El 14 de este mes se cumplieron 39 años de la muerte, en Ginebra, de Jorge Luís Borges.
Se lo puede recordar desde cualquiera de sus múltiples facetas culturales, humanas o políticas.
En este caso, lo haré desde su faceta de declarado enemigo de Perón, ofreciendo las razones de ello.
Su odio al “coronel de los coroneles” que durante la campaña electoral de 1946 era conocido como “el candidato nazi” era tan profundo que llegó a calificar de ciegos a sus seguidores.
La verdad es que al autor de El Aleph le asistían sobrados motivos para odiarlo. Algunas de esas razones (que nunca olvidó) eran por cosas que él y su entorno habían padecido durante su gobierno.
Fue un escritor perseguido desde que, en 1946, el año en que Perón asumió, publicó Deutsches Requiem (Réquiem Alemán), sobre el nazismo.
“Se cierne ahora sobre el mundo una época implacable”, profetizó Borges en dicho cuento.
Tres años después, en 1949, apareció El Aleph, que en realidad había visto la luz por primera vez en 1945 en la revista Sur de su gran amiga y protectora, Victoria Ocampo.
En el epílogo de esa segunda aparición, Borges apuntó:
“En la última guerra, nadie pudo anhelar más que yo que fuera derrotada Alemania; nadie pudo sentir más que yo lo trágico del destino alemán. Mi cuento Deutsches Requiem quiere entender ese destino que no supieron llorar, ni siquiera sospechar nuestros germanófilos que, sin embargo, nada saben de Alemania”.
Para entonces ya era público y notorio que uno de esos germanófilos era Juan Domingo Perón.
Su cuento La fiesta del monstruo era una parodia de una de las grandes concentraciones ordenadas por el dictador germanófilo disfrazado de constitucionalista.
Consecuentemente, era un escritor que no podía esperar que el régimen le enviara flores y notas de agradecimiento.
“Inspector de aves y conejos”
Por “gorila”, lo echaron de su humilde trabajo en una biblioteca municipal. Si quería conservar su puesto, debía aceptar ir al mercado municipal como “inspector de aves y conejos”. Ante tan humillante propuesta hizo lo que debía hacer: irse.
La policía siempre enviaba un taquígrafo vestido de civil a sus conferencias, por esotéricos que fuesen sus temas, para tomar nota e informar debidamente a sus superiores.
A partir de determinado momento, Montevideo le pareció más propicio que Buenos Aires para sus charlas, y empezó a cruzar con frecuencia el Río de la Plata.
En la capital uruguaya trabó amistad con gente como Emir Rodríguez Monegal, docente, crítico literario, articulista y ensayista que en varias ocasiones también cruzó el río para recorrer las calles de Buenos Aires, llevando del brazo al escritor ya casi ciego.
Monegal relató después de una de esas visitas que se vio sorprendido “por la infinita repetición de los nombres de Perón y de Evita”, así como por “la calculada humillación a que se sometía al Buenos Aires patricio y a las llamadas señoras gordas del Barrio Norte”.
El intelectual oriental recordó que “las paredes de Buenos Aires estaban completamente llenas de enormes carteles de Perón y de Evita; toda la ciudad estaba tapada con carteles del régimen que buscaba doblegar a la oligarquía que había soñado con Londres y París”.
Se refirió igualmente a “la demagogia de un jefe que aireaba permanentemente rencores sociales y daba mezquinas lecciones fascistas en un despliegue colosal de mediocridad”.
La prisión de su madre y hermana
Un episodio que Borges jamás logró borrar de su memoria fue lo ocurrido a dos personas muy queridas.
El 8 de septiembre de 1948, la policía detuvo a su madre, Leonor Rita Acevedo Suárez, de 72 años. También a su hermana, la artista plástica Leonor Fanny Borges, de 47 años.
Fueron detenidas por haber participado de una manifestación contra el gobierno realizada en la calle Florida en reclamo por la vigencia de la Constitución de 1853, que Perón quería cambiar y efectivamente fue cambiada al año siguiente, 1949.
En realidad, al único que le interesaba cambiar la Constitución entonces vigente era a Perón, por la simple razón de que impedía la reelección que él ambicionaba.
En razón de su edad, a la señora Acevedo Suárez se le aplicó arresto domiciliario por treinta días, con una guardia policial apostada en su casa de Maipú 994.
Borges, no fue menos opositor al régimen peronista que Atahualpa Yupanqui (torturado en una comisaría), o la citada Victoria Ocampo, a la que llevaron a la cárcel del Buen Pastor, o Libertad Lamarque, a la que no se le dio más opción que irse del país.
¿Qué daño le causó el gran escritor a la sociedad con sus opiniones contrarias al gobierno?
Juan Manuel de Rosas, con su Mazorca, y el mismísimo Perón, que al momento de huir del país en 1955 tenía encerrados en las cárceles a más de 600 opositores le causaron más daño al país que las letras o los cantos de esos próceres de la cultura argentina.
