IV DOMINGO DE ADVIENTO CICLO B (20/12/20)

2-Sam 7, 1-5. 8b-12. 14a. 16; Sal 88, 2-5. 27. 29; Rom 16, 25-27; Lc 1, 26-3

Un “SÍ” ejemplar y estimulante

Ante sucesos importantes de la historia, siempre aparecen personajes que se destacan por su intervención en los mismos. Respecto al Adviento-Navidad, María asume un papel protagónico y ejemplar para ayudarnos a vivir con intensidad ese acontecimiento. Todo comienza con la anunciación del ángel Gabriel que la sorprende gratamente y supera todas sus expectativas; la saluda diciendo: “‘¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo’. Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo”. Este saludo va más allá de su capacidad de comprensión, siente que es convocada para asumir una tarea importante, aunque no entiende bien; trata de encontrar una respuesta a ese interrogante.

El interlocutor prosigue: “No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo (…)”. Evidentemente, esto último resulta más asombroso aún, pero María comienza a percibir que algo grande y positivo para la humanidad se estaba gestando, ¡y no duda en brindar su apoyo!

¡Cuánta expectativa por la respuesta de María!, ¡cuánto valen sus palabras para concretar esa causa tan noble y al servicio de los demás! Por eso, también nosotros le decimos “apresúrate a dar tu consentimiento, responde sin demora al ángel, mejor dicho, al Señor, que te ha hablado por medio del ángel. Di una palabra y recibe al que es la Palabra, pronuncia tu palabra humana y concibe al que es la Palabra divina, (…). Que la humildad se revista de valor, la timidez de confianza. Abre, Virgen santa, tu corazón a la fe, tus labios al consentimiento, tu seno al Creador. Mira que el deseado de todas las naciones está junto a tu puerta y llama (…). ‘Aquí está la servidora del Señor, hágase en mí según tu palabra’, dice María” (De las Homilías de san Bernardo, abad). Está conducta ejemplar de María, sigue movilizando a muchas personas que se suman al proyecto de Dios, a trabajar por el bien de todos, no sólo por los intereses personales; porque esta experiencia empieza en lo particular y luego se va expresando en las realidades comunitarias.

Asimismo, como a María, Dios se dirige a cada uno de nosotros para proponernos una tarea concreta en la sociedad que compartimos, ¡donde hay mucho por hacer! En este año tan difícil, se nos pide una presencia activa para ayudar a los que no están bien, a los enfermos, los desanimados, los necesitados. No debemos demorar nuestra respuesta, sino hacerla con prontitud y generosidad. ¡No pensemos egoístamente ni tengamos miedo o seamos remisos para dar el paso!, más bien, ¡tengamos valor y confianza, porque Dios siempre sostiene los buenos propósitos e iniciativas!

En este adviento, ¿qué respuestas espera Dios de nosotros, para que su presencia cercana movilice nuestra actitud de servicio?, ¿qué es lo que nos retiene y no nos deja avanzar en ese sentido?

¡Felicitamos a María de la Dulce Espera!

La imagen de María embarazada es la expresión esplendorosa de la vida, que va desarrollándose en el vientre de una madre. Sin lugar a dudas, nos lleva a valorar la importancia que tiene esta magnífica manifestación de la existencia humana, que considera a Dios como uno de los protagonistas principales. Esta presentación de María, nos ayuda a reflexionar respecto al debate actual sobre el tema del aborto y a estimar la importancia de toda vida, teniendo una consideración especial a las que son más vulnerables, como lo es la de un niño por nacer.

Cada uno de nosotros, debemos dar nuestra respuesta afirmativa para la defensa y promoción de toda vida, y de toda iniciativa que venga de Dios para trabajar y mejorar la calidad de la misma. ¡Cuánto se construye con un “SÍ” que se sostiene con perseverancia a lo largo del tiempo! ¡No dudemos de optar positivamente para hacer más plena y feliz la existencia de las personas!

El “SÍ” de María pretende hoy amplificarse con mucha fuerza, en todos los ámbitos de la sociedad y de la iglesia. En este sentido, el Adviento-Navidad busca inspirarnos y reconfortarnos para que nuestra respuesta afirmativa sea cada vez más firme, sobre todo, en aquellos ambientes (instituciones, sociedad, iglesia, familia) donde se tiene una responsabilidad importante respecto a los demás. Me vienen a la mente, algunas fórmulas de respuestas que se dan para asumir compromisos en la sociedad y en el ámbito religioso: “Sí, juro”; “Sí, acepto”; “Sí, quiero”; “Sí, estoy dispuesto”; “Sí, prometo”; “Sí, creo”.

Nos vendría muy bien, detenemos a reflexionar concienzudamente estas expresiones, para hacer un balance de nuestro desenvolvimiento personal y social, rectificar lo que percibimos que no estamos haciendo bien y renovar nuestra repuesta para asumir con fuerza los compromisos que tenemos. Lamentablemente, hoy notamos mucha fragilidad para sostener una línea de pensamiento y de conducta a lo largo del tiempo, fácilmente se abandona o se traiciona los mejores propósitos, con el escándalo que provoca y las consecuencias sociales que eso tiene. ¡Necesitamos empezar a cambiar esto!

¿Cuántos juramentos se hacen en nuestra sociedad al momento de iniciar una función social y trabajar por el bien común? Respecto de la palabra dada, ¿se manifiesta un compromiso consecuente? ¿Cuántas veces decimos en la Iglesia que estamos dispuestos a asumir determinadas tareas y fácilmente la dejamos de lado?

Como podemos darnos cuenta, el “SÍ” de María tiene enormes consecuencias en lo social. No dejemos de aprender de su conducta ejemplar, ¡es el “trampolín” para mejorar lo que no está bien!

Pbro. Alberto Fogar
Párroco Iglesia Catedral
(Resistencia)

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