Se recuerdan 70 años de la masacre de Rincón Bomba, donde la Gendarmería Nacional persiguió, asesinó, secuestró y sometió a un numeroso grupo de aborígenes pilagas en Formosa. Un hecho histórico del cual poco se difunde y que de hecho no tuvo hasta hace poco el reconocimiento del Estado.

El historiador Vidal Mario asegura que la masacre merece sobradamente figurar en la historia “de la crueldad argentina” y que “Lo que más ofende” es que mientras “el 17 de octubre de 1947 era feriado nacional, y mucha gente estaba celebrando el día de la Lealtad, en Formosa seguían matando indios pilagás”, en relación a que fue el mismo Estado nacional, liderado por Juan Domingo Perón, que cometió ese crimen.

Es que la masacre, además, se prolongó por espacio de una semana, y Mario considera que “lo que más lastima o más ofende es que ocurrió en tiempos de una denominada Justicia Social Peronista y fue tapada y ocultada por la historiografía partidaria”.

“Si uno va a los diarios de la época no va a encontrar ninguna sola línea referida a esa matanza”, dijo en relación a la estrategia del Gobierno nacional para no dar información sobre el hecho.

“Hasta 1955 nunca se supo nada de esa masacre en sí: Cuando comenzaron a aparecer las primeras versiones, fueron las interesadas del peronismo” sentenció el escritor y explicó que en un principio se responsabilizó al terrateniente salteño Robustiano Patrón Costa, (quien estuvo a punto de ser candidato a presidente de la Nación en 1943 pero el golpe de Estado de 1943 se lo impidió). Según aquella versión, el empresario le habría dicho a los aborígenes que vayan a trabajar a un campo suyo en Salta, pero una vez allí los engañó, por lo que los pilagás debieron volver caminando hasta Formosa. Perón, enterado de tal injusticia envió un tren cargado de alimento en ayuda de ellos.

Se dijo que el tren fue saqueado en el camino, pero siguió su rumbo hasta Rincón Bomba con algo de comida, pero que la misma llegó en mal estado. “Una vez en Rincón Bomba, dijeron que los alimentos llegaron vencidos y por ingerirlos, murieron algunos aborígenes.

La versión partidaria dice que por esta desgracia unos mil aborígenes vinieron a hablar con el jefe de Gendarmería y ahí fueron calificados como ‘indios de Pelea’, por lo que fueron aniquilados”, relata Vidal.

No obstante, la versión que se trató de ocultar es que los aborígenes se concentraron esa zona por una cuestión religiosa. Gracias a un santón llamado Luciano Córdoba, a quien llamaban Tonkiat, quien afirmaba que en esa fecha el mismísimo Jesús se iba a hacer presente, lo que hizo que todos abandonen sus labores y se concentren allí.

“Gendarmería les pidió que se retiren pero ellos se negaron y así fue que el 10 de octubre, comenzó el ataque. El 14 de octubre Gendarmería pide el auxilio de la Fuerza Aérea Argentina, que envió un avión en forma de apoyo. La nave aterrizó en el que era el aeropuerto de Resistencia, (hoy la sede del club Central Norte) donde “se le desarmó una puerta y se le instaló una ametralladora colt. 7,65 mm con lo cual disparaban contra los originarios que veían en el monte”.

“Eso fue lo que ocurrió hace 70 años y lamentablemente nunca tuvo una reivindicación el aborigen pilagá a consecuencia de ese hecho”. Quedan algunos sobrevivientes de la masacre. El 18 de septiembre pasado falleció uno de ellos, en Colonia Esperanza.
“Como historiador lo único que me resta es rendirle un tributo a todos los sacrificados en Rincón Bomba que fue como una repetición, un calco exacto de lo que ocurrió en Napalpí el 19 de julio de 1924” finalizó.

 

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