El historiador y escritor Vidal Mario dialogó acerca de la Guerra de Malvinas, de la que se recuerdan 36 años el próximo 2 de abril. Reconoció que le tocó vivir en la provincia como periodista el conflicto muy de cerca.

“Estuvimos todos muy angustiados y al mismo tiempo felices por la recuperación de las Malvinas. El 2 de abril de 1982 se festejó como si Argentina hubiera ganado otro campeonato mundial” dijo.

Según él,  se vio cómo en todo el país, “compactas multitudes salían, se daban cita en las plazas para festejar la invasión de Malvinas por parte de las tropas argentinas”.

En Chaco se realizó un acto central frente al mástil ubicado en 9 de Julio frente a la Plaza 25 de Mayo, donde se daban escenas realmente impensadas. “Retratamos el abrazo del interventor militar José David Ruiz Palacios con el vicepresidente segundo del Partido Justicialista, Deolindo Felipe Bittel”.

No obstante, para Mario, la guerra fue una “aventura bélica”, un manotazo de ahogado por un régimen que se caía” y que estaba a cargo “de un alcohólico”, (como era Galtieri).

“Argentina estaba cada vez más aisladas. Su decadentismo era evidente. Las denuncias sobre violaciones a los derechos humanos estaban cada vez más a la vista” y el conflicto armado fue el último movimiento desesperado del régimen militar. “El sentimiento colectivo por la recuperación de las Malvinas estuvo más allá del bien y del mal. Ya había tiempo de pensar en el régimen militar. Creo honestamente que ese día fue la última vez que los argentinos mostramos una monolítica unidad detrás de un sentimiento común”.

Mientras que por el otro lado se encontraba Inglaterra, dirigida por “La Dama de Hierro”, Margaret Tacher, “que también necesitaba una guerra porque hacía poco tiempo que había sido expulsada del canal de Suez”.

En tanto que del lado de Galtieri se dio el oportunismo brutal, pero considera que además eligió bien porque “era una genialidad elegir Malvinas como tabla de salvación”.

“Si le salía bien, la historia iba a ser reescrita y él iba a entrar a la historia. Igualmente entró pero como bien podría haber entrado en un manicomio” sentenció.

Vidal dijo que la información que circulaba solamente partía del régimen militar y nada se decía de la llegada de las tropas inglesas a las islas, hasta que finalmente sucedió “lo que el gobierno decía que nunca iba a suceder y ahí comienza el principio del fin para nuestros gloriosos combatientes”.

“Galtieri no tuvo en cuenta una premisa fundamental. ‘Nunca comiences una guerra que sabes que no la vas a ganar’, pero volvemos a lo mismo: Necesitaba una causa para salvar a su régimen. Inclusive la gente se olvidó de quien estaba en ese momento en el gobierno”.

En este contexto recordó que días antes del inicio de la guerra, en Buenos Aires la gente había sido reprimida por la policía durante una manifestación en contra de las políticas económicas aplicadas por el régimen. Pero el 2 de abril, esa misma gente lo estaban vivando en casa rosada a Galtieri”.

 

Sin apoyo de EEUU ni intervención del Papa

Durante la época se pensó ingenuamente, que Estados Unidos podía apoyar a la Argentina para el combate, algo que no sucedió ni estuvo cerca de que pase a pesar de que se tuvo la visita de un alto funcionario del norte al país. “Para las pascuas vino el Secretario de Estado Alexander Haig. Esa noche salió a saludar al balcón de la Casa Rosada como si fuera el presidente y la gente lo vivaba porque realmente pensaba que nos iba a apoyar”. No obstante, apenas unos días después emprendió retirada

Por su parte, el papa Juan Pablo II arribó a la Argentina pero solamente “porque era un papa viajero”.

“Fue muy bien recibido pero dos días después ya se produjo la rendición, el 20 de junio en puerto Stanley”.

“Creo que el único que ganó con esa guerra fue el Sheraton Hotel, porque una vez que se supo que los ingleses venían, no hubo una habitación disponible y eso que cobraban 100 dólares la noche” refirió VIdal.

El final de la guerra y la Argentina derrotada, hicieron que la euforia se transformara “en una ira popular que terminó derrumbando definitivamente al gobierno del proceso de reorganización nacional. Fue un acontecimiento muy triste al final y lo único que se ganó fue que quedara en campo de batalla, 642 argentinos muertos”.