Un adolescente en la familia de Nazaret

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LA FAMILIA DE JESÚS Ciclo C (30/12/18)

1-Sam 1, 20-22. 24-28; Sal 83, 2-3. 5-6. 9-10; 1-Jn 3, 1-2. 21-24; Lc 2, 41-52

  1. Los avatares de la familia de Jesús

La Navidad está muy unida a la realidad familiar, el Hijo de Dios vino a este mundo y vivió en una familia, es el modo en que se hace presente entre nosotros. No es un hecho más, hay algo que se quiere transmitir a todas las personas sobre la importancia de Los vínculos afectivos, tan necesarios para el crecimiento y la madurez de toda persona.

Hoy, la familia transita momentos de muchos cambios, cada vez son más diversos los modos de su conformación; ¡qué importante que todas encuentren en las comunidades cristianas un lugar para crecer en la experiencia humana y en la fe! ¡Qué nada les impida tener esta oportunidad!

Con este marco, presentamos el texto del Evangelio de hoy que recrea una escena de Jesús cuando tenía doce años; podríamos pensar en tantas situaciones similares que viven hoy los padres en relación con sus hijos adolescentes, nos expresa: “Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para celebrar la fiesta de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre, y acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta.

Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos. Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él. Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas.” Es un momento de tensión entre ellos, seguramente por el proceso de maduración de Jesús y el despertar de su vocación con mucha fuerza. Esta conquista de autonomía de Jesús acarrea dificultades y tensiones, como todo proceso que va haciendo un adolescente para elaborar su proyecto de vida; Jesús comienza a ganar espacio personal para concretar aquello que quiere hacer.

Todo adolescente tiene que ser acompañado para asumir libremente el futuro en sus manos, pero para esto es necesario un adecuado acompañamiento de los padres y una conveniente educación. La iglesia da orientaciones para esta tarea: “Si la madurez fuera sólo el desarrollo de algo ya contenido en el código genético, no habría mucho que hacer. La prudencia, el buen juicio y la sensatez no dependen de factores meramente cuantitativos de crecimiento, sino de toda una cadena de elementos que se sintetizan en el interior de la persona; para ser más exactos, en el centro de su libertad.

Es inevitable que cada hijo nos sorprenda con los proyectos que broten de esa libertad, que nos rompa los esquemas, y es bueno que eso suceda. La educación entraña la tarea de promover libertades responsables, que opten en las encrucijadas con sentido e inteligencia; personas que comprendan sin recortes que su vida y la de su comunidad está en sus manos y que esa libertad es un don inmenso” (Amoris laetitia, 262).

Es este sentido, María y José se sienten sorprendidos por la conducta de su hijo, las expresiones vertidas en el texto dan cuenta de esto: “Al verlo, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: ‘Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados’. Jesús les respondió: ‘¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que Yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?’. Ellos no entendieron lo que les decía.” Como bien decía el pasaje anterior, la actitud de Jesús “rompe los esquemas de sus padres” y supera todo el conocimiento que tienen para encontrar una respuesta.

A través del diálogo, el entendimiento de aquello que pueden comprender y las orientaciones que dan, pueden encaminar esta dificultad, y así de esa manera “Jesús regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón. Iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres.” Habría que agregar un aspecto muy importante en esto, la dinámica del amor que circulaba en ellos contribuía enormemente para sacar las cosas adelante; sabemos a partir de nuestra experiencia, con amor y dedicación muchas dificultades o conflictos se pueden encauzar, y aprender mucho de esos momentos difíciles.

  1. Los adolescentes, hoy

Lo expresado nos lleva a reflexionar sobre la realidad de los adolescentes en la actualidad, ellos viven esta etapa con muchas dificultades. Es la etapa en que se formulan sus búsquedas y se plantean los ideales a seguir. También es cierto, una gran multitud de ellos ven truncos sus anhelos, porque no avizoran un futuro positivo y, lamentablemente caen en el abandono de sí mismos y son presa fácil del desencanto, las adicciones y muchos otros males vigentes, pasando a formar parte muchos de ellos del grupo de personas en riesgo.

La actitud de Jesús es muy alentadora y aporta claridad para todo adolescente, apremiado por forjar un proyecto de futuro o reencaminarse si las cosas no han ido tan bien. Les plantea que en toda exploración sincera y realista de lo que se podría hacer, debería siempre participar Dios; Él tiene un llamado particular a cada uno y lo quiere expresar de corazón. Hay que alentarlos para que no se desanimen en sus búsquedas, al contrario, persuadirlos a confiar en sí mismo y en Dios, poniendo lo que está de su parte.  Aún si han caído en algún vicio o se han equivocado de camino, siempre hay un tiempo para reencontrar el rumbo adecuado, porque el Señor de la misericordia da una nueva oportunidad y no abandona a nadie.

Juntamente con el aporte que puedan brindar las ciencias, ¿no sería muy inteligente y reconfortante para todo adolescente, buscar el consejo de Dios para ver qué senda seguir?

El otro factor principal para que un joven pueda descubrir satisfactoriamente su proyecto vital, es la participación activa de la familia en el ejercicio de sus roles fundamentales. No es ninguna novedad considerar la crisis actual que atraviesa, tanto que no sabemos hacia dónde van los cambios que vemos.

Respecto a nuestro tema, en muchos casos se percibe desorientación y falta de seguridad en los adultos, para afrontar los desafíos de acompañar a los adolescentes en su proceso de maduración.

María y José muestran el camino a toda familia, están afectivamente cerca de su Hijo, lo escuchan de manera receptiva, lo apoyan en sus iniciativas, le exigen lo propio de su normativa familiar, ven y acompañan con agrado su proceso de crecimiento y maduración. Y podríamos agregar, tienen esa distancia saludable para que Jesús pueda realizar con autonomía su propia vocación. Esto se da solamente, si el amor de Dios está presente en ellos, como lo mencionaba más arriba; es el mandamiento del amor lo que los dinamiza, ¡y debería estar presente en toda experiencia familiar!

¡Qué la Familia de Nazaret ilumine a todos los padres, para que sepan acompañar a sus hijos adolescentes!

Pbro. Alberto Fogar

Párroco Iglesia Catedral

(Resistencia)

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