Dios pone en nosotros la iniciativa vocacional

Hace unos días publicaba en el Boletín Parroquial, que la celebración de la Pascua “abre nuevos horizontes en lo que va a venir y genera expectativas positivas que movilizan a salir adelante. Porque la experiencia pascual promueve muchas realidades nuevas en lo personal y social, y suscita una fuerte convocatoria para revitalizar al que ha caído en la indiferencia, la rutina, el cansancio, el desaliento; porque aparece un espíritu que dispone a renovar todo, aporta nuevas ideas y alienta a colaborar con responsabilidad, generosidad y alegría. Podríamos decir, surge un nuevo llamado para realizar con intensidad el proyecto que hemos encarado, para concretar con decisión la vocación que elegimos seguir; y si todavía no dimos el paso, se nos presenta la posibilidad de entrar en un proceso de discernimiento, para hacer una elección personal-vocacional que guíe el sendero a recorrer”.

Lo expresado hasta aquí, nos pone en sintonía con la jornada de reflexión sobre las vocaciones que se realiza este fin de semana en todo el mundo. Esta propuesta nos permite descubrir la aventura de encarar la vida como respuesta a un llamado y nos prepara para pensar nuestro proyecto personal como servicio a los demás, independientemente de la profesión o misión que decidimos realizar. Para sumarnos a esta iniciativa, hay que tomar más en serio la tarea de pensar y organizar espacios en las familias, las comunidades, las escuelas, los colegios, para ayudar a nuestros adolescentes y jóvenes a imaginar su futuro.

Si observamos esto desde la perspectiva cristiana, elegir una vocación siempre implica unirnos al dinamismo de dar la vida, presente hasta las últimas consecuencias en Jesús, buen pastor, que estuvo siempre dispuesto para ayudar a los demás; nos dice el pasaje del Evangelio de hoy: “Jesús dijo: ‘Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas (…). Yo soy el buen pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí, así como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre. Y yo doy mi vida por las ovejas’”. La dinámica de poner la vida en dirección a los demás es lo que caracteriza la conducta de Jesús; Él, despliega acabadamente ese estilo y modo de ser. Sentir de cerca su presencia

que cuida y acompaña, anima para no decaer, fortalece para trabajar con estilo solidario y ayuda a superar los miedos ante los desafíos que se nos presenten.

Si seguimos ese estilo vocacional, pondremos la actitud de servicio (trabajo, dedicación) como centro de nuestro proyecto de vida y nos impulsará a disponernos para estar cerca de los demás, dispuestos a dar una mano.

¿He puesto mi vida en clave vocacional, es decir, como respuesta a un llamado? ¿Entiendo mi existencia en este mundo por el sendero del amor comprometido, que nos moviliza para ayudar de los demás?

 

· Al estilo de san José

En la línea de lo que venimos reflexionando, la figura de san José nos inspira a asumir la vocación con responsabilidad, trabajo y humildad; como bien se nos expresa en el siguiente texto: “La segunda palabra que marca el itinerario de san José y de su vocación es servicio. Se desprende de los Evangelios que vivió enteramente para los demás y nunca para sí mismo. El santo Pueblo de Dios lo llama esposo castísimo, revelando así su capacidad de amar sin retener nada para sí. Liberando el amor de su afán de posesión, se abrió a un servicio aún más fecundo, su cuidado amoroso se ha extendido a lo largo de las generaciones y su protección solícita lo ha convertido en patrono de la Iglesia (…). Para san José el servicio, expresión concreta del don de sí mismo, no fue sólo un ideal elevado, sino que se convirtió en regla de vida cotidiana. Él se esforzó por encontrar y adaptar un lugar para que naciera Jesús, hizo lo posible por defenderlo de la furia de Herodes organizando un viaje repentino a Egipto, se apresuró a regresar a Jerusalén para buscar a Jesús cuando se había perdido y mantuvo a su familia con el fruto de su trabaja, incluso en tierra extranjera” (Mensaje de las Vocaciones, 2021).

Al tener presente las cualidades de san José, permite valorar considerablemente la relevancia del trabajo y el esfuerzo en todo camino vocacional. José puso como estandarte de su misión la labor humilde y sencilla de carpintero, tanto que su imagen más conocida es cuando aparece en su carpintería. Por esto, para entusiasmar a otros en alguna propuesta vocacional, debemos esforzarnos en la tarea que hacemos, para multiplicar las capacidades y los dones que recibimos.

La oración cotidiana tiene que promover cada vez más el deseo de un mayor servicio y darnos fortaleza para hacer nuestras labores con empeño y dedicación, arriesgando para afrontar situaciones difíciles.

¡Qué todos nos sintamos convocados por Jesús, buen pastor, a dar la vida siguiendo su ejemplo!

¡Qué san José, nos inspire un estilo vocacional con mucho compromiso!

 

Pbro. Alberto Fogar

Párroco Iglesia Catedral

(Resistencia)

Que te pareció esta nota?
like
Love
Haha
Wow
Sad
Angry