Un mural recuperado de Sánchez Kelly, devuelve sentido a una obra clave del artista chaqueño

La Cosecha se suma a Chaco y Algodón y revela un conjunto muralístico hoy en peligro - Perla Guggiana

8 de febrero 2026

En los archivos que la familia del artista Oscar Sánchez Kelly ha custodiado durante décadas se ha identificado recientemente un mural hasta ahora ausente de la lectura pública de su obra muralística: La Cosecha. Esta pieza permite completar el conjunto integrado por los murales Chaco y Algodón, realizados en 1986 para la empresa textil MIDES, en Puerto Tirol.

No se trata de una obra nueva ni de un descubrimiento fortuito, sino de la recuperación documental de una imagen cuya existencia no aparece registrada en publicaciones ni en la prensa de la época, a diferencia de los otros dos murales.

Su incorporación permite comprender que aquellas pinturas fueron concebidas como una unidad narrativa, un relato visual continuo que articula territorio, trabajo humano, cultivo e industria.

Toda sociedad deja huellas de sí misma. Algunas se borran con facilidad; otras quedan inscritas en los espacios donde transcurre la vida cotidiana.

En el Chaco, una de esas huellas profundas ha sido el arte, entendido no como adorno, sino como lenguaje compartido y forma de conciencia. El conjunto muralístico de MIDES pertenece a esa tradición: imágenes que no ilustran un proceso productivo, sino que expresan una manera de habitar el mundo.

La Cosecha refuerza y completa ese sentido. En ella, el trabajo aparece como núcleo
vital, no exaltado ni idealizado, sino asumido con serenidad y dignidad.

Las figuras humanas, concentradas y silenciosas, remiten a un tiempo en el que la relación con la tierra organizaba no solo la economía, sino también los vínculos sociales y la identidad colectiva. Con esta obra, el conjunto adquiere una profundidad simbólica que hasta ahora permanecía fragmentada.

El valor del hallazgo es indiscutible, pero llega acompañado de una advertencia ineludible. Este conjunto muralístico se encuentra hoy en riesgo de deterioro y posible pérdida.

El paso del tiempo, el abandono, la ausencia de medidas de preservación adecuadas y la puesta en venta de las instalaciones que lo alojan, amenazan una obra que forma parte del patrimonio cultural de la provincia y que, una vez dañada, no puede ser reemplazada ni reconstruida.

Hablar de estos murales no es hablar solo de arte ni de la trayectoria de un creador. Es
hablar de memoria colectiva. En sus formas sobrias, en sus colores contenidos y en la centralidad del trabajo humano se inscribe una historia compartida, construida a partir del esfuerzo, de la relación con el territorio y de una identidad forjada incluso en contextos de dificultades económicas persistentes.

El Chaco ha sabido hacerse visible en el mundo a través del arte. Sus esculturas en el
espacio público, su intensa actividad cultural y el compromiso sostenido de artistas, instituciones y comunidad con la creación han convertido al arte en una de sus señas
de identidad más reconocibles.

Ese capital simbólico no surgió por azar: fue el resultado de
decisiones colectivas, de convicciones sostenidas en el tiempo. Pero toda identidad exige algo más que reconocimiento. Exige cuidado.

Preservar este conjunto muralístico no es un gesto nostálgico ni una demanda reservada
al ámbito cultural. Es asumir la responsabilidad de proteger aquello que da sentido y continuidad a una comunidad. Porque cuando una obra que habla de todos se pierde,
no desaparece solo una imagen: se desvanece una parte del relato común.

El redescubrimiento de La Cosecha abre una oportunidad clara. Permite completar una
obra, recuperar una memoria y actuar antes de que sea tarde. Cuidar estos murales es
cuidar una historia que todavía puede ser transmitida.

Es reconocer que el patrimonio cultural no es un lujo, sino uno de los bienes más valiosos de una sociedad, que no se miden en dinero ni en metros de pared. Hay pérdidas que dejan a un pueblo sin espejo Porque en territorios que han debido aprender a atravesar crisis recurrentes y recursos siempre escasos, el arte nunca fue un lujo.

Fue sostén, fue impulso, fue una forma de seguir creyendo. Allí donde otras certezas se quiebran, el arte permanece como una energía silenciosa que renueva la esperanza y reafirma valores que no se miden en
cifras.

El Chaco ha sabido rehacerse una y otra vez sin renunciar a su dimensión cultural. No
solo por sus artistas, sino por una comunidad que reconoció en el arte un espacio de
encuentro, de sentido y de proyección.

Personas, instituciones, educadores, investigadores e historiadores comprendieron que la creación no es un adorno del desarrollo, sino una de sus fuerzas más profundas. Por eso, cuidar estos murales es cuidar algo más que una obra del pasado.

Es proteger una confianza compartida en aquello que perdura cuando todo lo demás se vuelve inestable. Es afirmar que, aun en la dificultad, existen valores que sostienen a un pueblo y lo impulsan a renacer.

Cuando el arte permanece vivo en el territorio, una comunidad no se limita a resistir:
vuelve a ponerse de pie, se reconoce y avanza. Y ese impulso frágil y poderoso a la
vez merece ser preservado. Mientras estas imágenes permanezcan, el Chaco seguirá teniendo memoria visible.

RECUADRO LATERAL | ¿Por qué importa este conjunto muralístico?

  • Fue realizado en 1986 en Puerto Tirol, en un espacio ligado a la vida productiva
    de la provincia.
  • Integra tres murales: Chaco, Algodón y La Cosecha, concebidos como una
    unidad narrativa.
  • Expresa una identidad construida a partir del trabajo, la tierra y la comunidad.
  • Forma parte del patrimonio cultural del Chaco y no puede ser reproducido una
    vez perdido.
  • Su preservación depende de la conciencia y el compromiso colectivo.

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