Los murales Chaco y Algodón, en peligro de pérdida irreversible

Dra. Perla Guggiana
Campaña artística, cultural, histórica y ética para rescatar uno de los símbolos identitarios y del patrimonio artístico del Chaco.

1 de febrero 2026

En 1986, en la localidad de Puerto Tirol, provincia del Chaco, dos murales monumentales irrumpieron en la escena cultural argentina con una fuerza inusitada. Chaco y Algodón, obras del artista chaqueño Óscar Sánchez Kelly, realizadas en el interior de la entonces fábrica MIDES, ocuparon un lugar destacado en la prensa local y nacional por una razón contundente: constituían el mural más grande de la Argentina hasta ese momento. Sin
embargo, no se trataba solo de una hazaña técnica o de escala, sino de una obra profundamente simbólica, destinada a narrar la historia, la identidad y el trabajo de un pueblo.

Aquellos murales —concebidos como arte público, aun dentro de un ámbito productivo— otorgaron prestigio a la empresa que los albergó y se integraron de manera natural al imaginario colectivo del Chaco. En ellos late la memoria de la industria algodonera, el pulso del trabajo colectivo y la relación entre territorio, cultura y conciencia. Hoy, casi cuatro décadas después, esas mismas obras permanecen íntegras pero olvidadas: encerradas en un edificio cerrado, sin uso, en proceso de venta y expuestas a un riesgo tan silencioso como devastador, la desaparición.

Frente a esta situación, la Asociación Sánchez Kelly Arte y Consciencia — entidad cultural debidamente registrada, integrada también por la familia del artista— ha iniciado una campaña pública para recuperar, proteger y preservar los murales Chaco y Algodón, entendiendo que su valor excede ampliamente cualquier iniciativa privada que les dio origen. Estos murales, independientemente de su emplazamiento físico en una planta industrial privada, pertenecen al patrimonio artístico y cultural de todos los chaqueños. Son parte de su identidad colectiva, de su memoria histórica y de su legado cultural.

La recepción institucional realizada por el Ministerio de Cultura durante el acto inaugural de 1986 no constituyó una adquisición material o formal por parte del Estado provincial, sino un acto de incorporación simbólica al patrimonio cultural del Chaco, en tanto expresiones artísticas con una función identitaria, social y cultural de alto valor público.

El riesgo que hoy denunciamos es real. La puesta en venta del inmueble que alberga los murales, la ausencia de una figura de protección patrimonial y el desconocimiento del destino que podría asignar un nuevo propietario colocan a estas obras en una situación de pérdida irreversible.

Un mural no se traslada sin consecuencias, no se reproduce sin perder sentido, no se reemplaza una vez destruido. Cuando un mural desaparece, se borra un fragmento de la historia común. Por ello, la Asociación Sánchez Kelly ha iniciado gestiones formales ante el
Instituto de Cultura de la Provincia del Chaco y la Dirección de Patrimonio Cultural, solicitando medidas urgentes de protección cautelar, dada la situación de peligro inminente en que se encuentran los murales, así como la apertura de instancias de diálogo que permitan arribar a una solución responsable y consensuada. El objetivo es claro: preservar este patrimonio para las generaciones presentes y futuras, y promover su oportuna
declaración como bienes de interés cultural.

Esta no es solo una causa artística: es una causa cultural, histórica y ética. Es una invitación a recordar que el arte también construye territorio, que la memoria se pinta en los muros y que una comunidad que cuida sus símbolos se reconoce a sí misma.
Rescatar los murales “Chaco” y “Algodón” es rescatar una parte esencial del alma del Chaco. Lo que una vez conmovió al país no puede, hoy, desaparecer en silencio. Perderlos sería perder una parte de nosotros mismos.

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