El empleo privado registrado volvió a mostrar debilidad en enero. La serie desestacionalizada cayó 0,2% mensual, con una baja interanual de 1,5%; anualizado, ese ritmo equivale a una contracción cercana al 2,4%.
Lo más elocuente es la composición sectorial sectorial: minería y canteras, uno de los supuestos ganadores del nuevo esquema, sigue cayendo fuerte en empleo (-8,5% interanual y -0,2% mensual desestacionalizado), mientras agro tampoco tracciona (-1,4% interanual). Los pocos sectores que sostienen algo de creación son construcción, enseñanza y electricidad, gas y agua.
Por su parte, la encuesta que realiza el Ministerio de Trabajo a empresas agrega una señal de alerta. La expectativa neta de contratación para los próximos tres meses dio -0,9%, primer registro negativo tras 23 meses de saldo positivo y el peor desde agosto. de 2020. Es un dato puntual, pero rompe una larga secuencia de optimismo que venía despegada de la realidad. Más que el contexto adverso en sí mismo, nuestra hipótesis es que la reforma laboral con la economía a media máquina puede tener un impacto negativo sobre el empleo en el corto plazo.
Sección Mundo
El mercado celebra récords, pero omite la letra chica…
Esta semana los mercados eligieron comprar la narrativa más amable. El S&P 500 subió 3,3%, el Nasdaq 4,8% y emergentes 3,1%; el dólar cedió 1,7% y el Treasury a 10 años perforó el 4,25% por primera vez desde que empezó la guerra con Irán.
Además, el miércoles el S&P y el Nasdaq marcaron nuevos máximos históricos en lo que fue la recuperación (round-trip) más veloz desde pandemia: 54 ruedas de ciclo completo y solo 11 para el rebote desde el piso. Pero detrás de la foto triunfal, la coyuntura muestra una base endeble.
El primer dato incómodo es la concentración de las Mag 7: explicaron el 90% de la suba del S&P -Tesla (+7,6%), Microsoft (+4,6%) y Apple (+2,9%)-, mientras que solo 4 de 11 sectores cerraron en verde. Es un rally enfocado en muy pocos papeles, potenciado por cobertura de ventas en corto sobre los más rezagados (software).
El segundo es que, si bien el precio del crudo cayó, parece responder a una caída de demanda por racionamiento por precio. Las exportaciones iraníes siguen colapsadas y según JP Morgan los márgenes de refinación europeos pasaron de +9 usd/bbl a -15,3 usd/bbl, a la espera que los inventa-rios de la OCDE toquen mínimos en mayo.
El tercer dato es lo que dijeron los principales bancos al reportar sus balances. La visión general fue constructiva, pero reconocen cierto “debilitamiento reciente en el consumo” y una “presión creciente” sobre los de menores ingresos (con un combustible 25-30% más caro).
Ante esta situación, JPMorgan, Goldman y Barclays están endureciendo las condiciones del crédito privado, ajustando valuaciones de activos y elevando costos de apalancamiento. Es primera vez desde 2022 que los comités de crédito intervienen de manera tan directa. Esto puede forzar ventas para cubrir margin calls, pudiendo hacer que el canal de transmisión hacia el high yield sea abrupto. De yapa, Goldman Sachs provisionó reservas crediticias por USD 315 M -su mayor constitución desde 2020.
El frente institucional no se quedó atrás. La audiencia de confirmación de Kevin Warsh para presidir la Fed ya tiene fecha: 21 de abril. Sin embargo, los demócratas buscan postergarla hasta que se cierren las causas que frente a Jerome Powell y la Gob. Lisa Cook. Es que es la primera vez en la historia de la Fed (1913) que se avanza en una nominación mientras el titular es objeto de una causa penal impulsada desde el Ejecutivo.
Lo que el mercado de bonos todavía no está pasando a precios es qué pasaría si Warsh es confirmado con el mandato de acelerar recortes por presión política. Existen señales sutiles de que algunos inversores empezaron a tomar posición: el dólar cierra 8 ruedas consecutivas a la baja, las coberturas cambiarias contra el dólar alcanzaron máximos en 2 años, y Deutsche Bank y Wells Fargo declararon que el rally del billete como activo de refugio "probablemente terminó".
Además, la curva de Treasuries se empinó pese a la compresión del tramo corto, un patrón que suele leerse como anticipación de una Fed demasiado laxa para una inflación persistente.
Así, en un cuadro donde la Fed perdió margen de iniciativa y los índices bursátiles dependen de siete acciones, el escenario más peligroso no es el que el mercado está descontando, sino el que todavía no parece querer imaginar.
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