Tata Dios y la barbarie organizada de Tandil: Entrevista a Juan Basterra

Juan Basterra habla acerca de su novela "Tata Dios", sus inspiraciones, y su afinidad por la novela histórica.

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Juan Basterra en entrevista para Primera Línea.

Por: Nicolás Maurokefalidis

“Tata Dios” (Bärenhaus, 2018) narra un crimen xenófobo a gran escala, programado y llevado a cabo metódicamente bajo el liderazgo de un personaje misterioso y persuasivo. Pero no sucede en un país lejano ni mucho menos: los sucesos ocurrieron en la localidad bonaerense de Tandil, el crimen fue la masacre de 36 inmigrantes en 1872, y el líder que orquestó los crímenes fue Gerónimo Solané, conocido como Tata Dios.

Juan Basterra nació en La Plata en 1959 y es profesor de biología en la ciudad de Resistencia; en su tiempo libre, escribe novelas históricas. Tras escribir “La cabeza de Ramírez”, su última novela se centra en la historia cautivadora de Tata Dios. Este es un personaje que influyó a más de 40 gauchos con su gran habilidad oratoria, para cometer los crímenes que le dieron su (in)fama, y quien hasta el último momento defendió su inocencia. En nuestra entrevista, Juan nos habla del contexto de su novela y lo que lo llevó a escribirla.

Tata Dios – $295.

¿Qué piensa la gente de la localidad de Tandil acerca de las historias?

Es una historia que forma parte del imaginario de Tandil, ya que muchos antepasados murieron en el ataque y muchos también se salvaron. Por ejemplo Ramón Santamarina, que fue un pilar de la entonces naciente población de Tandil, un pueblo con poco más de 4700 habitantes que tenía alrededor de 800 extranjeros. Santamarina fue un hombre importantísimo en la historia Tandilense (de hecho hay un club de fútbol en Tandil que lleva su nombre), y se logró salvar por un peón leal que vino a advertir que lo iban a matar. Para la gente de Tandil, [los crímenes de Tata Dios] forman una parte muy sensible de su historia.

También dijiste que con “Tata Dios” buscaste escribir una obra como las que te apasionaban de joven. ¿Cuáles fueron tus influencias para escribir la novela?

Siempre me gustó la novela histórica, y entre los autores y las obras cuyo ejemplo intenté seguir se encuentra, por ejemplo, el autor inglés Robert Graves, responsable de muchas obras históricas como “Rey Jesús”, “Yo, Claudio”, “El conde Belisario”. También me gusta mucho Marguerite Yourcenar, que escribió una gran obra histórica, “Memorias de Adriano” y Gore Vidal, que escribió “Juliano, el Apóstata”. Y muchos más que leí desde niño, como Mika Waltari, autor de “Sinuhé, el egipcio”, que leí siendo muy pequeño y desde entonces tuve una cercanía muy importante con la novela histórica. Y cuando decidí escribir algo, ya muy grande, casi viejo, dije “voy a tratar escribir una novela histórica” – encontré una historia y la desarrollé.

¿Y dentro de los escritores argentinos?

En la Argentina hemos tenido también muy buenos novelistas que incursionaron este género, como Andrés Rivera que escribió “El farmer”, una suerte de memoria de Rosas en el exilio, y “La revolución es un sueño eterno”. Y bueno, el mismo Sarmiento con su “Facundo”, que tiene características muy particulares pero que influyeron dentro de lo que yo intenté escribir.

“Creo que la literatura tiene este carácter subjetivo; la objetividad no se alcanza con la ficción”

Juan Basterra.

Con tu primer novela, “La cabeza de Ramírez”, también tratás un hecho histórico. ¿Qué es lo que te llamó la atención de este género?

Creo que la verdad, en su plenitud, es irrecuperable. Pero se pueden, con intuición y cierto grado de lectura, recuperar algunas verdades parciales, a través de la novela histórica. Eso es lo que intenté hacer – es muy difícil, la verdad, porque a pesar de que existen documentos parcialmente probatorios de algunos hechos, incluso estos tienen un carácter subjetivo. Y creo que la literatura tiene este carácter subjetivo; la objetividad no se alcanza con la ficción. Y eso lo tuve muy claro, por eso siempre aclaro que es una novela histórica y no una obra de historia.

¿Y qué aprendiste del género con tu primer novela?

Creo que fui aprendiendo los rudimentos de cómo se debe escribir una novela, porque si bien había leído muchas novelas históricas y había escrito unos cuentos poco después de los 30, después abandoné todo tipo de actividad literaria. Intenté aprender, de alguna manera, la carpintería de cómo se escribe una novela, cuáles son los tiempos verbales que convienen, cómo se debe evitar cometer anacronismos, que es un problema que enfrentan muchos novelistas históricos. Muchas veces me planteaba cuándo debía utilizar un término, si verdaderamente este término era de uso en la época. Por ejemplo, siempre cuento la anécdota referida a la palabra “chasque” o “chasqui” [encargado de llevar mensajes y correo]. Lucio V. Mansilla en su “Excursión a los indios Ranqueles” utiliza la palabra “chasque”, y tuve que investigar si la palabra se utilizaba en aquella época. Descubrí que ambas acepciones se utilizaban, “chasque” y “chasqui”. Si bien tampoco se va a recuperar plenamente el idioma de esa época, pero con determinados elementos y conocimiento del habla de la época, creo que se puede llegar a una aproximación importante.

De tu primer libro dijiste que el relato histórico “tiene un interés literario”, ¿cuál fue la presencia de este “interés literario” en “Tata Dios”?

Cuando yo comencé a escribir “Tata Dios”, supe que tenía una buena historia por dos motivos fundamentales: la mayoría de la acción se desarrollaba en un radio de espacio muy pequeño, y también se llevaba a cabo en un lapso temporal muy breve. Y esos me parecían que eran buenos auxiliares para lo que yo iba a contar. Por supuesto que voy hacia atrás, para referir las motivaciones, la historia de Gerónimo Solané, la historia de la gente que vivía en Tandil en el 1872; pero sabiendo que tenía un punto culminante que era el de la matanza. El interés literario estaba ahí: un grupo de personas que asesina, en muy pocas horas, en un radio muy pequeño. Yo pensaba “voy a tratar de escribir un libro decente, pero ya tengo una muy buena historia, tengo parte del camino ganado”. Después, claro, la pericia del escritor es lo que en definitiva permite que una historia esté bien contada, sea entretenida; y eso es lo que traté de lograr.

“Los apóstoles de Tata Dios”, algunos de los responsables de la matanza.

¿Y qué planes tenés para el futuro?

Ahora estoy escribiendo otra novela, también histórica, ambientada en Buenos Aires el año anterior a la matanza de Tata Dios, en 1871. Es una novela que gira en torno a una historia de amor, que sucede en la época de la fiebre amarilla, una epidemia que diezmó a casi el diez por ciento de la población de la Ciudad de Buenos Aires. Más de 14 mil murieron a causa de esta fiebre, además de la cantidad de huérfanos, de viudas y de viudos, que quedaron como resultado. Narra la historia del protagonista, un intelectual, y la relación que tiene con su novia y distintos episodios relacionados con la fiebre amarilla.

Para finalizar, ¿qué consejos le darías a alguien que esté intentando escribir una novela histórica?

Primero, que lea mucho: creo que es una condición fundamental para escribir. No significa que una persona que lea mucho escriba bien, pero creo que para escribir hay que leer, y hay que leer mucho. Para mí es una condición ineludible.

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